Salud global, hipocresía y negocios

Salud global, hipocresía y negocios

17/05/2022

El reciente Premio Tyler (equivalente al Nobel en asuntos ambientales) fue otorgado a Andy Haines: “Por su contribución a la comprensión del cambio climático sobre la salud, su liderazgo en la convergencia entre salud pública y salud planetaria, y por guiar a profesionales sanitarios y científicos hacia la salud ambiental en el siglo XXI”.

Sobre este galardón, el editor Richard Horton señaló en la revista científica The Lancet que “en medio del caos global puede haber momentos de claridad y justicia”. Pero su análisis también expuso el candente tema del fin del multilateralismo y la globalización, en un reciente seminario sobre salud global y seguridad económica de la Escuela de Economía de Londres (LSE, por su sigla en inglés).

Réquiem para la OMS

Aunque en muchos foros se aconseja fortalecer instituciones sanitarias internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay poca posibilidad de cumplir esa expectativa por el escaso interés en agencias supranacionales. Lo mostró Donald Trump cuando, en plena pandemia, retiró el aporte destinado a cubrir nada menos que el 22 por ciento del presupuesto de la OMS.

En este sombrío panorama, los economistas exigen rendimiento de inversiones en objetivos no nacionales y los políticos priorizan intereses locales sobre los valores globales. También lo demostró Canadá al acopiar vacunas anti-Covid que exceden lo necesario para vacunar a toda su población, mientras 43 países del mundo no llegan al 20 por ciento de vacunados.

¿El FMI, “autoridad sanitaria”?

El fenómeno Covid-19 es globalmente conocido, por sufrirlo o por intentar escapar del mismo. Pero si se pregunta a los economistas qué organización internacional es más respetada por los políticos, suelen responder al unísono: el Fondo Monetario Internacional (FMI). Hace dos semanas, el FMI publicó un paper titulado: “Una estrategia global para gestionar los riesgos a largo plazo de Covid-19″.

Allí, el FMI declaró que “el Covid-19 estará con nosotros un largo tiempo y hay escenarios diferentes sobre cómo podría evolucionar”. En una típica jerga de consultoría, a través de sus 26 páginas, ignoró un aspecto básico de la pandemia: la destrucción que produce el virus sobre las bases del abandono de enfermedades no transmisibles y la explotación de la desigualdad.

En el citado paper, el FMI propuso “un enfoque unificado para reducir los riesgos globales”, pero desconoció que las políticas se deben centrar en la salud poblacional y en sus determinantes sociales. El FMI, en una visión estrecha y malsana de la pandemia, apoya el discurso sobre la necesidad de “instituciones multilaterales con soporte político de alto nivel”, pero ignora un genuino apoyo a la OMS como una de esas instituciones.

¿Alguien necesitó que los burócratas bien-pagos del FMI digan esas obviedades? El trabajo concluyó pidiendo 15.000 millones de dólares para 2022 (para luchar contra el Covid-19), y 10.000 millones de dólares anuales adicionales para prepararse mejor para futuras pandemias. Si el decepcionante documento del FMI es la apoteosis del pensamiento multilateral, no es de extrañar que el multilateralismo esté en problemas.

Covid-19 y negocios

En todo el mundo se producen unos 6 millones de nuevas infecciones, con más de 6.000 muertes diarias, y el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) estima que, entre abril y agosto de 2022, habrá más de 400.000 muertes adicionales. Con países que aún no llegan al 10 por ciento de vacunados: ¿qué se espera? ¿Se levantarán muros a su alrededor? Para esta solución, hay varias experiencias y también empresas dispuestas a construirlos.

El Panel Independiente de Preparación y Respuesta ante Pandemias (IPPPR) publicó hace un año, importantes recomendaciones para manejar el Covid-19 a largo plazo, pero son ignoradas por la comunidad empresaria supranacional que “espera superar el coronavirus”, mientras sigue haciendo buenos negocios.

El último informe de Oxfam Internacional sobre la desigualdad determinó que, durante la pandemia, las diez personas más ricas del mundo duplicaron su riqueza al ritmo de 1.300 millones de dólares por día. Si hoy esos hipermillonarios perdieran el 99,99 por ciento de su riqueza, seguirían teniendo más que lo que tiene el 99 por ciento de la población planetaria. Cifras difíciles de comprender y asimilar para simples mortales.

Pero más que números, significa que “ellos” controlan los recursos que el resto del mundo necesita para sobrevivir, desde salarios (o su ausencia) hasta el medioambiente. Y casi nunca rinden cuentas porque, más que dominar al mercado, ellos “son” el mercado. El lado bueno del Covid-19, para el que quiera verlo, es haber desenmascarado mucha inequidad.

Este año, la Asamblea Mundial de la Salud informaría sobre los progresos en pandemia. También se anticipó una fuerte acción en la Asamblea General de la ONU de septiembre.

Por su parte, la pan-europea Comisión Monti (PECHSD), concluyó que una mejor salud sólo se logrará mediante el compromiso con el desarrollo sustentable. Y su recomendación más importante fue que el Grupo de los 20 (G20) debe crear una Junta Global de Finanzas y Salud, asegurando coherencia política entre ministros de Salud y ministros de Finanzas. Una irónica paráfrasis, podría ser: “¿Mundo, año verde?”.

Autor(es) del contenido

Roberto A. Rovasio

Roberto A. Rovasio

Profesor Emérito de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Ex Investigador Principal del CONICET. Médico, Doctor en Medicina, Técnico de Laboratorio por la UNC. Docteur d’Université, Paris Nord-XIII, Francia. Ex Director del Centro de Biología Celular y Molecular de la Faculturad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNC. Actualmente, jubilado y comunicador científico. 

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