Por Richard Godwin
Traducción Paola Méndez
Mientras que algunos sostienen que el crecimiento del modelo de autopublicación está perjudicando al sector, otros consideran que ofrece a los autores condiciones más equitativas.
La queja de que hay demasiados libros no es nada nuevo. “Hijo mío, ten cuidado con ellos: no hay fin para la escritura de libros”, reza un versículo del Eclesiastés, escrito al menos 2.000 años antes de la invención de la imprenta.
Ahora, el autor de bestsellers, Bill Bryson sumó su voz a este coro milenario. Solo en Reino Unido se publican 200.000 obras al año, “más libros de los que se podrían leer”, declaró al Times el autor de Notas desde una pequeña isla (Notes from a Small Island). No está seguro de que el auge de la autoedición, en particular, sea “una tendencia positiva”. Dijo que le envían “muchos libros autopublicados, y la mayoría de las veces es solo la biografía de una persona anónima y no es de interés”.
Bryson no se equivoca al afirmar que la autoedición ha contribuido de manera significativa a crear una avalancha de libros de mala calidad. En 2023 se autopublicaron más de 2,6 millones de libros –muchos de los cuales se subieron a la plataforma líder Kindle Direct Publishing de Amazon– y no todos pueden ser obras maestras. Sin embargo, la idea de que la autopublicación es exclusiva de los aficionados desesperados que producen libros que nadie quiere leer está, al menos una década, desactualizada. La autora de novelas románticas Colleen Hoover construyó su audiencia a través de la autopublicación y lleva vendidos cerca de 20 millones de libros. Sarah J Maas, la autora más vendida del mundo en 2024, comenzó a publicar su ficción romantasy en FictionPress.com cuando solo tenía 16 años. Freida McFadden, la escritora de suspenso psicológico de mayor éxito, afirma que obtiene el 60% de sus ingresos a través de KDP y lo ha seguido autopublicándose, incluso cuando las editoriales de renombre la buscan.
“Desde el principio ha habido recelo hacia los autores que se autopublican”, afirma Kathryn Taussig, de Storm, una de las nuevas editoriales que apuestan por el formato digital y que están sacando partido de lo que ella describe como una “revolución” en el ámbito de la autopublicación. “Existe la percepción de que falta calidad. Pero basta con mirar las listas de los más vendidos”.
De hecho, la autopublicación ha permitido a los autores proporcionar precisamente el tipo de libros que la gente quiere leer, argumenta Natalie Butlin, directora creativa de Bookouture, la principal editorial digital de Reino Unido (que ahora forma parte de Hachette): “Hay autores autopublicados que ganan millones, pero es posible que nunca hayas oído hablar de ellos”, afirma. Este modelo ha tenido un éxito especial a la hora de satisfacer las expectativas de los aficionados a géneros ignorados por editoriales convencionales (por ejemplo, las novelas románticas LGBTQ+ y la “romantasía”) o a tendencias que se consideran ya pasadas de moda (como los thrillers psicológicos o la ficción distópica para adultos jóvenes).
Los vendedores multimillonarios son atípicos, por supuesto, pero de nuevo, también lo es Bryson dentro del mundo de la publicación tradicional. Butlin cree que el beneficio real de la autopublicación es que permite a los escritores obtener ingresos considerables en el mercado. Una encuesta realizada en 2023 por la Alianza de Autores Independientes a 2.000 autores autopublicados reveló que casi la mitad superó las £ 15.000 en ingresos y que el 28 % ganó más de £ 37.000, una cifra muy superior a la de la gran mayoría de los autores publicados por la vía tradicional. “Si eres capaz de escribir una obra que la gente quiera leer y lo sabes promocionar, puedes ganar entre 25.000 y 30.000 libras por libro”, afirma Butlin. “En realidad, no es una expectativa descabellada”. Mientras tanto, los autores que publican de la manera tradicional reciben un pago por adelantado, generalmente en cuotas: en el momento de la firma del contrato, después de la presentación del manuscrito final y en el momento de la publicación. Los importes de los anticipos varían mucho según el autor, pero normalmente un autor novel puede esperar recibir entre £ 5.000 y £ 10.000 en total. Después de eso, muchos autores nunca vuelven a ver ningún dinero: las regalías solo se pagan después de que el importe del adelanto se haya recuperado a través de las ventas en libros.
Por supuesto, el modelo de autopublicación solo es posible gracias a la tecnología digital. La mayoría de se refieren a e-books (los servicios de impresión a pedido son relativamente especializados) y el motor real es Kindle Unlimited, el servicio de suscripción de Amazon, que permite a los lectores descargar 20 títulos a la vez por £ 9.49 por mes, y que paga a los autores en función del número de páginas leídas, un modelo que comparte características con el sistema de ingresos por minutos vistos de YouTube.
Los autores autopublicados más exitosos se han vuelto muy inteligentes en su búsqueda de la lectura de páginas, dice Taussig, en muchos casos empleando precisamente los mismos editores independientes, artistas de portada y herramientas de formato que los editores tradicionales. Pero su verdadera ventaja, dice, es el “bucle de feedback” en el que pueden entrar con sus lectores. “Estos escritores escuchan lo que dicen sus lectores casi en tiempo real. Ven a cuáles personajes responden sus lectores y cómo darles más protagonismo. En cierto modo, es una relación recíproca, a diferencia de lo que ocurre con la edición tradicional. Por eso han tenido tanto éxito. Y además se quedan con un porcentaje de dinero mucho mayor”.
El otro lado de la moneda es la caída de los ingresos de los autores en la industria tradicional. Authors’ Licensing and Collecting Society (alcs) [organización que gestiona y defiende los Derechos de Autor en el Reino Unido] informó en 2022 de que los ingresos medios de los autores a tiempo completo habían caído en torno a un 60 % desde 2006, hasta situarse en apenas 7.000 libras al año. Ross Raisin, un aclamado novelista británico, describió recientemente la experiencia frustrante de publicar su cuarta novela, A Hunger, que recibió reseñas positivas, solo para que una importante cadena de libros físicos le dijera que “no tenían espacio” para la obra en sus estantes.
De hecho, se podría argumentar que los principales editores conocidos como los “cinco grandes” –Penguin, Random House, Hachette, HarperCollins, Simon & Schuster y Macmillan– son los que tienen mayor responsabilidad en la sobreproducción. Butlin comenzó su carrera como agente literaria, pero se desilusionó al ver que el sector editorial no estaba aprendiendo de la industria musical, que había sufrido una transformación radical a raíz de la tecnología digital. Sentía que la autopublicación ofrecía más oportunidades. “Las editoriales tradicionales dedican la mayor parte de su presupuesto de marketing a los libros que han recibido los anticipos más elevados y casi nada a los que no los han recibido, por lo que la mayoría de los libros no tienen realmente ninguna oportunidad”, afirma. “Podemos hacer un cálculo relativamente sensato sobre lo que se venderá, pero sigue siendo básicamente una apuesta”. Las editoriales acabarán teniendo unos pocos éxitos espectaculares que compensarán las pérdidas, pero esto hace que muchos autores terminen sintiendo que es culpa suya cuando sus libros no se venden.
“Hay voces más diversas, más escritores de clase trabajadora,
más personas que no pasarían las puertas de la publicación.”
Isobel Akenhead, directora de publicaciones de Boldwood Books
James McConnachie, editor de The Author, la revista dirigida por la Society of Authors, la mayor asociación de escritores del Reino Unido, pinta una imagen similar. “Se publican muchos más libros de los que podrían tener éxito”, dice. “Este es principalmente el resultado natural de que los lectores sean impredecibles. Nadie puede publicar solo bestsellers, por lo que la industria editorial está inevitablemente ligada a un modelo de sobreproducción. Muchos editores adquieren grandes cantidades de títulos y los publican a un precio relativamente bajo, invirtiendo muy poco en edición o marketing, mientras que transfieren gran parte del riesgo a los autores”.
El problema es que el modelo, en cierto modo, funciona para las editoriales, afirma McConnachie. “El sector no está en crisis”, dice, señalando los beneficios extremadamente elevados de las cinco grandes editoriales. “Pero el modelo se basa en el desequilibrio entre la participación del autor y la de la editorial. Esa es una de las razones del crecimiento de la autoedición. Puede dar la sensación de que se obtiene una participación más justa, sobre todo cuando los anticipos y las regalías por derechos de autor son tan bajos, y los autores tradicionales se encargan de gran parte del marketing de todos modos”.
Aun así, la autoedición está lejos de ser la solución a todos los problemas. Prospera en la ficción comercial, pero la ficción literaria y la literatura infantil –que dependen más de los libros físicos y del reconocimiento de la crítica– aún no han encontrado su nicho. Es eficaz a la hora de ofrecer lo que los lectores quieren, pero no lo que podría suponer un reto para ellos –además, en KDP hay muchos títulos mal editados y orientados a los algoritmos– diseñados para sacar partido de las modas pasajeras. Aunque tampoco es que las editoriales tradicionales sean ajenas a la producción en masa de libros de temporada o que sigan las modas: tenemos que agradecer a HarperCollins la saga Dream Harbor iniciada con The Pumpkin Spice Café.
Nadie con quien hablo tiene una respuesta convincente o seria sobre lo que sucede cuando Amazon hace lo mismo que todas las plataformas tecnológicas, que es exprimir a sus clientes por más dinero. McConnachie cree que la industria ya está repleta de injusticias. Es como ser youtuber. Todo el mundo piensa que va a ser uno de los pocos que gana mucho dinero. En realidad, la gran mayoría solo alimenta el sistema, mientras que el canal –Amazon, en este caso– factura millones aprovechando las ventas de “larga cola”.
Por ahora, sin embargo, no parece una cosa terrible que haya diferentes formas para que los autores ganen dinero. “Está haciendo que las publicaciones tradicionales trabajen más”, dice Isobel Akenhead, directora de publicaciones de la prensa independiente Boldwood Books. “No pueden darse por satisfechos, porque ya no son los que controlan el mercado. No solo compiten con otros editores. Están compitiendo con autores que ya no los necesitan. Creo que es algo brillante. Hay voces más diversas, más escritores de clase trabajadora, más personas que antes no habrían superado las barreras del mundo editorial, y que hoy están encontrando lectores”.
Siempre habrá gente que piense que hay demasiados libros –pero nadie obliga a nadie a leerlos–.
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