La traducción como forma de activismo

Textos que surgieron como proyectos de investigación, hoy se materializan en este nuevo anticipo. Un lugar para la traducción. Literaturas disidentes y minorías culturales, coordinado por Guillermo Badenes y Josefina Coisson, es otra interesante adquisición para el catálogo de Eduvim, en su apuesta por reivindicar la valiosa y fundamental práctica que ejercen traductores y traductoras.

¿Qué pensamos cuando hablamos del proceso de traducción? Las miradas más ortodoxas la piensan como una presencia ascética e imperceptible en el texto, entre el soliloquio autoral y el lector. Otras apuestas más críticas la conciben como un factor indispensable para que la comunicación se lleve a cabo entre todos los sujetos que intervienen en el sistema recíproco de escritura-lectura. Además de las discusiones legales, el reconocimiento público y la retribución económica, traducción y traductor o traductora no son solo piezas aisladas sino engranajes para el metabolismo del texto en sus recontextualizaciones, ya sea espacio-temporales o geográficas-culturales. 

La traducción, referenciada como una institución en sí misma en los términos académicos, suele estar relacionada con reglas, normas y narrativas tácticas marcadas por una genealogía eurocéntrica que comenzó a ponerse en jaque a partir de los Estudios de Traducción surgidos en la década de 1970, justamente en puntos periféricos como Dinamarca y Bélgica, apartados del monocultivo anglo, franco y germanófono. Nuevas corrientes de investigación dedicadas a la diversidad cultural y lingüística identitaria.

Desde esa primera bifurcación del concepto canónico de traducción, se comenzó a pensar en esta disciplina como una práctica autónoma e independiente, de necesaria reflexión, estudio, y como herramienta de trabajo que posibilitó cuestionar otros nodos de conocimiento, sin obtener la valoración merecida como elemento axial o método para acercarse a la literatura. En este marco se vertebra Un lugar para la traducción. Literaturas disidentes y minorías culturales, coordinado por Guillermo Badenes y Josefina Coisson.

Se trata de una compilación resultante del trabajo de dos proyectos de investigación radicados en la Universidad Nacional de Córdoba, con propósitos en la exploración de ubicaciones que corrompieron los monopolios y generalizaciones en el ámbito de la traducción, para invitar a discutir nuevos riesgos en el campo de las homogeneizaciones, a partir de una mirada argentina, hispanoparlante, que aboga por los Estudios de Traducción, apuesta por la literatura desde una perspectiva traductológica que construye una metodología de lectura analítica y oferta otro corpus teórico-crítico con voces distinta a los estándares consagrados, para “leer una traducción” en términos de género literario, como propone Julia Constantino Reyes en la presentación de este libro.

En estas páginas encontraremos una selección de artículos que rastrean cruces de bloques multidisciplinarios, repasando los Estudios de Traducción en las periferias, el rol secundario de la disciplina en el mundo académico-científico y la separación que se ejerce sobre ella en el vínculo con la literatura. Específicamente, se recorrerán tópicos textuales, políticos y sociales como lo poscolonial, el feminismo y la teoría queer, la ecocrítica y la literatura infantil. En los puntos de contacto entre los Estudios Culturales, las Humanidades y los Estudios de Traducción, emerge una función activista de esta última, capaz de intervenir a favor de narrativas que reivindiquen lo contextual, lo literario y el texto meta.

Esta estrategia supone desafiar la concepción hegemónica de la traducción para comenzar a respetar la alteridad, las experiencias de grupos minoritarios y preservar los dialectos, desde una decisión consciente de los alances sociales y políticos de esta disciplina y de las diferencias temporales entre las fechas de escritura, de publicación de un texto base, de su correspondiente traducción y de circulación del texto meta. 

Aquí Badenes y Coisson retoman casos cotidianos de traducciones sobre temáticas cuyos traductores no tenían la formación necesaria para hacerlo, desmitificando como capacidades únicas a la hora de traducir el uso y conocimiento de una lengua extranjera y ponderando a la traducción como una actividad crítico-cognitiva, generadora de conocimiento, de narrativas socioculturales y de un trabajo potente desde lo colectivo.

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