La totalidad de las totalidades

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Una nueva entrega de nuestro ciclo de reseñas nos convoca nuevamente y en esta oportunidad, nos adentraremos en Frente al mar de Timor, de Hugo Foguet (Eduvim y Edunt, 2023). Resultante de un trabajo mancomunado con la Editorial de la Universidad Nacional de Tucumán (Edunt) que surge de la recuperación de la primera novela de Hugo Foguet, a 100 años de su nacimiento.

Hugo Foguet escribe Frente al mar de Timor en 1976. Eduvim y Edunt lo publican en 2023. Entre uno y otro acontecimiento pasan años. Mientras, la palabra permanece inalterable en esa propuesta de representar totalidades… desde una totalidad que solo es eso… o más, que es todo eso. El título me intriga en sus significaciones, también en los simbolismos que supone. De ahí, mi urgencia en entender la referencialidad del enunciado… antes que abrir el texto… antes que recorrer sus páginas.

Timor es una isla en Oceanía. Una isla con una larga historia que ha generado simbolismos que se anuncian espontáneamente al formularlo. Representa un espacio de identidad marítima con un específico ciclo de la vida en un entorno desafiante, producto de un clima tropical con ciclones y tormentas. El mar, forma parte de los relatos que lo nombran. Relatos de historias de resistencia y supervivencia en la inmensidad de una naturaleza indómita, inescrutable, virgen aún de los humanos. Por eso, simboliza el poder incontrolable de la Naturaleza –una totalidad en sí misma– pero además de la confluencia de culturas –cada una con una totalidad que la conforma–. Simboliza entonces, la vida como totalidad de supervivencia vinculado al inconsciente y en consecuencia a la evolución de la humanidad como sujeto. Los mitos –que la explican– dicen que el océano es la metáfora para describir como los versículos de Dios contienen el conocimiento, la sabiduría, la perspicacia resultante. Pero Timor, también, es un país con una Historia. Encuentros y desencuentros. Autoritarismos y populismos. Democracia y tiranía. Un transitar por las posibles formas de gobierno. Un recorrido que supone diversidades y búsquedas implícitas… con la confluencia de culturas, asimilaciones, identidades resultantes. De ahí, la intensa carga geopolítica. Ese encuentro entre la fragilidad humana ante la Naturaleza y el derrotero histórico de los pueblos explica las totalidades diversas que la definen, le dan rostro, la identifican. Asimismo… me pregunto: ¿Podría significar la eternidad inalcanzable?

Y entonces, tomo el libro. El rostro de Foguet me mira desde ese fondo negro de la tapa. Su nombre en letras blancas casi oscurece la presencia del título en rojo y letras más pequeñas. La contratapa en tapa blanca resume los posibles contenidos… Guillermo Siles, es el responsable de su enunciación.

Y ahora, abro el texto. Isabel Araoz –una académica especialista en Foguet– escribe un bello y poético Prólogo que suscita, más que referencia, los enunciados. Su título lo dice todo: Lengua escamosa que escribe…

 Y… leo. Leo. Diez capítulos sin nominación alguna, estructuran el texto que se completa con un archivo de Fotografías y documentos subtitulado A cien años del nacimiento de Hugo Foguet. Imágenes diversas del autor, copia de artículos periodísticos, la tapa de la primera edición de Granica… compendian una fugaz visión que completa esa totalidad que –creemos– lo define.

Los enunciados simulan recorridos que avizoran, auscultan, referencian, representan vanamente, las distintas totalidades –que señalábamos al comienzo– como simbolismos que el mar de Timor alcanza en esa totalidad que se pretende enunciar. Un mundo posible estructurado en esas contingencias que se despliegan en un torbellino de palabras… en una búsqueda inasible de belleza…. En una totalidad que se persigue desde las múltiples totalidades que lo forman.

De ahí la dispersión… la búsqueda inaudita, permanente, obsesiva, demandante en la lectura… que se extiende sin orden, sin sentido, sujeta solo a las palabras. Y el mar de Timor es la recurrencia que vuelve una y otra vez. En las primeras páginas, un diálogo entre los protagonistas Max y Camila, la referencia esboza ese sentido de búsqueda que enuncia todo el texto. Así dice: “Soy esa paloma azul que atraviesa el aire como una flecha. No te muevas. Ahora veo el mar de Timor, la playa que no se alcanza nunca, el mar desde la playa y las nubes y entre las nubes el Ñuñorco”. Y es también, la ubicación desde donde se enuncia. Tucumán sintetizado en la imagen del cerro. En el último diálogo, es Max quien reconoce el mar de Timor como el espacio posible de sobrevivencia en un mundo signado por una civilización decadente en sus propuestas. “Me refiero a esas búsquedas del mar de Timor, crapodinas o platos voladores, porque decime que otra cosa podemos hacer sumergidos, como estamos, en este mundo que se va llenando de fábricas, humo y mala política. El cazador te dice por ahí Trinidad Tobago, Lorenzo Márquez, Islas de Barlovento o Fratelli Rocks, pero no es lo mismo. No es el mar de Timor tantas veces entrevisto, siempre cercano en las lunas de La Cosechera, en las noches de El Corte, en los amaneceres de San Pedro de Colalao….”.

El texto es una larga conversación entre distintos protagonistas que aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer. Sus palabras permiten acceder a las distintas totalidades que componen ese mundo entrevisto desde Tucumán, ese espacio con un presente y con su Historia. Ese espacio que es Argentina… pero que también, es Latinoamérica… que asimismo es la contemporaneidad desde las hendijas que visualizan las palabras de los múltiples protagonistas… Pero siempre poetizado con la urgencia de alcanzar esa totalidad tan anhelada. “Te he desnudado mi alma. Si no comprendés tampoco importa. Ha sido una insolencia, lo sé: nada más obsceno que un alma desnuda. Exhibicionismo, ultraje al pudor. Un alma está parada bajo el farol de la esquina; un alma en cueros que nadie quiere ver, oler, tocar o sentir. Hay que salvar el alma, Camila, hay que salvar el país; hay que salvar la institución; hay que salvar la democracia, hay que salvar el tango; mientras haya algo que salvar, estaremos salvados.” Se enhebran pues las distintas totalidades en un recorrido que abarca la Historia transcurrida, que llega hasta el presente y que se expande sin sosiego. “País, cuento de había una vez (quien recuerda el nombre: argentum, plata, guita, soli, vento), de hace muchos pero no muchos años. No había nada. La llanura, sí, los ríos, la selva: el espacio. Un espacio natural apto para encasar historia fresca, una tradición, una cultura y un estilo embotellado en origen…” “de qué manera soy, hasta que muerte”… “Argentina, país de ciencia ficción donde habla el algarrobo o las paredes de la casa. Aquí pasaron. Aquí vivieron”… “Argentina, tierra de buena voluntad país de las pampas y las lunas rojas, mundo de cuarta dimensión”.

He transcripto para que comprendan ese carácter de la inasible búsqueda de las totalidades…. Una búsqueda que se expande desde la singularidad de conceptos como el amor, el patriotismo, la soledad, la poesía… Que se detiene en los aspectos propios de este tiempo como la publicidad, la información, los discursos audiovisuales, el turismo… Que analiza los paradigmas circulantes hoy en día como el feminismo y las mujeres, los héroes y sus particularidades, la infancia, la memoria…. Todo desde las múltiples perspectivas de los distintos protagonistas y sus lenguajes.

Un recorrido que no termina nunca… porque queda en las imágenes… en las palabras… en el sentido de la vida que implica cada una de las totalidades apeladas… y que forma parte de esa única totalidad que es el autor y cada lector en su lectura.

Una experiencia inigualable. Una lectura que no se acaba… que queda en la memoria.

Hasta más vernos.

María

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