Parafraseando el fascismo | EDUVIM

Parafraseando el fascismo

Parafraseando el fascismo

19/06/2019 Fotografía de Umberto Eco

El término fascismo, aplicado usualmente tanto a derechas como a izquierdas, se libera de su aparente ubicuidad conceptual cuando se profundiza en su caracterización. Así, en una muy difundida conferencia que Umberto Eco ofreció en los años noventa, el filósofo-semiólogo calificó el término fascista como “muy adaptable” ya que es posible quitar de un régimen fascista alguno de sus elementos o agregar otros y siempre podrá reconocerse el fascismo.1 Para calificarlo, no todas sus características deben estar presentes en un mismo sistema político; por el contrario, para Eco es suficiente encontrar solo una de ellas para reconocer lo que denominó “nebulosa fascista”, “fascismo eterno” o “ur-fascismo”.

El tradicionalismo radical es quizás el elemento básico del fascismo, enraizado en la cultura griega tardía como reacción contra el racionalismo clásico. Esta característica, pretendiendo ser sincrética en su discurso –a menudo asociado a lo “new age”–, se desenmascara cuando, en los hechos, se acepta que la verdad ya fue anunciada por los pensadores tradicionalistas y lo único que queda es seguir interpretando su oscuro mensaje.

El rechazo a la modernidad, asociado a lo anterior, emerge de una declamada adhesión a lo técnico-tecnológico, al tiempo que disimula una genuina ideología basada en “la sangre y la tierra”. El rechazo al mundo moderno está usualmente camuflado por la condena de la vida capitalista y el repudio a la Ilustración y a la Edad de las Luces, en defensa de un embozado irracionalismo.

El culto a la acción sin reflexión deriva de lo anterior y se funda en el no-pensar y en la sospecha sobre el mundo intelectual que, para el talento fascista, es responsable y culpable de haber abandonado los valores tradicionales.

El miedo a la diferencia es el primer reclamo proto-fascista, en oposición al pensamiento crítico, en contra de los intrusos, de los distintos, de los diferentes; cuna del racismo, la misoginia, el machismo y la homofobia. En vez de utilizar el desacuerdo como un instrumento para el avance del conocimiento, el fascismo asume en disenso como una traición.

El sentimiento de frustración individual o social, base de cierto post-modernismo, nutre tanto a las clases medias asustadas por la presión de los grupos sociales subordinados como a las clases quasi-proletarias espantadas por el lumpenaje excluido, nuevas mayorías en donde el fascismo encuentra sus aportantes acólitos.

La carencia de una identidad de cualquier tipo facilita al fascismo otorgar el privilegio de una “identidad nacional”, con frecuencia seguida por la xenofobia que alimenta la sensación de complot internacional o vernáculo. En ambos casos, los seguidores se sienten humillados por la riqueza y/o el poder de sus enemigos (foráneos o internos) y tratan de convencerse de que podrán derrotarlos; realidad discursiva que generalmente no se realiza por la incapacidad para valorar sus propias fuerzas con objetividad.

La vida como guerra permanente, con una “batalla final” para controlar el mundo, es parte de un anti-pacifismo que pretende una “solución final” para llegar a una Edad de Oro de la Paz. Contradicciones no resueltas, si las hay, lo mismo que las normas del heroísmo y del culto a la muerte. Desafortunadamente, el héroe ur-fascista, impaciente por morir por su causa, consigue con más frecuencia que mueran los demás.

El elitismo aristocratizante y militarista –pretendidamente “popular”–, implica el desprecio por los débiles y los ya mencionados diferentes. Al no existir patricios sin plebeyos, el fascismo basa su fuerza en la debilidad de las masas, que necesitan y merecen un dominador, conformándose un supuesto “elitismo de masa”.

El populismo cualitativo, basado en la idea que el pueblo expresa la “voluntad común”, pero como ningún grupo humano puede tener una voluntad común, el líder se erige como su intérprete. Los ciudadanos son convocados (selectivamente) como “partes para un todo” para desempeñar el papel de pueblo. Hoy, se observa claramente un populismo cualitativo expresado en la televisión, el internet y las TICs como respuesta emotiva de un grupo seleccionado de ciudadanos que se presentan y aceptan como la “voz del pueblo” y, en especial, en contra de todo “lo político”, sobre todo en contra de la forma parlamentaria de gobierno.

Finalmente, no menos importante, la neolengua, con léxico pobre, vocabulario escaso y sintaxis elemental, es un instrumento funcional para limitar el razonamiento complejo y el pensamiento crítico. Los modelos de tipo reality show y muchas interacciones o expresiones entre jóvenes (o no tanto), integrantes del “elitismo de masa”, son apenas ejemplos de la preocupante realidad actual, quizás indicadores que el fascismo puede incrementarse bajo las apariencias más inocentes.

1Eco, Umberto. (2019). Contra el fascismo. [Il fascismo eterno. En: Cinque scritti morali]. Penguin Random House Grupo Editorial. Buenos Aires.

Autor(es) del contenido

Roberto Rovasio

Profesor Emérito de la Univerisdad Nacional de Córdoba. Ex Investigador Principal (CONICET).

Médico, Doctor en Medicina, Técnico de Laboratorio, (UNC). Docteur d’Université, Paris Nord-XIII, Francia. Ex Director del Centro de Biología Celular y Molecular, FCEFN, UNC, Argentina.