Historia feminista de la literatura argentina. Alzar la voz. Archivos, derechos y géneros

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    Descripción

    Coordinadoras: Tania Diz y Florencia Angilletta
    Colección: Historia feminista de la literatura argentina (Dir. Laura A. Arnés, Nora Domínguez y María José Puente)

    Alzar la voz es nombrar el fenómeno decisivo del período: en diferentes espacios, las mujeres se hacen notar. Participan de la vida pública, plantean sus discrepancias, construyen, cuestionan, escriben. Y, por supuesto, algunas se oponen, otras resisten y otras negocian con las fuerzas conservadoras de las divisiones de género. Alzar la voz, entonces, es un acto. Un punctum. Un subrayado en la performance de las mujeres desde la literatura, los textos, así como en los trabajos, la vida rural y urbana, las transformaciones políticas. Alzar la voz es una construcción lingüística que oscila entre un gesto expansivo y un registro sensorial, aunque de ninguna manera produce un ritmo homogéneo. Es, más bien, una apuesta que hace emerger las disonancias, las ausencias, las modulaciones, los ritmos, los matices. A partir de esos cuerpos y esas textualidades, se alteran y transforman la literatura y la vida y, sobre todo, la “y”: esos modos de leer el intersticio.

    Este tomo propone, como variación clave de ese alzamiento, la acción de tomar la pluma, común tanto en escritoras y periodistas como en militantes feministas. No se trata de que antes o después las mujeres no lo hubiesen hecho, sino de resaltarlo como gesto ostensible. Tomar la pluma, llevar un lápiz y un cuaderno en la cartera como Alfonsina Storni, mover los dedos veloces en la máquina de escribir. Escribir, firmar y publicar. Ensayos, poemas, cuentos, novelas, artículos, discursos, manifiestos. A pedido, por urgencia, por deseo, por ímpetu. También supone un reto: mirar otros resquicios de lectura y escritura; incluso, en las maneras en las que el género moldea la misma noción de “texto” u “obra”. Finalmente, alzar la voz es escuchar, también, los silencios y las ausencias.


    Tania Diz y Florencia Angilletta