Peiró sobre "Cómo yo gané la guerra"

Peiró sobre "Cómo yo gané la guerra"

El humorista gráfico, ilustrador e historietista, Peiró (Manuel Peirotti) escribió el prólogo de Cómo yo gané la guerra, de Pepe Angonoa y Javier Solar que compartimos a continuación:

Las crónicas de guerra son un rubro establecido desde hace mucho tiempo en el mundo de la historieta. Mi generación, aquella que entró en la adolescencia durante la posguerra de los cincuenta, se nutrió de esos relatos –llámeselos cómics, fumetti, BD o lo que sea– inspirados en el catastrófico evento de la Segunda Guerra Mundial, y, en algunos casos, en la de Corea. Derrochaban imágenes de acción frenética, plagadas de onomatopeyas anglofónicas: ¡BANG!, ¡RAT-TAT-TAT!, ¡CRACK!, ¡KA-BOOM!, y otras varias. En general, prevalecía el tono heroico, rimbombante, y para nosotros estaba bien; era a lo que nos tenía acostumbrado el cine, y todos los aficionados sabemos que el cine es historieta filmada y con sonido. O a la inversa, que la historieta (mi generación no se resigna a llamarla “cómic”) es el cine del que prefiere –o solo cuenta con– papel y tinta para realizarlo. La cuestión es que, hasta el advenimiento del revisionismo de Oesterheld, Pratt y otros que vinieron luego, se daba por hecho que el tono debía ser sangriento y solemne. Hablo de las generalidades, por supuesto.
También hubo parodias, más frecuentes en los años setenta, tanto sobre papel como en el celuloide, porque la guerra de Vietnam nos planteó serias dudas acerca de la “virtud” occidental. Fue la era de M.A.S.H. y otras películas en las que se hacía un despliegue de desparpajo irreverente. La historieta se anotó en esta volada, y al establishment seguramente no le hizo gracia. Por entonces, los veteranos de la guerra contra Hitler eran hombres de la edad que, creo, tiene Pepe Angonoa hoy.
Pepe es uno de esos hombres que durante casi todo el siglo XX no existieron en la Argentina: es un veterano de guerra. Y además, dibujante humorista. Y ahora, para mi sorpresa, un Ernie Pike de la Guerra de Malvinas. Pero un Ernie Pike de carne y hueso, un “yo estuve allí”, un “cómo yo gané la guerra”. En sus propias y sardónicas palabras relata eventos de los que fue testigo, y refrenda la veracidad de lo que relata en forma expresa. No hay en la historia grandes hazañas, épicos combates, arrebatos de ciego coraje. La sencillez del tratamiento contribuye mucho a su credibilidad, y lo grotesco y lo cómico que encontramos en las siguientes páginas no se debe a la inventiva de Pepe, sino a su estilo de relatar lo que realmente ocurría. Ha evitado toda sensiblería, toda heroicidad. Por el contrario, se muestra a sí mismo como una especie de juguete de los dioses, impotente –como sus compañeros– para modificar el desarrollo de los acontecimientos. Al igual que los soldados de todas las guerras habidas y por haber en el mundo. Tampoco se lee la falsa modestia del que insinúa protagonismo en actos de arrojo sin describirlos, ni se burla de los que indudablemente hubo. No demoniza al enemigo, ni ridiculiza a sus camaradas de armas, ni asoma en los cuadritos resentimiento alguno. Acompañado por las efectivas ilustraciones de Javier Solar, Pepe Angonoa ofrece un vívido testimonio lleno de piadoso humor.
Y eso basta.

Peiró
Córdoba, febrero de 2017. 

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