Concepciones sobre la muerte y el amor medieval

La danza de la muerte, de Johny Lydgate, y Los frailes de Berwick, de autor anónimo, es el nuevo anticipo de Eduvim Clásicos para este mes, gracias a una invaluable traducción del español José Antonio Alonso Navarro, con prólogo de Miguel Ayerbe Linares.

Localizamos esta obra en el siglo XV, últimos cien años de la Edad Media, antes de entrar al Renacimiento temprano. Una época signada por movimientos militares, políticos y culturales de dimensiones fundacionales como la Guerra de los Cien Años, el surgimiento de la diplomacia veneciana, la creación de la imprenta en manos de Gutenberg y el fin del Imperio romano en Oriente. Por otro lado, también tuvieron lugar la Inquisición española, el arribo de Cristóbal Colón a América y la caída de los musulmanes en Asturias, lo que enraizó el monopolio total del cristianismo iberoamericano. Y, por si faltara algo, la aparición del Renacimiento.

Menos de trescientos años durará el Renacimiento, contemporáneo a la llegada de Colón a San Salvador, en las Bahamas, hasta culminar con un epílogo a tono: la Revolución francesa. En el medio, habrá un tránsito próspero para la explosión de la máxima belleza en el arte y las ciencias con figuras del Renacimiento temprano europeo que supieron representar muy bien cada expresión, las tecnologías más innovadoras de la historia y, por supuesto, el establecimiento de las bibliotecas como nuestro archivo humano por excelencia. 

Estamos hablando de personalidades que proyectaron su talento en el instante de esplendor humanista, con el retorno a la cosmovisión grecolatina y el planteamiento del antropocentrismo, la natura cediendo el paso a la cultura. Y en este cuadro prometedor que relatamos, aparecen dos textos que componen el libro que hoy Eduvim comparte a su comunidad: La danza de la muerte, de John Lydgate y Los frailes de Berwick, de autoría anónima.

Si el Renacimiento supo ponderar el placer gozoso de la vida, también hubo quienes se aventuraron a contraponerse a este idilio y hablar de la muerte, cuando el humano desaparece del mundo en un acto instantáneo que resume su recorrido por la Tierra sabiendo una sola verdad: que se va a morir desconociendo en qué momento. Esta premisa aterradora que funda el tabú de la muerte, alertó a Lydgate para trazar una historia donde la muerte no es traicionera, sino prestataria de los personajes, avisándoles cuándo les llegará la hora de la danza.

Lejos de estar parodiando la muerte, hay un giro filosófico que reivindica este concepto, estado, amenaza, momento, o como se quiera interpretar, como el real motor de la vida, un acto de justicia porque nos concibe y nos visita a todos por igual. En ese encuentro no hay poder, autoridad, dinero ni salud que valga. La muerte tal vez sea la única que nos vea con ojos humanos.

El diálogo de la muerte personificada con los distintos participantes de este relato permite una profunda introspección, la reflexión en el grado incisivo para saber lo que hemos hecho, lo que estamos haciendo, y lo que podemos llegar a hacer para enmendar lo anterior, sin caer en la ingenuidad de que eso nos permita una prórroga eterna. 

Aquí también hay una oda contra el materialismo; la muerte nos llevará sin atributos; y una invitación a enriquecer la vida con un grado de espiritualidad propio de las bellas artes y de la alta cultura. Esa es la única libertad posible, una libertad que no le servirá de privilegio a nadie a la hora de danzar la muerte. 

El género literario que nos propone este libro es un interesante estudio sobre la concepción de la muerte en el medievalismo, es un viaje a la mentalidad de esa época, encastrada en la idea del destino que Dios tiene guardado para cada uno, donde la muerte nos prepara para la redención de la vida más allá de este plano terrenal. Todo lo que hagamos en la Tierra son cúmulos de mérito a favor o en contra de lo que se nos otorgará como crédito del otro lado, ya que, como bien dice el prologuista de este texto, “La vida de verdad es la que nos espera cuando la muerte nos lleve a su danza”.

En tanto, Los frailes de Berwick, un texto anónimo y contemporáneo a la producción de Lydgate, nos propone una distensión, tal vez, un pase de comedia con combinaciones dramáticas, escrito en clave medieval. Es la historia de una bella mujer casada con un posadero llamado Simón. Ese matrimonio será interrumpido en su rutinaria actividad a partir de la aparición de un pícaro fraile franciscano. Ambos, la bella dama y el franciscano, desean dar rienda suelta a una pasión. Sin embargo, la misma se verá emboscada por la llegada de dos frailes dominicos, quienes boicotearán los planes de tan osada pareja.

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