«Rodolfo Alonso: vivir es rotundo» por Jorge Monteleone

«Rodolfo Alonso: vivir es rotundo» por Jorge Monteleone

El reconocido escritor y crítico literario Jorge Monteleone comenta el libro Lengua viva (Eduvim, 2014) del gran poeta argentino Rodolfo Alonso. Excusa para hablar de las formas en que poesía y vida se fusionan en esta ineludible voz de las letras iberoamericanas.

Hace mucho tiempo que la vida acontece en la poesía de Rodolfo Alonso. Hace mucho tiempo que la vida aparece manifiesta en la poesía de Rodolfo Alonso, como si la poesía misma fuera el sentido intrínseco de la vida, o como si la vida tuviera su ser implícito en la lengua poética que la vuelve viva. No porque la vida no sea redundantemente viva, sino porque la vida vive como un incremento de sí misma en la medida en que es nombrada. Pero a la vez el que nombra es el poeta, que vive y posee un cuerpo que la vida atraviesa: así la vida respirada es también la vida como nombre y hálito, como si cada palabra fuera una respiración. La vida es vida porque se vuelve palabra, pero se vuelve palabra porque alguien la vive nombrándola. “Hablar —escribe Rodolfo Alonso— es la riqueza de mi cuerpo”, “Una palabra emerge / crece vibra / y ocupa su lugar / en el espacio // Pero en el centro / ávido / de ese espacio / que la irisa / y que la hace / enriquecerse / no hay sino cuerpo // Cuerpos / que irrigar, no / enrigidecer”. Así la palabra encarna la vida y la vida es palabra encarnada. La palabra encarnada no como verbo divino, sino como testimonio. La palabra es lo que la vida atestigua, el modo en el que la vida misma se vuelve testimonio. Y lo que testimonia es lo que vive viviendo en la palabra que un cuerpo nombra.

La poesía es entonces lengua viva —el nombre de esta compilación— en cuanto la vida se torna poesía. Escribí hace unos años que la vida es el espacio donde la poesía de Alonso tiene lugar. “Tú confirmas la vida con tu voz” escribió en su primer libro. La vida confirmada en la voz es para Rodolfo Alonso la voz poética. “La gran vida” es el título de un poema de su segundo libro. La gran vida es para Alonso esa suplementariedad, esa exageración de lo vivido que se halla en los hechos transfigurados en el poema. “La vida no da más de lo que se le pide” escribió en el tercero. Y lo que Rodolfo Alonso le pide a la vida es el poema. Tituló a su antología de 1952 a 2008: La vida entera. El primer libro incluido en Lengua viva se llama Señora Vida (1979). No me parece, decía, un lugar común ni una casualidad. La noción de vida lleva al poema de Alonso el acontecimiento. La poesía de Rodolfo Alonso es una poesía donde lo que acontece, lo que se halla pendiente del tiempo, se transforma, por vía poética, en un acontecimiento. Por eso su poesía produce un curioso efecto: los poemas parecen a la vez un artefacto, es decir, un objeto más agregado al mundo donde el artificio es ostensible —es decir, se halla alejado de la vida— y a la vez tienen el aire casual de aquello que simula un jirón del mundo, un fragmento dicho al pasar, como si fuera un diario —lo periódico, la circunstancia elevada a una categoría epifánica. La vida es lo que acontece y como tal se transforma en una presencia insoslayable, que el poeta de pronto, ve.

En “La canción de las hojas”, del segundo libro de esta compilación, Sol o sombra (1981) se lee: “Vida que se desvive / por vivir, vida viva, / maravilla sedienta / coronada de ecos. // Cada murmullo late / atento a cada hoja, / silencio suspendido / por una boca eterna”. Pero me interesa un contraste no dicho en ese libro. Los poemas incluidos están fechados entre 1979 y 1981. Es decir fueron escritos durante la dictadura argentina más sangrienta de la historia. La poesía argentina no solo es testimonio de la vida, sino un síntoma de la historia. Y en ese libro hay inflexiones que dicen —como lo hicieron todos los poetas de la época— lo que no se puede decir. Hay un poema muy breve, “Soy escrito”, que reza: “Escribo soy escrito / lenguaje mi país  // Me baño en una lengua / donde se lava el mundo.

¿Cómo era posible escribir poesía en esos años? ¿Cómo era posible escribir, lo dije muchas veces, con una lengua culpable? Del único modo en el cual la poesía puede tener lugar. Si no puede tomar la palabra del desaparecido, hablar por él -un ejercicio de la vergüenza, como pensaría Agamben, ser testigo en la medida en que hablo por otro que no está- al menos saneará la lengua, la poesía escribe al sujeto y al país y en ese escribirse lava el mundo, como las aguas lustrales de un origen o un bautismo. Usa la lengua para nombrar lo que está interdicto, usa, con la lengua oral de su país, lo que no existe, como en “Oratoria de un hombre confuso”: “La libertá es redonda / fecunda indeseable nutritiva / pequeña amartillada // La libertá es temible // La libertad se ve como se palpa / rugosa primitiva // La libertá andrajosa / en la penumbra desollada”. Y si la poesía es la vida, lo que es en la medida en que puede decir la palabra libertá en la lengua materna en medio de la penumbra desollada. Y si la poesía solo puede encarnarse en un cuerpo, lo que nombra en la penumbra es un cuerpo desollado. La poesía es así luz para la sombra -así se llama el libro: Sol o sombra-, la poesía es disyunción respecto de la sombra. Sol: “recuerdo con auténtico dolor tanto garguero hendido, tantas vísceras víctimas de su llama, tanto hígado corroído por el vino común, tanto viento pasado. Y el sol, feroz, cuartea la tierra. Y esas hojas que vuelan en la brisa contra el opaco cielo ni siquiera dan sombra” se lee en “Discépolos”. Pero también la poesía es testimonio de la sombra y puede leerse solo sombra. Así la poesía cuando nombra lo que ella no es también es un ejercicio nutricio de resistencia: la poesía como negación. Dedicado a Herman Melville, que hacía decir a Bartleby que preferiría no hacerlo, en este libro el poeta dice NO, afirma el NO: “Afirmarse en el no, ahondar el no, pulirlo, el no limpio de polvo y ambición, el positivo no, el no pequeño atronador, cara de hombre, altura de hombre, tan vivo como un álamo, un arroyo, una foca”. Ahora el NO es la afirmación de la vida, el no del poema hace la vida sustantiva en nombre de la libertá.

En el tercer libro, Jazmín del país, la poesía aparece como lo contradictorio: “Bajo el bárbaro cielo / la despiadada noche // Los rescoldos del miedo / inspirando al horror // Comidos digeridos / por la ávida nada // El ojo insobornable / que tiembla en el vacío”. La poesía como el ejercicio soberano contra la muerte, como esos dos versos puros levantados del poema “Anti-funeral”: “Fiera vida feroz / y ferozmente amada”.

En la poesía de Rodolfo Alonso el vivir es rotundola libertá es redonda. Esa palabra rotundo, también es redonda y tiene la misma raíz: redondo es lo que también rueda, rota, lo que circula, lo que se mueve, muta, avanza. El no progresista es aquello  que no afirma la inmovilidad, lo que está quieto: “Estaba yo tan hondamente / desorientado y angustiado, / desanimado y aún confuso, / que alguien me dijo: “Quédate / quieto y sólo deja, / oye a la vida fluir en ti. // ¿Pero es que entonces fluye / la vida, todo fluye / y ha de quedarse quieto uno?” pregunta un poema del primer libro, “En el mismo río”. La respuesta es la propia poesía de Rodolfo Alonso. La poesía de Rodolfo Alonso es profundamente dinámica, pero como manifestación orgánica de la vida mutable. Y si esos poemas escritos entre 1968 y 1979 reconocían la vida hasta en la muerte, los poemas de los dos libros siguientes, Jazmín del país y Música concreta son la manifestación yo diría la asunción de la potencia poética. No se trata sólo del vivir rotundo, sino de la vida poética misma, de la capacidad de vivir poéticamente. La poesía, no como una moral, sino como una ética. Pero no se trata de una ética referida a la institución de lo social, aunque se manifieste en ese espacio, que es el espacio de intercambio simbólico de la palabra. Se manifiesta en un mas allá de la lengua que es otra vez el espacio de manifestación de la vida: es la vida en el mundo. La poesía nombra la vida encarnada en el mundo. Y al hacerlo ilumina súbitamente las caras, como la de Espartaco, en el agon de la libertad: “Por un momento / el preciso relámpago / rasga esta selva oscura // Alumbra un rostro de hombre / ojos de un fuego inmenso / el momento preciso”.

Así el poeta atestigua la vida que acontece como un relámpago en la redención del instante.”Immortale é chi accetta l´istante” es el epígrafe de Pavese que cita Alonso en el poema “Pavese como Ovidio”. Ese instante, que relampaguea en la historia, es aquello que la poesía va a nombrar incesante. Y en ella, en la voz y la palabra, pasa así todo el mundo, y pasan también las cosas ardidas, y el fresno y el ave: pasa también el nombre de todas las cosas, como incandescencias, como fuga estelar, como reverberación y rumor. No hay olvido en la poesía aunque sea olvidada e ignorada, como le reza al Leteo: “Intensa invicta insomne / inquietante invisible / invasora invadida”. Y ese nombrar es colectivo, nunca individual. Rodolfo Alonso sabe que al nombrar el árbol, como el joven fresno, nombra también el coro de las voces que miran, donde se halla la huella de la vida: “Fiel rastro de lo vivo / primavera insaciable // El joven fresno estalla / y alguien cree que resurge // ¿En el cuerpo del habla / florecerán las voces?”. La poesía en la vida se despliega en el mundo a través del nosotros:

¿Nosotros?

nos otros

nuestros otros

nosotros somos otros

somos el otro nos

somos el otro

somos el otro nuestro

el otro es nos

el otro es nuestro

no sin otros

nuestros

nuestros nos

nuestros nosotros

nuestros otros nosotros

no es otros

nuestro otro

el nos es otros

en el desierto refulgente

estrepitoso y trepidante

en el lago de sed

en el hambre lujosa

la tumba sin silencio

El libro Música concreta renueva esa profesión de fe, pero por algo que nos conmueve y nos convoca. La vida del poeta Rodolfo Alonso. Todos podemos atestiguar que la vida de este poeta es la de una vida poética, que su vivir rotundo es una vida dedicada a la poesía. La música se vuelve concreta en este cuerpo que la profirió: la vida es así corporal y personal, halla en el nombre de Alonso una de sus encarnaciones. Rodolfo Alonso, como el sujeto de su poema, “Ha dicho”:

He dicho

A la sombra del miedo

ante los vastos rumbos

bajo cielos gigantes

he dicho

Con muchísimo gusto

contra la inmensa muerte

de una cierta manera

he dicho

Desde el lugar común

en medio de la lluvia

entre tanto entre todos

he dicho

Hacia los grandes vientos

hasta que el día llegue

para ser uno mismo

he dicho

Por hacer compañía

según ruedan los astros

sin pensarlo dos veces

he dicho

So pena de penar

sobre las propias huellas

tras las huellas de muchos

he dicho

Así el poema predica y se predica atravesando el vacío, el desierto, incluso la nada. Así el poema reproduce en el tiempo la vida vivida como rumor del mundo. Arroyo, río, yo: el tiempo que fluye en la vida del poeta se arremolina en el poema como una piedra, o como el guijarro que se vuelve perla en la ostra. Esa voz que es de todos y de nadie, que es la voz de la vida y el rumor del mundo, atraviesa el cuerpo del poema y al decirla, se dice: “Es una voz de aliento, que se siente muy cerca y llega desde lejos. Hija del cielo y de la sierra, de las ramas y del agua, de la piedra y el pájaro, en la ciudad ajena y estruendosa, inhóspita e indócil, se hace un íntimo río que nos impregna y transcurre desde siempre, en la mirada y su memoria.”

Ese vivir rotundo halla en el cuerpo del poeta el tiempo como un hiato: el poema de cada poeta obra en ese hiato de la vida con fondo de muerte. Todo poeta sabe íntimamente que su ejercicio adamantino contra la muerte es una garantía de que un día su voz de vida será la voz de un muerto, y ese fantasma todavía proferirá la vida, la vida misma, toda la vida clamando en el desierto. Esta poesía es el aquí y ahora de todos los tiempos, los mundos, en el nombrarse a sí misma de la vida en el poema. Cada poeta, todo poeta, Rodolfo Alonso, dirá como en el poema “Entretanto”: “He conducido mi cuerpo hasta aquí / Lo que me ha conducido ha conducido // Me ha conducido mi cuerpo hacia mí / Me ha conducido la muerte hasta mí”.

Y, con esa condición inexorable de cada palabra encarnada y dicha, con la sabiduría de advertir que “Todavía / hay sol, dioses y olvido”, asimismo Rodolfo Alonso dice el extraordinario poema “Tormenta de Qumrán”, llega del desierto la evidencia desmesurada del viento, llega esa palabra del viento como una borrasca, llega una palabra de la vida como algo santo, el verbo que se hace carne incesantemente en la duración del mundo, la vida que se empecina, la alegría del habla: “Del viento del desierto, saludable, / incómodo, inmortal, sólo podía / esperarse algo santo: el espesor / ácidamente vivo de la verdad / desnuda”.

Este artículo fue especialmente escrito para el Periódico de Poesía de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde fue publicado en noviembre del pasado año. Acceda al artícul original desde aquí.

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Sobre Jorge Monteleone. Profesor en Letras (UBA). Escritor, crítico literario y traductor. Investigador en el CONICET. Obtuvo 2 veces la beca del DAAD, otorgada por la República Federal de Alemania, como docente e investigador en la Universidad de Köln. Especialista en poesía, en particular argentina, y en la teoría sobre el imaginario poético. Publicó doscientos ensayos críticos. Desde 1991 ejerce el periodismo cultural en medios gráficos de Buenos Aires y La Plata. Participó como Director o Secretario de redacción en revistas académicas (Boletín de reseñas bibliográficas y Zama, del Instituto de Literatura Hispanoamericana, UBA). Con María Negroni, dirigió la revista de poesía Abyssinia. Publicó: Ángeles de Buenos AiresEl relato de viaje. De Sarmiento a Umberto Eco; Puentes / Pontes. Antología de la poesía Argentina y brasileña200 años de poesía argentina. Tradujo Eva Perón, de Copi y trabaja en El nómade, correspondencia y biografía crítica de Rimbaud.

Sobre Rodolfo Alonso. Poeta, traductor, ensayista y ex editor argentino. Es figura reconocida de la poesía iberoamericana. Fue el más joven de la legendaria revista de vanguardia Poesía Buenos Aires. Publicó más de 35 libros. Primer traductor de Fernando Pessoa en América Latina, a la vez primera con sus principales heterónimos en castellano. Junto con Klaus Dieter Vervuert, fueron de los primeros en traducir Paul Celan. Fue prologado por Carlos Drummond de Andrade, António Ramos Rosa, Fernand Verhesen, Juan Gelman, René Ménard, Juan José Saer, Lêdo Ivo, Héctor Tizón, entre otros. Tradujo a muchos destacados autores del francés, italiano, portugués y gallego, Además de Pessoa y Celan, Cesare Pavese, Giuseppe Ungaretti, Paul Éluard, Gillo Dorfles, António Ramos Rosa, Marguerite Duras, Eugenio Montale, Carlos Drummond de Andrade, Jacques Prévert, Sophia de Mello Breyner Andresen, Dino Campana, Guillaume Apollinaire, Charles Baudelaire, Murilo Mendes, Antonin Artaud, Manuel Bandeira, Umberto Saba. Rosalía de Castro, Paul Valéry, Olavo Bilac, Stéphane Mallarmé, Pier Paolo Pasolini, André Breton, Lêdo Ivo, Georges Schehadé, Machado de Assis, René Char, etc. Editado en Argentina, Bélgica, Colombia, España, México, Venezuela, Francia, Brasil, Italia, Cuba, Chile y, en breve, Galicia e Inglaterra. Escribió textos para cine, como el célebre corto metraje Faena. Suele escribir sobre artes visuales, y sus libros fueron ilustrados por grandes artistas argentinos: Libero Badii, Alfredo Hlito, Juan Grela, Clorindo Testa, Rómulo Macció, Rogelio Polesello, Guillermo Roux, Miguel Ocampo, Josefina Robirosa, etc. Entre otras distinciones recibió: Premio Nacional de Poesía; Orden Alejo Zuloaga de la Universidad de Carabobo (Venezuela); Premio Konex de Poesía; Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía; Palmas Académicas de la Academia Brasileña de Letras; Premio Único de Ensayo Inédito de la Ciudad de Buenos Aires; Premio Festival Internacional de Poesía de Medellín (Colombia); Premio Rosa de Cobre de la Biblioteca Nacional. La Universidad de Princeton se hizo cargo de su archivo personal (epistolar y fotográfico), en proceso de catalogación. En París, Éditions Gallimard acaba de publicar Correspondance (1952-1983), que lleva su prólogo: René Char et nous; y Éditions Caractéres La lumière et les cendres / Milonga pour Juan Gelman, de Jacques Ancet, bilingüe, con su traducción castellana y prólogo: Avec Juan, sans JuanLengua viva es su primer y hasta el momento único trabajo publicado por Eduvim, donde además dirige la colección La gran poesía.

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