La memoria que arde: el libro en la historia cultural argentina

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Texto presentado en el primer semestre del 2023 con motivos de la aprobación de la condición promocional dentro la asignatura Movimientos Estéticos y Cultura Argentina, correspondiente al 3° Año del Ciclo Básico de la Licenciatura en Comunicación Social de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de Córdoba.

“Allí donde se queman libros, se acaba por quemar a los hombres”.
Heinrich Heine
La inauguración de la Muestra “Memorias de la Quema” en el Centro Cultural del Mercado de Avellaneda en Buenos Aires fue disparador para elegir la exposición y su historia detrás de ella como temática y eje central para mi ensayo correspondiente a la asignatura Movimientos Estéticos y Cultura Argentina. Comencé a investigar en profundidad el tema, ya que encajaba perfectamente con mis pretensiones de indagar una problemática en torno al libro en la historia cultural argentina.

La presentación me incentivó a optar por la quema de libros de la Editorial CEAL en Argentina durante los tiempos de la dictadura cívico-eclesiástico-militar-empresarial. Por supuesto, mi única intención es acercarme y conocer una problemática clave en nuestro país que aún hoy se necesita volver a contar, haciendo eco en una historia atravesada por los signos de la violencia, el despojo y la destrucción. Siendo sumamente necesario recordar aquellos tiempos oscuros a través de muestras y exposiciones que permitan a las personas tener un contacto directo con su historia y con la historia de un país con memoria.

“Un libro se destruye con ánimo de aniquilar la memoria que encierra, es decir, el patrimonio de ideas de una cultura entera. La destrucción se cumple contra todo lo que se considere una amenaza directa o indirecta”.
Fernando Báez

Memorias de la muestra
El libro, al igual que el hombre, ha sufrido y padecido por las ideas que expresa. La cultura académica argentina ha reconocido distintos momentos en los que fue atacada y diezmada por políticas de censura con intervenciones de significativa violencia. 

En este ensayo, me detendré de manera puntual en la quema de libros de la Editorial CEAL, hecho sucedido durante la dictadura en Argentina, iniciada el 24 de marzo de 1976. La quema de un millón y medio de libros del Centro Editor de América Latina (CEAL) en 1980 se resignifica con la obra de cien artistas en la muestra “Más libros para más Memoria” ubicada en el Centro Cultural del Mercado de Avellaneda. Allí también se expone “Memorias de la quema”, una exhibición de veinte fotografías que testimonian el hecho. Esta muestra asevera la postura del Teniente Coronel y Juez Héctor Gustavo de la Serna al adoptar la decisión, el 26 de junio de 1980, de considerar algunos libros como “peligrosos y subversivos”. 

El silencio de las hojas escritas
Durante la dictadura que se instaló en nuestro país a partir de 1976, el silencio y la censura ocuparon los estantes de las bibliotecas de la ciudad. Bajo orden estricta del gobierno de facto, cientos de libros fueron prohibidos, secuestrados y retirados de circulación, e incluso quemados. Fue parte del plan sistemático para mantener en pie la desinformación y para infundir el miedo que tanto recorría las calles en aquel entonces. No solamente secuestraron y desaparecieron personas, sino también libros, los mismos fueron considerados por el gobierno de turno como perturbadores de mentes para la sociedad. Quemaron libros, persiguieron a los editores y a sus editoriales, controlaron las bibliotecas y a los bibliotecarios. La censura de libros fue uno de los métodos más eficaces de los militares para oprimir y silenciar a la sociedad, para que las ideas y conocimientos quedaran encajonados en la clandestinidad. 

Una industria truncada por la opresión
La industria del libro tuvo su período de oro en Argentina durante la década del sesenta y setenta. Por ese entonces, las librerías abundaban adornando las calles céntricas de Buenos Aires y de los grandes centros urbanos del país. La decadencia comenzó con la persecución de textos que contenían escritos relacionados con las ideologías peronistas y marxistas. Según el gobierno militar, se debían cuidar los valores occidentales y cristianos, poniéndole freno a todo lo que perturbara las mentes de los ciudadanos.

Toda esta política estuvo destinada no sólo a censurar y destruir una parte de la producción literaria argentina y extranjera catalogada como “subversiva”, sino también a tratar de llenar ese hueco cultural con producciones orientadas hacia su proyecto de sociedad basada en la premisa “Dios, Patria, Hogar”, afectando como consecuencia el auge de uno de los sectores de la industria editorial que nunca logró recuperarse del todo.

Entonces, como nace el CEAL
Boris Spivacow fue un editor argentino proveniente de una familia pobre de inmigrantes rusos. Venía realizando tareas en la Editorial Abril, al momento de llegar a EUDEBA. Allí desarrolló diversas colecciones dirigidas al público infantil. Él mismo escribió versos o adaptaciones de textos que publicaba bajo seudónimo. Entre las series, se destacaba la Colección Bolsillitos, que se componía de varias tiradas que salían de manera simultánea y que es recordada por muchas generaciones como los libros con los que se iniciaron en la lectura. Se trataba de libros pequeños, de dieciséis páginas, que se vendían en kioscos y que salían con una frecuencia semanal.

Entre 1958 y 1966, en los años gloriosos de EUDEBA, el ritmo de edición fue de un libro por día y once millones de ejemplares al año. Bajo su gestión, se convirtió en una de las editoriales más importantes de Buenos Aires y del mundo. Como consecuencia de la intervención en el Rectorado de la UBA y la represión del General Onganía en la denominada “Noche de los bastones largos” en julio de 1966, Spivacow y su equipo renunciaron.

El 21 de septiembre de ese mismo año, junto con otros colaboradores, puso en marcha el CEAL, proyecto que, en buena medida, era la continuación de las políticas editoriales y comerciales de EUDEBA. Al poco tiempo, lograron expandirse al multiplicar la cantidad de colecciones de libros populares y a bajo costo, textos para la enseñanza primaria y secundaria y obras aptas para el nivel universitario, convirtiéndose así en el proyecto editorial y cultural más importante de la historia argentina.

Persecución a las ideas
Censura y dificultades económicas fueron dos constantes en la historia de la Editorial. Secuestraron colecciones enteras, miles de libros fueron tildados de “sospechosos” y sus responsables fueron perseguidos. Inevitablemente, sus textos estaban marcados por las discusiones teóricas e ideológicas de la época, lo que hizo que fuera tildado por los sectores más conservadores del campo editorial y cultural como un sello de izquierda. Es precisamente su posicionamiento político, ideológico, plural, actualizado y riguroso lo que otorgaba a cualquier libro de Centro Editor la calidad que caracterizaba al proyecto. 

Los problemas de Spivacow y el CEAL con la Junta Militar empezaron en 1978, cuando se acusó a la Editorial de “publicar y distribuir libros subversivos” y su aplicación de la “Ley Subversiva”. Algunos de estos libros eran de Karl Marx, Juan Domingo Perón, Eva Perón y el Che Guevara. Spivacow inició acciones legales y pudo recuperar algunos, pero la mayoría fueron quemados ese día, junto con otros miles que trataban temas tan diversos como el Movimiento Obrero, ciencia y el cuerpo humano. El director de la Editorial fue absuelto, pero muchos libros objetados por la dictadura resultaron condenados a la hoguera.

Hoguera, cenizas y libros
En la mañana del 26 de junio de 1980, trasladaron los libros desde el depósito hasta el terreno baldío en Sarandí, en las afueras de Buenos Aires. Un millón y medio de ejemplares fueron quemados mientras que los directivos del Centro Editor tuvieron que actuar como testigos y, para completar la suma de perversiones, también debieron fotografiar la quema. Continuando con las formalidades, los policías y militares allí presentes leyeron el acta y, luego, encendieron el fuego. Ricardo Figueira fue el encargado de tomar las fotos y la profesora Amanda Toubes actuó como testigo. Fueron incinerados la mayor parte de los libros de la Editorial, en una salvaje operación considerada la quema más grande durante dicho gobierno de facto. Las fotografías se incorporaron a la causa como constancia del accionar policial, lo que permitió que quedara el registro del proceder inquisitorial de la dictadura.

En algunos terrenos donde hubo fuego, ahora hay placas que hacen memoria
En la muestra de “Más libros para más democracia”, los rastros del fuego, la censura y la violencia aparecen en muchas de las obras, mientras que en otras el hecho ocurrido en junio de 1980 en un baldío de la localidad bonaerense de Sarandí fue el disparador para germinar nuevas ideas, construir un diario familiar o recuperar el valor de las ficciones contadas en la infancia. El padecimiento de esas páginas, que en un primer momento pugnaron por no arder en un intento de rechazar ese macabro objetivo, fue considerado el mayor atentado contra la cultura nacional. 

Este tipo de actividades apunta a generar prácticas activas y colectivas para sostener la memoria, para que se mantenga viva la historia y esos hechos no ocurran nunca más. Varios de los artistas que exponen fueron censurados y perseguidos, mientras que otros que no fueron contemporáneos a los años de plomo continúan con estas prácticas para que los hechos no se repitan. 

Un libro no muere nunca, su legado tiene como misión perdurar. Un libro es una forma de compartir información, cualquiera que ésta sea, es información de una persona a otra, es mucho más que hojas encuadernadas para formar un volumen. Es la esencia de las palabras, las que muchos de los que escriben vierten con todo su ser en hojas, una a una, formando grandes historias, hermosos poemas, increíbles fantasías, sus sueños y pasiones, testimonios reales, experiencias y reflexiones personales, con la única expectativa posible, aquella de transmitir, de llevar ese mensaje a sus lectores. Un libro es una conexión especial, es la puerta a lo desconocido cuando aún no es leído, es la expectación de la respuesta buscada, es la puesta en marcha de la imaginación, un sueño compartido. Sin dudas, es mucho más que hojas encuadernadas para formar un volumen. 

Bibliografía
1. Axat, J. (2023). “Fahrenheit en Sarandí. La quema de libros durante la dictadura y la historia del juez que la ordenó”. Anuario Basta Biblioclastia.
2. Invernizzi, Hernán y Gociol, Judith (2022). Un golpe a los libros. Represión a la cultura durante la última dictadura militar. Buenos Aires, EUDEBA.
3. Montes, Graciela (2006). “Amigos”. En 30 Ejercicios de memoriaA treinta años del golpe. Buenos Aires. EUDEBA-Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología.
4. Muestra fotográfica “Memoria en llamas”. Proyecto Memorias Encarnadas (2014-2015) del Área Memorias y de DD.HH. de la Secretaría de Extensión de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
5. Rozemberg, Laura: “La hoguera sagrada”.  Página 12. 24 de marzo de 1994.
6. Roffo, Julieta: “Una placa señala el lugar donde la dictadura quemó 1.5 millón de libros”. Clarín. 27 de junio de 2013.

Comentarios

2 respuestas a «La memoria que arde: el libro en la historia cultural argentina»

  1. Avatar de Eugenia Keyser
    Eugenia Keyser

    Muchas gracias por este ensayo, y comunicación acerca de CEAL y quema de libros. Acabo de escribir sobre este tema en Chile entre los hechos de estos 50 años que celebrarán; ahora creo que seguiré investigando, su artículo me sirve mucho para mencionarla con su permiso; las obras de arte recordando quemas de libros me interesan mucho. Si quieres comunicarte conmigo y conversamos los temas, lo haré encantada. Puedo compartirle mi texto. Espero siga escribiendo e investigando. Atte.

    1. Avatar de Dirección Eduvim

      Hola. Le hemos pasado a la autora de este comentario tu contacto para que se pongan en comunicación.

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