Se presentó "Trazos impersonales" de Soledad Boero.

Se presentó "Trazos impersonales" de Soledad Boero.

El pasado viernes 28 de julio tuvo lugar la presentación de otra de las novedades que Eduvim ofrece a lectores de literatura y estudios literarios; Trazos impersonales, de María Soledad Boero.

En el centro cultural Casa de Pepino, ubicado en el corazón del barrio Güemes de la ciudad de Córdoba, se dieron cita más de 60 personas para compartir la publicación de un libro que recorre la obra de Carlos Correas y de Jorge Barón Biza desde una mirada heterobiográfica.

A modo de puntapié, un grupo de lectores recitaron una serie de poemas de los escritores estudiados para dar paso, luego, a las palabras de la autora, oriunda de Santa Eufemia, y a la presentación -propiamente dicha- a cargo de Gabriel Giorgi, quien fuera director de la tesis doctoral que se transformaría en Trazos impersonales. En el prólogo del libro, Giorgi afirma que "el libro de Boero da testimonio del inmenso poder de la crítica. Dado que es justamente en el tejido microscópico de la lectura, del entramado de los textos (...) donde Boero trabaja esa especie de hallazgo que ella vuelve herramienta y luz crítica: la de una categoría que se vuelve máquina de lectura".

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Hay una pista de lectura que recorre Trazos impersonales: la del desierto. Entre Carlos Correas y Baron Biza se trazan «desiertos» que se revelan decisivos para pensar la mirada heterobiográfica y sus indagaciones. Correas tendrá lugar alrededor del «desierto de lo impersonal», dice Boero, «aun sin ninguna certeza de que la fórmula del ser siga funcionando o arroje algún resultado». Ese desierto es el del despojo –del yo, del nosotros, incluso de lo humano–. ¿Por qué transitarlo? Para dar con ese otro territorio: el de la vida «entre» cuerpos, entre lo vivido y lo que «hay que volver contable», entre el yo y esa vida que lo atraviesa. Lo desértico de Baron Biza es el desierto y su semilla, la madre y el hijo en ese umbral radical donde la gramática de lo familiar –y sus lugares de sujeto– se desmorona, donde el reflejo «intersubjetivo» deja lugar al relieve. Lo que queda es esa materia viva y la escritura que intenta dar cuenta de ella: esa es la luz heterobiográfica que Boero extrae del texto.

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