La Editorial Universitaria Villa María (Eduvim) presenta Memoria multidireccional. Recordar el Holocausto en la era de la descolonización, de Michael Rothberg. Se trata de un ensayo crítico interdisciplinario, publicado originalmente en 2009 por Stanford University Press, que llega al español con traducción de Clara Klimovsky y prólogo de Silvana Mandolessi.
A raíz de la polémica suscitada en los Estados Unidos por la centralidad institucional y cultural del Holocausto frente a otros aspectos constitutivos de la historia norteamericana –como la violencia racial y la esclavitud–, se abrió un debate cuya estructura argumentativa resulta de especial interés para el autor de este libro. En efecto, una lógica de la escasez lleva a suponer la predominancia de una memoria sobre otras, una suerte de competencia entre las distintas “memorias” de los grupos sociales. Se trata de “la presunción de que el reconocimiento de una memoria implica necesariamente la desatención de otra”, señala Mandolessi en el Prólogo.
Rothberg se distancia de estas dinámicas y propone pensar la memoria como un constructo que permanece por fuera de lógicas competitivas y cerradas. En este sentido, cuestiona las disputas entre distintas memorias por la legitimidad política, la centralidad simbólica y la autoridad moral. De allí surge la formulación del concepto de “memoria multidireccional”, que remite a una memoria que, como afirma Mandolessi, “opera en realidad bajo una lógica de permeabilidad, conexión y diálogo, una lógica relacional”.
Esta noción no persigue una coexistencia pacífica, ni un fin conciliador entre las víctimas, sino más bien una búsqueda relacional y productiva de la memoria, que permita ir más allá de los mecanismos de competencia: “Frente al marco que entiende la memoria colectiva como memoria competitiva –como una lucha de suma cero por recursos escasos– sugiero que consideremos la memoria como multidireccional: como sujeta a una negociación continua, a referencias cruzadas y a préstamos, como productiva y no privativa”, señala el autor.
En esta línea, Rothberg rechaza la idea de una correspondencia directa entre memoria e identidad, así como la concepción de fronteras identitarias que delimiten a los colectivos en tanto comunidades herméticas con un pasado exclusivo. “Los límites de la memoria y la identidad son irregulares”, nos dice, y es esa irregularidad la que permite el despliegue de una creatividad capaz de construir nuevos mundos a partir de relatos del pasado, y así propiciar solidaridades no previstas entre los distintos grupos.
Tal como expresa Mandolessi, la traducción al español de Memoria multidireccional invita a reabrir el debate en una Latinoamérica donde el pasado nunca ha sido un patrimonio estable ni meramente nacional. La obra ofrece herramientas para desactivar la “lógica de la escasez” que suele poner a competir, por ejemplo, las memorias de las dictaduras con las violencias actuales, o los relatos oficiales con las historias indígenas. Esta intervención resulta hoy indispensable ante una coyuntura política marcada por el resurgimiento de discursos negacionistas y una polarización que tiende a reducir la justicia a una competencia entre víctimas.
Clara P. Klimovsky –quien estuvo a cargo de la traducción del libro– es académica, investigadora y traductora, nacida en Córdoba, Argentina. Se licenció en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), continuó su formación en Estados Unidos, donde obtuvo un Master of Arts y cursó estudios de doctorado en la University of Maryland, College Park. Para Eduvim tradujo también Páginas públicas, de Marcy Schwartz (2025).
Conversamos con ella sobre su proceso de trabajo, especificidades y desafíos que la traducción al español de Multidirectional Memory: Holocaust Remembrance in the Decolonization Era trajo consigo.
- ¿Cómo fue tu proceso de inmersión en un archivo tan vasto como el de esta obra y qué tipo de diálogo entablaste con Rothberg para trasladar sus tesis al español y lograr que sus conceptos clave no perdieran potencia teórica en el cambio de idioma?
Es probable que como no soy traductora de formación sino Licenciada en letras modernas, y hace años participé como ayudante en algunas investigaciones sobre la memoria acerca de la dictadura en Argentina, la lectura de “Memoria multidimensional” me interesó fundamentalmente por la propuesta teórica en sí misma (aunque ya tiene casi veinte años y podría repensarse a la luz de los acontecimientos actuales), y por ver, precisamente, con qué argumentos y con qué archivo construía su argumentación. Si bien en un comienzo pensé en conversar con el autor, dado que no habla ni lee en castellano tuvo más sentido leer algunos otros textos suyos ya traducidos y publicados (por la misma Eduvim, por ejemplo) como para familiarizarme con el lenguaje del campo específico. No obstante, los conceptos clave son muy transparentes y, a mi juicio, no ofrecen mayores dificultades para el cambio de idioma. Espero que los especialistas en el campo de la memoria y los estudios culturales encuentren en esta edición un texto digno de leerse.
- Rothberg reconstruye un archivo transnacional (Césaire, Arendt, etc.). ¿Cómo gestionaste estas “capas” lingüísticas al traducir al español voces que Rothberg ya había traducido al inglés desde el francés o el alemán? ¿Acudiste a las fuentes originales o respetaste la versión que Rothberg plasmó en su libro?
En efecto, el archivo que construye Rothberg y el entrecruzamiento de esos materiales que van de la pintura, la teoría política, el ensayo político, la ficción literaria, procesos judiciales, a la ficción y el documental fílmico de distintas nacionalidades, brindan una complejidad que para el texto es enriquecedora pero que me obligó a investigar y consultar exhaustivamente estos materiales. En el caso de ciertos textos, como los de Arendt, Conrad, Freud, Badiou, Agamben, etc., de quienes ya hay traducciones que podríamos llamar canónicas, acudí a las ediciones existentes, previa consulta con especialistas para dilucidar cuál es la más prestigiosa en cada campo. Por ejemplo, en castellano hay dos ediciones de las obras completas de Freud, pero una de ellas es considerada como “canónica” y es la de mayor uso para el estudio; por lo tanto, las citas están tomadas de esa edición. Al mismo tiempo, cuando entre la versión en inglés y la versión en castellano se produjo alguna disonancia, en nota al pie hice las aclaraciones que me parecieron pertinentes. En los casos en los que los textos citados por Rothberg no están traducidos al castellano, o las ediciones que se hicieron en los años setenta no están disponibles en ninguna de las bibliotecas de Córdoba ni en los archivos de internet, traduje directamente su cita e hice la aclaración al respecto.
- ¿Cómo fue el proceso de trabajo con el equipo editorial de Eduvim para dar vida a este volumen?
El trabajo con Eduvim consistió en que me enviaron el PDF del texto para que evaluara si me interesaba hacer la traducción. Luego, a medida que fui avanzando les envié los capítulos traducidos para que vieran el proceso y una vez terminada, el texto completo. Tuvieron la traducción durante casi un año y, dado que no hubo lector/a especializado que lo leyera y controlara completo (Silvana Mandolessi solo leyó la traducción de la introducción del libro e hizo algunos comentarios y sugerencias que me resultaron muy atinados), volví a leerlo y a revisarlo yo misma, hice algunos cambios que, habiendo transcurrido tanto tiempo, me parecieron apropiados para que ciertos párrafos resultaran más claros.
- Silvana Mandolessi afirma en el prólogo que esta traducción invita a reabrir debates en Latinoamérica, donde la memoria nunca ha sido un campo estable. Si, como señala Rothberg, la memoria es un proceso de préstamos y referencias cruzadas, ¿considerás que el acto de traducir este libro es, en sí mismo, una forma de continuar haciendo memoria? ¿Se convierte la traducción al español en un ejercicio de “memoria multidireccional” al propiciar un diálogo entre la teoría global y el contexto de los derechos humanos en Latinoamérica?
Quien traduce siempre es un mediador entre quien escribe y los lectores. En ese sentido, creo que traducir Memoria multidireccional es contribuir a la posibilidad de repensar los modos en los que se construye memoria en Latinoamérica en general y en Argentina en particular, esto último solo porque es el lugar donde vivo y donde se edita el libro en castellano por primera vez. Si el diálogo entre la teoría –que yo no llamaría global porque el adjetivo me resulta demasiado abarcador y, aunque Memoria multidireccional proponga una mirada amplia sobre la relación de competencia entre, precisamente, la mirada sobre la Shoa y la mirada sobre el holocausto africano, hay muchos otros conflictos de memoria que el autor no toma (tampoco está obligado a hacerlo)–, y el contexto de los derechos humanos en Latinoamérica puede darse, en todo caso Memoria multidireccional proporciona una perspectiva interesante a tener en cuenta. Lo que falta saber es si existe la disposición para ampliar la mirada y ver incluso lo hasta ahora negado.
Podés conseguir Memoria multidireccional. Recordar el Holocausto en la era de la descolonización en formato físico y en versión digital.
Si querés leer un fragmento del libro, podés descargarlo acá.
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