Sergio Shmucler: El viajero incansable

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¿Cómo nombrar y recuperar el espacio de una vida? ¿Cómo distinguir entre lo importante y lo accesorio en ese espacio de cada hombre? ¿Cómo elegir las palabras que puedan referenciar lo más cercano a lo posible? ¿Cuáles palabras tienen la transparencia indispensable para poder decir, contar, representar a alguien en toda su carnadura existencial?

Quiero escribir sobre Sergio. Me detengo en todos esos interrogantes. Me digo que él comprendería estas dudas, estas vacilaciones porque las palabras eran uno de esos elementos que nunca terminan de pensarse, de entenderse, de comprenderse… y que la última vez que conversamos, quedaron en ese espacio, allí, de la memoria, levitando con toda la fuerza de lo que no puede olvidarse… porque es lo más importante de este mundo.

Elijo nombrarlo así, Sergio, Viajero incansable. Y lo hago porque en este ejercicio de memoria que son estas palabras, puedo visualizar su permanente movimiento, su terca búsqueda de un mundo un poco mejor para vivir. Y entonces, miro sus derroteros que buscaban eso y… escribo.

Decidió representar el mundo como una forma de mejorarlo. Pero también, decidió crear mundos para compensar la intemperie, la ausencia, la tristeza. Entre ambas decisiones, movimientos. Movimiento para referenciar el mundo con toda su existencia. Movimiento paracrear un mundo con toda la posibilidad de la ficción. Movimiento para representarlo mediante los textos hechos solo con palabras –sus novelas–. Movimiento para esa mezcla de imágenes y palabras, el lenguaje audiovisual –la tv, el cine, la radio–. Una intermitencia que era puro movimiento entre referenciación –versiones de la Historia– y la creación –ficciones, representaciones–. Documentales como imágenes de lo que había sido y que debía seguir siendo. La canción de Mariano. Territorios de la memoria. Documentales sobre lo que seguía siendo aunque no debía serlo. Guachos de la calle. Relatos de los pueblos que desaparecen. …y entonces la animación como recurso. Curapaligue Movimiento en esas Imágenes de historias inventadas. La herencia. También moverse en ese espacio del cine y la literatura.

¿Cómo tomar un libro y hacer que sea una película? Experimentaciones de ese movimiento. La sombra azul. El lenguaje audiovisual desde la experiencia de la televisión como otro espacio. Cordobeses y cordobesas del Bicentenario. Exilios. Metrópolis. Todo desperdigado en otro movimiento de su vida. Las dos patrias, Méjico. Argentina. La posibilidad de experimentar con el radioteatro como lenguaje. Como forma de llegar a los sectores populares. El Cordobazo. La unicidad de las palabras en novelas. Una de las historias más tristes y más hermosas sobre los hermanos, el exilio, la militancia de los jóvenes. Detrás del vidrio. Seguiría El guardián de la calle Amsterdam. Al final, antes de irse: La cabeza de Mariano Rosas con toda la poesía metida en las palabras y la urgencia de mirar a este país desde otra historia. Un viaje inacabable por las fronteras del lenguaje. Viaje materializado en ir y venir. Méjico/ Argentina. Argentina/ Méjico. Un vértigo de presencia/ ausencia que aparecía en los primeros años del exilio, del regreso y que después se convirtió en una costumbre permanente. Estar acá y añorar lo otro. Llegar allá y extrañar esto. Movimiento. Siempre movimiento. Como vida. Como búsqueda. Como posibilidad de mejorarnos.

Movimiento que un día nos tomó a todos de sorpresa. Incansable, se fue a otro lugar. Seguro que allí, sigue extrañando esto. Todo lo que amaba. Todo lo que hacía. Seguro que sigue pensando en hacer cosas. Seguro que no se cansa de preguntar cómo hacer para que el mundo– este o aquel– sea un poco mejorcito. Cosas de un viajero… incansable.

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