Las palabras y el silencio

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En esta ocasión, recorremos junto a María Paulinelli, Curso de iniciación al silencio, del poeta mozambiqueño Amosse Mucavele. Este libro es la tercera obra seleccionada para formar parte de Marula, nuestra colección de poesía africana.

En 2024, Eduvim inicia su nueva colección Marula de Poesía africana. Publica, entonces, Curso de iniciación al silencio de Amosse Mucavele. Una colección que –en palabras transcritas de la contratapa– “quiere sumarse al desafío creciente de una nueva sensibilidad que abre las ventanas y oxigena el ecosistema literario local.” Una manifestación de la Editorial que ratifica la significación de estos nuevos textos en un proyecto que supone la inclusión de voces diferentes desde espacios también diferentes. Completan así los objetivos implícitos y señalan: “Volver la mirada a la literatura africana y particularmente a la poesía, creemos que es un aporte enriquecedor para nuestros lectores y lectoras del siglo veintiuno.” Acotemos, que la colección está dirigida por Leandro Calle, de reconocida trayectoria en proyectos editoriales de poesía africana.

 El diseño del libro acompaña esta renovación. La tapa negra, muestra una imagen simplificada de África en un oscilante blanco y negro, con color diferenciado el país Mozambique, lugar de donde es oriundo el autor. En color fucsia, el título, el nombre de la traductora– Sol Aliverti– el logo de Eduvim, lo mismo que el país de referencia. En blanco, el nombre de Amosse Mucavele. La contratapa transcribe el fragmento que señalábamos anteriormente. En la primera solapa, se enuncian los datos biográficos del autor. En la solapa posterior, los datos de la traductora. De este modo, sucintamente, el lector, accede a esta colección nueva sobre poesía del continente africano.

El texto se inicia con el Prólogo de Sol Aliverti. Un breve pero exquisito enunciado, nos remite a conceptos básicos que nos posibilitan una suerte de introducción indispensable para la comprensión de “este curso de introducción al silencio”, Sol define la singularidad de la voz de Mucavele. Singularidad que impide su inclusión en determinada generación o grupo poético. Algunos elementos posibilitan señalar esta singularidad que marca su identidad y que lo escinde de toda pertenencia a un territorio. Así dice: “La única territorialidad que permanece es la memoria, una presencia que recorre el libro como si fuese la cambiante y oscura sombra de un enorme árbol.” Ratifica esta condición cuando señala: …“su universo poético despliega un paisaje que lo sitúa en un presente poético propio y no generacional.” Seguidamente, propone la invitación a descubrir en un primer momento, en “este conjunto de poemas que reconocen cierta luminosidad en la ausencia, cierta forma de enseñarnos, un sentido oculto de las cosas.” Así queda justificado el título del texto y el de la primera parte: Seminario. En la segunda parte del texto, titulado Migraciones, el poeta nos ubica en una frontera intangible, en la cual lo que migra es una cierta intención del espíritu, un acercamiento a la experiencia vital que se invierte: “… la percepción del poeta, su mundo, se impone hacia un afuera que no termina de develar su lenguaje, su pertenencia.” Completa acotando ciertas características de la traducción que termina indefectiblemente, diluyendo hacia el misterio como espacio significativo, los distintos fragmentos poéticos.

Y entonces, vuelvo sobre mis propuestas. Me pregunto el porqué del título. Curso de iniciación al silencio. No había hecho ninguna consideración al respecto. Lo hago ahora. Confieso que logró subyugarme. Un curso, como un aprendizaje ordenado y sistemático. ¿Si? ¿Por qué al silencio? Aquí di vueltas y vueltas. No necesariamente el silencio remite a la ausencia de sonidos. Lo mismo que en la luz, el blanco como síntesis aditiva, es la suma de todos los colores. El silencio puede remitir también a la multiplicidad, a la riqueza, a la permanencia. De ahí, la remisión al silencio que desde siempre los poetas hicieron como la búsqueda de la totalidad del lenguaje. Si vuelven sobre el Prólogo de Sol, comprenderán esto que parece un oxímoron, incomprensible. Mucavele, busca la totalidad del lenguaje en el silencio… que Sol identifica, metafóricamente, como el misterio. Seguimos.

Y entonces, leo en voz alta, los poemas. La ausente sonoridad de las palabras, anulada por la trasposición de la traducción, se embelesa, sin embargo, en la significación llena de un halo poético que nos encamina a esa totalidad buscada en el silencio… en esa totalidad que tiende hacia el misterio. Dos partes, componen el texto. La primera, Seminario sobre lugares, nos remite al espacio de la memoria. Los epígrafes, lo ratifican. Así dice Carlos de Oliveira: “A nosotros, que veníamos después del fin del mundo, marcados con todos los estigmas del derrumbe, nos costaba convencernos de que éramos ante todo, hombres; y artistas, solo porque podíamos, como tales, escribir los versos del futuro sobre las ruinas y el polvo”. Síntesis perfecta de la condición de humanos, y también de la condición de artistas. Ambas, enraizadas en el pasado… pero proyectadas al futuro. Similar significación es el otro epígrafe de Manuel Gusmao. Titula El ángel de la historia. “Nadie borrará el gesto honesto/ roto y frágil de los que amamos sin remedio y sin pedir perdón que no sea a ellos.” Nuevamente, la significación en un tiempo desde la doble condición de humanos y poetas.

 Y recorremos los poemas uno a uno. Nos adentramos en ese espacio que solo ocupa la memoria… una memoria imprescriptible… pero anclada en el misterio de esa doble identidad de existir como persona y poder decir con las palabras. Los títulos lo dicen: La casa, Navegar es preciso, Noticias de la niebla. Todo esto es historia, Presente del muelle, Después del luto… entre otros tantos.

La segunda parte se titula: Migraciones. Los epígrafes, definen, adelantan la consistencia significativa que alcanzan los poemas. El primer epígrafe, se asienta en la posibilidad de la escritura. Escrito por Luis Miguel Nava, dice así: “Escribir es, para mí, intentar deshacer nudos, aunque en realidad lo que siempre acabo haciendo es enredar los hilos aún más. La propia caligrafía está sofocada. Sin embargo, hay un momento en el que las palabras se escupen, salen a borbotones, y la sangre y la saliva impregnan el significado. Es imposible separarlos.” Lo transcribí todo. Una síntesis perfecta de la unión indisoluble de la existencia con la posibilidad de la escritura que solo tienen los humanos. Una unión que permanece inalterable. ¿Lo leemos nuevamente? El otro epígrafe, –de Hugo Friedrich– referencia la identidad de la poesía actual: “Estos poetas/ los llamados modernos/ permiten a sus lectores una experiencia que, incluso antes de que se hagan claramente conscientes, les lleva a acercarse a una de las características esenciales de esta poesía: su oscuridad fascina al lector tanto como lo desconcierta. Su magia verbal y su misterio ejercen fascinación, aunque el entendimiento aún no puede orientarse en ella.” Nuevamente, aparece la presencia del misterio como elemento definitorio. Un misterio que atraviesa las distintas experiencias vitales que aluden los diversos fragmentos. La lectura lo confirma. De ahí, un somero acercamiento a través de los títulos que las nombran. El viajero sin sueño, Autobiografía, La ingeniería de la soledad, Travesía…

Y Amosse nos enamora para siempre. Desde el borbotoneo de una lengua que imaginamos pero que, traducida exquisitamente por Sol, nos permite acceder a ese silencio que es la totalidad de su experiencia como persona y como artesano de las palabras. Los dejo en la lectura. Sigo rumiando esa capacidad de poderlo decir todo desde la singularidad de una experiencia. De acceder al misterio de lo humano, desde la totalidad del lenguaje… en ese silencio que lo metaforiza.

Hasta más vernos.

María

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