Finalizamos el mes de octubre con una invitación a deambular por la pausada voz de Fernando Mena. En esta ocasión, María Paulinelli reseña su novela Hogar, perteneciente a nuestra colección Eduvim Literaturas Latinoamericanas.
La cuestión de la identidad ha tenido y tiene distintas perspectivas. Conforma así, una vasta narrativa que se expande y se transforma permanentemente. Técnicas discursivas como enunciados disímiles, constituyen múltiples posibilidades de composición de este particular entramado textual.
Una propuesta interesante resulta este texto. Hogar de Fernando Mena. Eduvim la reedita en el 2019, en la Serie Latinoamericanos. Edición de Alejo Carbonell y edición gráfica de Carolina Ellenberger. Había sido publicado en Valparaíso en 2016.
Mena es escritor, dramaturgo, actor de cine y teatro. Esta vasta capacitación y desarrollo de las actividades conexas, explica la particularidad de su escritura.
Los invito a compartir esta lectura que hice y que me deslumbró lenta, obsesivamente por la transparencia de su escritura… pero, sobre todo, por la actualidad de su propuesta. Munidos de esta información, comenzamos a recorrer el texto.
¿Por qué ese título: Hogar? El significado del término remite al espacio físico, emocional o social donde una persona o grupo se siente seguro, protegido y en calma. La etimología explica que proviene del latín vulgar focaris, derivado a su vez de focus que significa fuego, hoguera o brasero. Es decir, designa el lugar donde está el fuego para cocinar o abrigarse. El Diccionario de la Lengua Española explica las transformaciones que se fueron dando y que generaron la palabra hogar, con las significaciones que señalamos. Fernando Mena, en el texto lo enuncia así: “Mientras bajas, aún llevas dentro de ti la sensación del día y el breve espacio en la fogata. Es en ese momento cuando entiendes algo básico, esa necesidad tuya de encontrar lo que te falta. Un hogar piensas. Algo se te revela. La palabra viene de hoguera. La hoguera viene del fuego, y es precisamente el fuego donde se reunían las personas en el rito de hacer comunidad y familia. Más allá de la necesidad de luz y calor, se congregaban en torno a él para abrigarse y alimentarse. Es la historia. Es lo que estudiaste.” Similitudes que ratifican, a su vez, las modalidades que el término adquiere en el habla actual.
El libro tiene un diseño de tapa, muy simple. El color azul oscuro se rompe con tres lenguas rojas que representan llamaradas –el fuego como imagen–. Letras blancas en el título y el nombre del autor, completan el esquema. La contratapa, presenta un texto de Alberto Rodríguez Monegal, que sintetiza el enunciado y esboza las particularidades de la enunciación. Finaliza afirmando: “Hogar nos muestra que quizás, la posibilidad de un giro no está en el traslado sino en el caminar sin motivo hasta encontrar encandilados la calidez de lo propio.” Certera referencia del deambular del protagonista… de los recorridos que haremos como lectores.
Y entonces, abrimos el texto. Un epígrafe de Guillermo Calderón nos introduce en la problemática: “¿Tristeza? Ah. Está bien vivir treinta años. Si la vida tampoco es para tanto. Además, después de los treinta es puro corazón roto.”
Y seguimos. El texto se estructura en cinco capítulos titulados y un Epílogo. Denominan y señalan los espacios de búsqueda, reconocimiento y encuentro del protagonista. Casa, Matrimonios, Hijos, Padres, Fuego. Hablábamos de deambular. También de recorrer. Manuel –el protagonista– es esa persona de treinta años que merodea esos lugares, que fueron suyos alguna vez, y que ahora no son más. De ahí que los recorra una y otra vez… para tratar de encontrar ese sosiego de estar en un espacio –metafórico– que se sienta como propio.
Es la modalidad de la enunciación lo que singulariza el texto… y que nos interpela tan fuertemente en la lectura. Una segunda persona plena en ese narrador que se dirige a un tú que es, al mismo tiempo, el propio personaje protagonista de la historia que no es otro que Manuel, ese treintañero que atisbamos en ese enunciado: “Todos los días envejeces a una impresionante velocidad y te lo recuerda a diario tu manchado espejo del baño.” Esa voz enunciadora obliga automáticamente al lector a identificarse con el personaje. De ahí que vivenciemos como lectores, todas las vicisitudes que sufre Manuel. Además al relatar en presente se acentúa la sensación del relato en un tiempo real. “Sales de la peluquería con un corte de pelo nuevo y como crees o te han hecho creer eso de que los cambios son buenos, sientes que el corte te hará bien” Asimismo tenemos acceso a los recuerdos, los sueños. “Estás en un sueño. Eres un niño que se despierta de otro sueño en una pequeña cama de madera, no hay nadie más que tú. Hay olor a humedad, una lluvia tenue tras la ventana, y con la cabeza aún en la almohada, observas el techo que te parece infinito y hermoso. Desnudo te levantas…”. Ese fluir de la conciencia que se despliega lentamente y nos permite entender esa necesidad de encontrar un espacio que sea propio, que le dé la pertenencia tan buscada.
Y vagabundeamos con Manuel. Recorremos esos espacios que alguna vez fueron o quiso que fueran ese hogar… Espacios que implican la presencia de la Naturaleza. “Te abrigas y te apoyas en la ventana. Afuera un enorme lago rodeado de verde y de fondo, grandes montañas. No parece Chile, Al menos, no el Chile que has visto antes. Con tus botas de agua sales a la puertee. Lo que tocas está húmedo y sientes que tu cuerpo es agua. Extraña pero placentera sensación. Sales y las nubes se desplazan lentamente, llevándose a otro lugar esas aguas que lo sanan todo. Caminas hacia el lago que se ve como un gran espejo. Nada se mueve y nada te falta. No puedes describir el silencio y la magia de esos segundos después de la lluvia, donde todo parece estar limpio, donde todo parece tener una segunda oportunidad, un nuevo comienzo”.
Si vó soi profesor… que de esa manera redundan en el testimonio que significa Manuel, como miembro de una generación sin pertenencia. Interesante ese partido de futbol del inicio, con ese otro partido de futbol, que nos permite avizorar la realidad política y social chilena. “Esa tarde tú y tus padres fueron tres espectadores de un partido que termina con el triunfo de Brasil tras una definición de penales. La historia de Chile no cambiará nunca. Estamos constituidos para administrar derrotas. Veinticinco años después del partido de la bengala, se vuelve a perder contra Brasil.”
No puede dejar de contarles, la magnífica metáfora que señala esa ajenidad de Manuel con su tiempo y con su historia. Le aprietan los zapatos. Una y otra vez, en distintas circunstancias. Cuando siente esa `pertenencia, se los saca y entonces, se siente liberado. Hermoso. ¿No?
Y finalmente, encuentra su espacio de pertenencia. “Ni subes a tu casa. Sigues caminando de largo. Quieres saltar el abismo y que nada te importe, olvidarte de la historia, de tu historia, no quieres volver siempre a tener que hacer memoria para poder avanzar. Estás en la cuerda floja de una vida simple y concreta donde no puedes retroceder. Todo se complica en ese intento de buscar el fuego que perdiste en el camino, en la generación de la que eres parte y que se rindió ante una búsqueda del éxito lleno de individualismos. Quieres volver a ser niño y a la vez, ser un viejo tranquilo… Quieres sacar ese fuego que habita tu cuerpo, ese incendio interior. Y es entonces, después de la pérdida de tu trabajo, después de la breve libertad experimentada, cuando crees descubrirlo en el silencio de la noche.”
Y entonces… entonces…es que el narrador cierra increíblemente el texto. Así dice: “Y es ahí, Manuel, cuando por fin te veo desde lejos, tras la ventana, entre paredes y techos, desde trozo de mar te veo. Y aunque ya cansado duermes acurrucado junto a ella, entre los vestigios de una de las tantas mudanzas que han sido y que seguirán siendo, aun cuando la luz de la ampolleta que alumbrará tus próximos días ya lleve horas apagada y aun cuando los cerros se derramen en las luces nocturnas de tantos hogares de Valparaíso, yo al fin te estoy viendo. Te veo brillar y encandilarme.” Es el encuentro con el hogar. Encuentro inundado de poesía, de luz, de identidad.
Quedarán absortos, ensimismados como quedé yo… Gracias, Eduvim, por esa reedición. Nos hace bien a todos escuchar la pausada voz de Fernando Mena.
Hasta más vernos.
María
Podés conseguir Hogar, de Fernando Mena en nuestra tienda de libros físicos y en su versión digital.

María Paulinelli es Licenciada en Letras Modernas por la Facultad de Filosofía y Letras (FFyH) y Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea por el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).
Profesora Adjunta de Literatura Argentina II en la FFyH, Profesora Regular Adjunta en Literatura Argentina en la Escuela de Ciencias de la Información (ECI) y Profesora Titular Plenaria en Movimientos Estéticos y Cultura Argentina de la Facultad de Ciencias de la Comunicación (FCC). Investigadora y directora de proyectos de la Secretaría de Ciencia y Tecnología (SECYT-UNC).
Autora de Relato y memoria: la dictadura militar en Córdoba (2006). Ha escrito capítulos de libros y artículos en revistas científicas. También ha compilado y coordinado volúmenes colectivos.
Primera directora de la ex Escuela de Ciencias de la Comunicación desde el retorno democrático argentino, cargo que ocupó en dos mandatos. Primera Profesora Emérita de la FCC designada por el Honorable Consejo Superior de la UNC.














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