Salud pública = Derechos sociales

Salud pública = Derechos sociales

03/01/2020 Carlos Chagas atendendo a menina Rita. Ao fundo, vagão que servia de alojamento e laboratório na Estrada de Ferro Central do Brasil (1908). Lassance, MG..

Nuestro autor y colaborador permanente, Roberto Rovasio, se pregunta en el artículo que sigue: el Mal de Chagas es un “¿azote superado o desafío científico?”

Tras un breve, pero contundente recorrido que toma las variables médicas, sociales, económicas y geopolíticas, Rovasio compara el estado de la cuestión en las investigaciones sobre esta enfermedad “exótica” para los países del hemisferio Norte y aproxima algunas conclusiones vitales para nuestra realidad.

Este artículo sobre el Mal de Chagas tiene una actualidad no sólo por el abordaje de una enfermedad que tiene los mismos indicadores de infección y mortalidad en nuestro país desde las décadas de 1950 a la fecha. Su actualidad versa también sobre el peligro que como sociedad corremos cuando reducimos la atención y la estructura de un Ministerio a una Secretaría, cuando dejamos librada la política sanitaria a la medicina privada, cuando desacoplamos la salud pública a los lineamientos de qué investigación y desarrollo buscamos en ciencia y técnica.

Dice Rovasio en un pasaje del artículo: “Hoy, las llamadas «Enfermedades Raras» (frecuencia de 1:20 mil a 1:200 mil habitantes) tienen prioridad en la CyT moderna, lo cual no está mal. Pero el financiamiento con fondos públicos debería contemplar enfermedades evitables –como el Chagas–, que permanecen precarizadas desde hace décadas porque los intereses de CyT, organizaciones sanitarias, fundaciones y Estados nacionales no son seducidos por las escasas ganancias de menos prestigiosas y poco rentables patologías.”

¿Hace falta agregar más? Sí. Entre y lea este artículo que merece la pena que sepamos de qué se trata combatir el hambre, la pobreza y ejercer la ciudadanía.

 

Mal de Chagas ¿Azote superado o desafío científico?

La Enfermedad de Chagas, harto conocida en el país y región, es producida por el parásito Trypanosoma cruzi y transmitida por la temible Vinchuca. Otros dicen que es ocasionada por la pobreza extrema, la desnutrición, los ranchos y la desidia de los crónicos irresponsables. Ambos enfoques son ciertos.

Nada nuevo bajo el sol

En los años iniciales de la década de 1970, el científico argentino que no trabajara en “algo sobre el Chagas”, era considerado un traidor a la patria. Y así era tratado, pues se le dificultaba el financiamiento de otras investigaciones. En consecuencia, muchos colocaron al Chagas en su repertorio de futuros descubrimientos. ¿Qué resultado dio aquella política de Ciencia y Tecnología (CyT)? Escasos o nulos logros. De centenares de proyectos para evitar o curar el Chagas, sólo pervivieron los representados por los dedos de una mano.
En aquella época, la Argentina tenía unos tres millones de chagásicos. Pasadas varias décadas, persiste el mismo número de enfermos y en la misma geografía; hay además unos dos mil bebés con “Chagas congénito” (contagiados por la mamá). En la región son unos seis millones los enfermos y, cada año, doce mil (12.000) las muertes y veintiocho mil (28.000) los nuevos casos, la mayoría de éstos, en menores de catorce (14) años, pero, sobre todo, en menores de cinco (5) años de edad.
Se dice que hay preocupación en la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud. En los congresos se sigue hablando de “metas de erradicación…”, lo mismo que en las décadas de 1970, de 1960, o de 1950 (¡!). Pero el combate al Chagas sigue prefiriendo la más rentable fumigación de ranchos, contra vinchucas y contra todo lo que está cerca, y algún dudoso tratamiento con el parásito ya metido en el cuerpo del niño o recién nacido. Mientras tanto, no han cambiado las bases sociales que mantienen e intensifican el azote.

¿Chagas o calvicie?

Esta pregunta Hamletiana tiene una vigencia no siempre reconocida porque para responderla se debe considerar que la eventual solución de la CyT para el Chagas estaría destinada a millones de personas del Tercer Mundo que no podrían pagarla. Mientras, el resultado de investigar la calvicie, las arrugas o la disfunción eréctil es adquirido ávidamente por cientos de miles de personas del Primer Mundo con capacidad económica.
La ciencia empresarial sólo invierte en proyectos que proporcionen rentabilidad y estén centrados en la minoría poblacional que tiene resueltas sus necesidades básicas. Y, por la misma razón, los sabios de esas compañías no invierten en antibióticos para microbios resistentes.
Hoy, las llamadas “Enfermedades Raras” (frecuencia de 1:20 mil a 1:200 mil habitantes) tienen prioridad en la CyT moderna, lo cual no está mal. Pero el financiamiento con fondos públicos debería contemplar enfermedades evitables –como el Chagas–, que permanecen precarizadas desde hace décadas porque los intereses de CyT, organizaciones sanitarias,
fundaciones y Estados nacionales no son seducidos por las escasas ganancias de menos prestigiosas y poco rentables patologías.

Chagas en el Primer Mundo

Hace años, el prestigioso American Sociological Review evaluó artículos publicados entre 1936 y 1982. En ese lapso ocurrieron: Gran Depresión, New Deal, avance neoconservador, Segunda Guerra Mundial, guerras de Corea y de Vietnam, movimientos por derechos civiles y de la mujer, varios magnicidios, Panteras Negras, movilizaciones pacifistas, asesinatos de John F. Kennedy, de Robert Kennedy y de Martin Luther King, etcétera.
Durante ese medio siglo, sólo el 5 por ciento (5%) de los artículos trató alguno de los temas mencionados. Y, de novecientos veinticuatro (924) artículos en tres (3) de las principales revistas de ciencias políticas de EE.UU., sólo uno abordó el tema de la pobreza, tres trataron sobre la crisis urbana y sólo uno analizó la Guerra de Vietnam. El que atrajo mayor atención fue “el modo en que los norteamericanos construían sus parejas” (¡?).
No debería sorprender que hasta años recientes los Journals biomédicos del Primer Mundo no se interesaron en enfermedades “exóticas” como la Enfermedad de Chagas, aunque afectara a millones de personas al sur del Río Grande. Sin embargo, el fenómeno migratorio ha cambiado este paradigma estimulando interés (y preocupación) por una enfermedad que se hace “propia” en el Hemisferio Norte. Desde 1970, el crecimiento exponencial de migrantes hacia el norte es paralelo al número de artículos sobre el Chagas publicados en los EE.UU. y en el mundo.
El interés por una enfermedad “exótica” surgió cuando dejó de tener este carácter, sobre todo después que se detectó su presencia en sitios como el Bronx neoyorkino, Madrid o Paris. Mientras tanto, la población negra Africana y morena Latinoamericana sigue muriendo de muchas enfermedades evitables, entre otras el Mal de Chagas.

Bibliografía

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Navarro M., Monge-Maíllo B., Flores-Chávez M., López-Vélez R. (2017). Hunting hidden parasites. Trypanosoma cruzi. The Lancet 390: 724-726.
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Russel J. (2000). The Last Intellectuals. American Culture in the Age of Academe. Basic Books. New York.

Autor(es) del contenido

Roberto Rovasio

Profesor Emérito de la Univerisdad Nacional de Córdoba. Ex Investigador Principal (CONICET).

Médico, Doctor en Medicina, Técnico de Laboratorio, (UNC). Docteur d’Université, Paris Nord-XIII, Francia. Ex Director del Centro de Biología Celular y Molecular, FCEFN, UNC, Argentina.

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