“Versos de Emilia Bertolé”, por Alfonsina Storni | EDUVIM

“Versos de Emilia Bertolé”, por Alfonsina Storni

“Versos de Emilia Bertolé”, por Alfonsina Storni

21/06/2019 Collage de Emilia Bertolé (fuente: El Ciudadano)

Emilia Bertolé fue pintora y poeta. Nació en la localidad de El Trébol, provincia de Santa Fe, el 21 de junio de 1896. Con su familia se instaló en Rosario en 1905 donde estudió en una sede del Instituto de Bellas Artes “Domenico Morelli”. En 1916 viajó a Buenos Aires para pintar retratos y empieza a relacionarse con el ambiente artístico y literario porteño. Establece amistad con Alfonsina Storni y Horacio Quiroga.

Storni, en la revista Áurea del 3 de junio de 1927, comenta el único libro que Bertolé publicará en vida: Espejo en sombra. La obra de Bertolé (este libro y poemas inéditos) fue publicada por la Editorial Municipal de Rosario. En tanto que el comentario de Storni forma parte del libro Escritos. Imágenes de género publicado por Eduvim. A continuación, un fragmento de este artíoculo, que se adjunta completo en PDF.

Versos de Emilia Bertolé
Desde luego, Emilia Bertolé no pretende ser una innovadora con su libro de versos, próximo a aparecer.
Dice su canción con un poco de timidez, como si aún no estuviese convencida de que posee, como cualquiera, derecho a entonar su voz en versos.
Y esta humildad obliga.
Para su verso ha elegido una forma que, si no es de última moda, representa el figurín de la estación próxima pasada, modelo que, bien llevado, puede pasearse aún sin temores al aspecto ridículo y a la malevolencia del feliz mortal que acaba de salir de la sastrería literaria con un trajecito flamante.
Unas cuarenta composiciones reúne el libro de nuestra admirada Emilia y se lo lee con un suspiro de alivio por la extrema sencillez de sus líneas.
Digamos desde ahora que se respira en sus páginas un tenue, fino olor a fémina, moderna en la inquietud, antigua en la coquetería, de impulso contenido, imaginación castigada y depurados gustos.
En sus versos mejores, que acaso sean los de carácter objetivo con un toque de incursión a lo subjetivo que los cierra y realiza, aparece, evidentemente, el ojo de la pintura y su muñeca delicada que prefiere el matiz, el velo, el subtono, el esfumino a la línea violenta y única. Cierta claridad de luna enfermiza vela sus paisajes verbales, de los que su lente catador, recoge con preferencia los aspectos estáticos.

Imagen: collage de "El Ciudadano"

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