Nos complace presentar el quinto título de la colección Calímaco, dirigida por Alejandro Parada: Bibliotecas populares desde arriba. Políticas y lecturas para su fomento (1931-1949), de Marcela Coria, una investigación que ahonda en el desarrollo histórico de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares (CONABIP) durante las décadas de 1930 y 1940.
Como se destaca desde el comienzo de este libro, “la Ley Nacional Nº419, sancionada en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1870, fue el documento que, a nivel normativo, fundó la Comisión Protectora, legitimó, en orden práctico, el accionar de las bibliotecas populares que venían funcionando en el país e instrumentó los recursos necesarios para la creación y el estímulo de nuevas asociaciones”. De este modo, bajo la impronta de Domingo Faustino Sarmiento, se sentó un hito fundamental para el fomento, la creación y el desarrollo de las bibliotecas populares.
Marcela Coria –Doctora en Ciencias Sociales, Especialista en Gestión de Información Científica y Tecnológica, Licenciada y Profesora en Bibliotecología y Ciencias de la Información (FaHCE-UNLP)– analiza el funcionamiento de esta institución desde dentro, para indagar en el desarrollo del pensamiento bibliotecológico y la profesionalización de la disciplina. Sobre ello, Parada señala en la Presentación que “este libro pretende dar una respuesta (y lo logra) sobre cómo y mediante qué procedimientos conceptuales y artefactos impresos, la Comisión Protectora y los hombres que estuvieron a su cargo, pensaron y diseñaron el dispositivo bibliotecario creado por Sarmiento para expandirlo y arraigarse en nuestra vasta y heterogénea geografía”.
La autora propone una aproximación a la Historia de la Bibliotecología en Argentina a partir del estudio de las políticas bibliotecarias de lectura elaboradas por la Comisión, con un marco temporal que comprende las gestiones y presidencias de Juan Pablo Echagüe y Carlos Alberto Obligado. Este periodo, distintivo en la biografía del organismo, se caracterizó por el despliegue de una serie de estrategias comunicativas inéditas. Instrumentos como el Boletín, la Revista de la Comisión, libros, folletos y programas de radiodifusión e inspecciones generales funcionaron como canales para consolidar a las bibliotecas populares como referentes culturales de sus comunidades. Como bien define Coria en la Introducción: “cada una de las acciones respondía a una, o varias, políticas que tenían como fin primario fortalecer y expandir la práctica lectora en las comunidades desde una óptica bibliotecaria”.
Asimismo, este conjunto de medidas que retomaban el ideario de Sarmiento –“(…) modelar ciudadanos capaces de insertarse en el nuevo Estado-nación que aspiraba a ser la Argentina”– fueron también promovidas desde el Estado como parte de un proyecto nacionalizador. Se buscaba moldear la identidad del país –nacionalismo bibliotecario– para dar lugar a una ciudadanía lectora de lo argentino y afianzar, además, un canon modélico de la Literatura Argentina. Como expresa Alejandro Parada, “la construcción bibliotecaria es, en definitiva, una construcción política”.
Estas políticas se examinan en este libro a través de tres dimensiones analíticas. La primera es la estructura administrativa y el marco legal que guiaba el trabajo de la Comisión; la segunda es el incremento masivo en el número de instituciones, libros y el avance técnico de la profesión; y para finalizar, la consolidación de la red de comunicación oficial. Este último punto permitió al Estado difundir su visión sobre qué era valioso leer, seleccionando una lista de obras y temas que, en la práctica, servían para modelar los gustos y la identidad del tipo de ciudadano que se buscaba atraer a las bibliotecas populares.
Leer a Coria es adentrarse en los intramuros de las bibliotecas populares argentinas durante un periodo en el que, a pesar de la sucesión de siete presidentes –entre gobiernos de facto y democráticos de signos políticos antagónicos–, los planes bibliotecarios de Echagüe y Obligado mantuvieron su continuidad institucional, permitiendo un crecimiento en el número de asociaciones, lectores y colecciones; y hacer de estos organismos espacios activos, bibliotecas vivas.
En palabras de su autora, Bibliotecas populares desde arriba “procura ser una contribución a la historia de las bibliotecas de Argentina”, un estudio que se postula como “un primer paso en el camino de la historia institucional e intelectual de las bibliotecas, al que se le abren numerosas bifurcaciones”.
Podés conseguir Bibliotecas populares desde arriba en formato físico y en versión digital.
Si querés leer un fragmento del libro, podés descargarlo acá.
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