Pandemia, transgresión y rol del Estado

Pandemia, transgresión y rol del Estado

11/01/2021

El autor de Ciencia y Tecnología en tiempos difíciles nos compartió el artículo que dejamos a continuación, para conocer más sobre Roberto Rovasio: Click aquí.

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En el sufrido terruño planetario, ¿qué se pudo aprehender de esta pandemia? Una lección sería que, independiente de cómo finalice, se podría esperar que represente la separación entre antes-y-después. Si algo tuviese de positivo (valga la valoración esperanzada), quizás se inicie una etapa "post-neoliberal". Muchos hechos del pasado y del presente apoyan esta perspectiva, como las declaraciones de los impresentables Donald Trump, Boris Johnson y otros colegas europeos, fieles a la falsa dicotomía al priorizar la economía a la salud. O bien, en otra geografía y como parodia de “rudos aprendices”, Jair Bolsonaro, Sebastián Piñera and Company, al subestimar la pandemia como simple gripezinha y proponer vencerla con rezos o tragando tóxicos brebajes, mientras siguen apostando al mercado, sin haber descubierto aun que la economía es una ciencia social (17, 18).

Sin embargo, algo quedó claro en el tiempo pandémico. No es suficiente apelar a la responsabilidad individual, como es evidente en todo el mundo, cuando los buenos deseos son superados por recalcitrantes libertarios de rebaño, proclamadores de “infectadura”, militantes anti-cuarentena y anti-vacunas en una melange difícil de caracterizar. Mientras tanto, la dirigencia de muchos Estados soporta con aceptable eficacia la responsabilidad constitucional de velar por el bienestar de toda la sociedad, aunque a veces se recurra a tibios o hipócritas llamados a la cordura mientras se piensa en los votos de las próximas elecciones.

Primer aniversario de la pandemia

Luego de un año de Covid-19 (Coronavirus disease-2019), caen las falacias del “choque de civilizaciones” (12), de la “muerte de las ideologías” (1), o del “fin de la historia” (4, 5), porque cuando la sociedad tiembla desde sus cimientos, enseña que la historia es impredecible. La actual pandemia pareció diluir las cercanas protestas populares en España, Francia, Chile y EE.UU., entre otros países, haciendo ilusionar al conservadurismo con una pérdida del rumbo movilizador. Pero no es el fin de la historia, por el contrario es un tiempo que puede ser fértil, sin heredadas certezas para ordenar el mundo, sino certezas que se deberán construir con nuevos materiales y con ingredientes recuperados de pasadas narrativas. Lo comunitario y lo solidario son posibilidades que el ser humano deberá asociar con la naturaleza para diseñar nuevos destinos, distintos del egoísta capitalismo (6, 7).

Sin duda, Covid-19 provocó una catástrofe, pero proporcionó la oportunidad de re-pensar el propósito de la sociedad en un mundo fracturado y re-definir lo que significa una nueva normalidad. Además, dejó dos lecciones saludables: La primera, saber quiénes mantienen a la sociedad funcionando, su personal sanitario, vendedores, trabajadores sociales, choferes, docentes, cajeros, policías, personal de limpieza y tanto otros que son ignorados, pero sin ellos la sociedad sería un caos. La segunda, conocer que el sistema social es más frágil de lo que parecía, con derrumbe de la base sanitaria, colapso de la cadena alimentaria, caída del mercado del trabajo y pequeñas empresas, etc. Fragilidad que no sólo es patrimonio de la devastación de países en guerra, sino que se presenta en la intimidad social. Si la pandemia amplifica la desigualdad, será necesario enfocarse en la sustentabilidad social del planeta y minimizar la obsesión por el consumo y el exitismo individualista.

El Coronavirus dañó y movilizó a la población mundial pero, con posibles vacunas en el horizonte, llega el tiempo de hacer una pausa y preguntar: ¿Qué hemos aprendido durante el año 2020? Sin duda, no hemos aprendido mucho de los países asiáticos, que actuaron mejor que el mundo occidental. ¿La razón? Porque la población oriental tiene una impronta sociológica derivada de históricas epidemias de recurrentes enfermedades. Sin vacunas o tratamientos (como ahora con Covid-19), ajustaron las medidas de aislamiento, distanciamiento e higiene (como ahora con Covid-19), y trataron de controlar a las fake news y a los “opinólogos” (como ahora con Covid-19). Así, las poblaciones orientales actuaron y aceptaron directivas del Estado, y éste trabajó diseñando medidas eficientes para controlar la enfermedad (9). ¿Se recuerda cuando en el “culto mundo occidental” se expandía la burla cuando en las noticias de la TV aparecían chinos y japoneses usando barbijo?

Parte de la concientización es reconocer que luego de un año, la pandemia continúa; que las vacunas pueden ayudar, pero se está lejos de poder asegurarlo; que harán falta varios años para “limpiar” este virus; que se deberá vigilar la aparición de mutantes; que la información y educación transmitida debe ser responsable en todos sus niveles (gubernamental, periodística, escolar, familiar); que la prensa hegemónica neoliberal orientada a mantener un statu quo socio-económico-cultural debe ser denunciada. Y, sobre todo, que esto puede ser sólo el comienzo…

Algunos datos

En enero de 2020, la Organización Mundial de la Salud reconoció como amenaza global y el 11 de marzo de 2020, calificó como pandemia la nueva enfermedad Covid-19, producida por el virus SARS-CoV-2 (11, 14, 19). Desde entonces, las noticias abrumaron a los terráqueos en todas las latitudes. Algunos medios periodísticos fueron cautos y objetivos, evitaron la alarma inconducente y el pánico resultante, pero la prudencia de esos informes se mezcló con la enorme producción de otros medios que en todos los formatos y soportes, informaron de manera poco discreta y fundamentada sobre situaciones cuasi apocalípticas, sobre el próximo tratamiento, la inminente disección molecular del virus, el desarrollo de vacunas o la prioridad de salvar la economía. Noticias muy “noticeables” pero poco significantes de una realidad frecuentemente presentada por “expertos panelistas” que, con tono erudito, buscaron sacar partido para sus no disimulados intereses subalternos, menos científico-sanitarios que políticos-partidarios. La idoneidad, la seriedad y la ética de lo científico y de lo periodístico no siempre nadan en el mismo andarivel.

El estudio de datos pandémicos cuantitativos es complejo por su cantidad, dispersión, diversidad y confiabilidad. Sin embargo, es posible realizar una razonable selección y obtener resultados aceptables tomando países representativos y tiempos equidistantes, con parámetros que brinden una aceptable comparación y con datos extraídos de fuentes razonablemente confiables (20). El número de fallecidos por millón de habitantes es un parámetro aceptable que sólo exhibe una falsa paradoja en países con muy alto (China) o muy bajo (República de San Marino) número de habitantes. En la mayoría de los países intermedios, las cifras son representativas del estado general de la población.

En Eurasia, encabezan la desafortunada carrera Francia, Italia, España y Suecia (entre otros), mientras Alemania y Rusia muestran una mejor posición, y Finlandia y Noruega tienen cifras más favorables (Fig. 1 A). En América, EE.UU., junto con Perú y México (no mostrados), lideran la cifra de fallecidos por millón de habitantes, siguiéndoles de cerca Chile, Brasil y Argentina; éste último, con proporciones aceptables en los primeros meses de la pandemia, la curva luego se hizo ascendente hasta casi igualar a los primeros. Por su parte, Uruguay y Cuba, junto con Nicaragua y Venezuela (no mostrados), exhiben menor proporción de fallecidos (Fig. 1 B). Al momento de escribir estas líneas (10 enero 2021), sobre el total de países del planeta (220), Argentina ocupa el 12° lugar tanto en el total de infectados como en el total de muertos y el 22° lugar en la proporción de muertos por millón de habitantes (20). [Nota: En ambos gráficos, los datos en el eje Y se expresan en escala logarítmica, significando que pequeñas diferencias en la altura de los datos corresponden a grandes diferencias en números reales. Como ejemplos comparativos, se indican algunos números absolutos].

¿Segunda ola?

Luego del brote en China, la Covid-19 se expandió rápido por todo el mundo en una grande y prolongada “primera ola” (19, 21). En aquella temprana época (abril 2020), también se advirtió la posibilidad de una “segunda ola” debido a la relajación prematura del distanciamiento social, la liberalidad de la población y la menor trazabilidad de los contactos (13).

Ahora bien, el “efecto segunda ola”, ¿es algo nuevo?, No. ¿Fue anunciado?, Si. ¿Hay antecedentes?, Si. Por ejemplo, durante la anterior pandemia, en la Europa de la mal llamada Gripe Española, hubo una primera ola (suave) entre marzo y julio de 1918, una segunda ola (más grave) en agosto, y entre setiembre y diciembre produjo la mayor parte de 50 a 100 millones de muertos de esa pandemia. ¿Por qué se produjo la segunda ola? Básicamente por falta de aislamiento social y de cuidados higiénicos. ¿Por qué? Porque estaba en pleno desarrollo la Primera Guerra Mundial y el número de muertos por la gripe sobrepasó los provocados por las balas, bombas y gases.

Actualmente, se dice que la segunda ola (hasta una tercera), se estaría desarrollando en muchos países y los presupuestos de su anticipo parecen haber sido acertados, siguiendo el denominador común de la relajación de las conductas higiénicas y de las medidas restrictivas en los contactos sociales (8). Si se observan los gráficos de las Figuras 1A y B, es claro que se trata de una enorme, prolongada y única ola que va abarcando demasiado tiempo y que responde a los mismos mecanismos que en la Europa de 1918/19 mató a tantas personas. La ventaja actual es que el mundo no se encuentra en ese tipo de guerra, aunque parece que casi nadie lo nota.

Política de gobierno y conducta ciudadana

La Salud Pública como disciplina surgió en el capitalismo del siglo XVIII y se proyectó a la política como instrumento del poder económico-laboral, al menos en opinión de Michel Foucault (1926-1984). La mejor condición laboral fue una herramienta para aumentar la producción, y apoyó un nuevo concepto de gobierno al incorporar la economía, primero a nivel familiar, luego enfocado a la población como unidad de política económica. Y así, según Foucault, la población se convirtió en el fin último del gobierno (10).

Hoy, la acción del poder sobre la población se proyecta en acciones que necesitan de legitimación científica. Sin embargo, los gobiernos siguen viendo la salud pública como base para aumentar la economía productiva del Estado y la salud se convirtió en un problema político que exige control político. Es decir, el cuerpo humano como realidad biopolítica y la salud pública como estrategia biopolítica. Así, la investigación biomédica, integrante fundamental de la salud pública, se convirtió en un objetivo de desarrollo económico y social, con una creciente interdependencia entre el sistema de CyT y el sistema sanitario (10).

La llegada de la Covid-19 permitió descubrir formas siniestras de enfrentar la pandemia. Se suele aceptar que los viejos son socialmente menos valiosos que los jóvenes y –por acción u omisión– se sugiere que éstos últimos arriesguen su salud para proteger las economías. Y mientras los gobiernos tratan de controlar el comportamiento social, la Covid-19 parece dirimir el reparto del poder en la sociedad: gobierno central vs gobierno local, gobierno nacional vs gobierno provincial, jóvenes vs viejos, ricos vs pobres, blancos vs negros, nativos vs inmigrantes, salud vs economía. Pero, quienes trabajan en salud pública –desde el investigador básico hasta el chofer de ambulancia– no parecen verse a sí mismos como instrumentos de un estado capitalista porque consideran la salud como un valor absoluto que se debe defender, y no perciben que con frecuencia la medicina y la salud pública son cooptadas para mantener el poder del sistema neoliberal. Aunque se considera que la lucha por la salud es por la dignidad, libertad y equidad del ser humano, no siempre se cuestiona al poder político y sus efectos sobre la verdad, ni a la verdad y sus efectos sobre el poder político (10).

Si algunas decisiones para luchar contra la Covid-19 protegen más a la economía que a la salud pública, ¿qué se puede hacer? Si la salud está controlada por líderes elegidos democráticamente y se desean otras políticas, otros líderes deben ser elegidos mediante un trabajo quizás demasiado lento y parsimonioso. Si los científicos de la salud pública quieren a hacer una diferencia, deberán seguir haciendo ciencia pero también deberán atreverse a hacer política, que no es una mala palabra.

La Covid-19 ha mostrado que, desde reunir evidencias científicas hasta implementar acciones en salud pública, el camino es complejo, los líderes y los ciudadanos son difíciles de convencer y la evidencia en salud pública nunca parece alcanzar. Pero también es cierto que "la ciencia puede identificar soluciones a problemas urgentes de salud pública, pero solo la política puede convertir a la mayoría de esas soluciones en realidad” (16). Para influenciar en políticas para combatir la Covid-19, o cualquier acción de salud pública, los científicos tienen que hacer política y aprender a luchar contra oponentes cuyos intereses bloquean las políticas públicas saludables, reconocer los límites de la racionalidad, ejercer presión por los intereses comunes y convencer a los actores claves y a los líderes elegidos que la agenda de la ciencia en la salud pública nunca será suficiente (2).

 

Rol del Estado

Mientras la sociedad planetaria sigue debatiendo antiguas dicotomías y grietas, llega la Covid-19 para igualar al mejor estilo comunista, poniendo a (casi) todo el mundo en un mismo y frágil nivel. Con este reto, algunas sociedades re-descubrieron la propuesta de Raymond Aron (1905-1983) sobre la necesidad de unificar al ser humano en una era universal que recorra el ambicioso camino de lucha contra la desigualdad. Recientemente, ya en tiempos de Covid-19, el prestigioso epidemiólogo Michael Marmot extendió la propuesta al agregar que ese “universalismo con equidad” debe ser implementado con acciones proporcionales a las necesidades que trasciendan la salud, insistiendo en el principio de un “universalismo proporcionado”; es decir, la implementación universal de la equidad pero con acciones proporcionales a las necesidades. Cuando algunos críticos gubernamentales hicieron notar los enormes objetivos de esta propuesta, que la hacían inalcanzable considerando la mayor magnitud de la actual recesión económica en los últimos 300 años, la respuesta de Marmot fue directa: “¿Cómo pueden los gobiernos no permitirse el lujo de realizar esas inversiones?” (11, 14). Lo que recuerda una temprana declaración del primer Primer Ministro de India Jawaharlal “Pandit” Nehru (1889-1964), sobre el catastrófico estado en que había quedado el país luego de su independencia, cuando expresó: “La India es demasiado pobre para darse el lujo de no invertir en educación y en ciencia”. Y esto convierte en un lugar común a las sociedades retrógradas que durante las crisis económicas reducen el presupuesto para educación, estancan la ciencia y la tecnología, y restringen las expresiones culturales, lo que da como resultado (¿buscado?) la metamorfosis de la nación en un rebaño.

En esta pandemia, resulta claro que el rol del Estado fue (es) fundamental en todos los países del planeta sin distinción significativa de ideologías o tradiciones, interviniendo también para “sacar las castañas del fuego” y aportar para pagar salarios de empleados “desempleados” cuando las empresas privadas hacen agua por los cuatro costados. La pandemia, también desenmascaró los postulados neoliberales presentados a la sociedad como verdades absolutas, aunque sus promotores siguen intentando mantener o incrementar su poder acumulado. Al mismo tiempo, ese poder fáctico se irrita frente al demostrado rol indispensable del Estado como ordenador público y planificador centralizado para el funcionamiento de la sociedad. Reacciones que, en mayor o menor medida, se observaron en todos los continentes, con campañas antisociales, antiprevención, antivacunas y un largo etcétera. A nivel global, fue evidente la ausencia de coordinación y cooperación entre países, así como el proteccionismo de países poderosos rayano en la delincuencia internacional, a tal punto que hoy se escuchan declaraciones marcadamente “progresistas” de algunos funcionarios del Fondo Monetario Internacional, cuando anticipan que en la etapa “post-Covid” la participación del Estado en la economía será significativamente mayor.

Antes de la actual Covid-19, Noam Chomsky había anticipado los peligros cercanos del actual sistema neoliberal al decir: “La especie humana está al borde del precipicio empujada en forma creciente por la guerra nuclear y la catástrofe ambiental. Para afrontar la primera, se deben eliminar las armas nucleares y para el problema ambiental generado por la ‘exitosa’ actividad humana, no está claro cómo lo debemos hacer…, pero es imprescindible abordarla si queremos seguir viviendo sobre la Tierra” (3). Y en un reciente análisis, la economista italiana Mariana Mazzucato declara: “La triple crisis del capitalismo: sanitaria, económica y climática”, señalando que “con los Estados ocupando un rol central y las falencias del sistema al desnudo, es oportunidad de luchar por su transformación…, comenzar a crear una economía más inclusiva y sostenible…, y no repetir los errores de la crisis de 2008 cuando el dinero aparentó cambiar de lugar pero volvió al sector financiero improductivo…, de lo contrario no habrá posibilidad de enfrentar la tercera gran crisis de un planeta inhabitable y las que traerá aparejada en las próximas décadas” (15).

Además, en el país (cualquier país), es claro que el fárrago de fake news, infodemia, escepticemia, lawfare, fanáticos anti-vacunas, guerra jurídica, anti-cuarentenas, libertarios y otras yerbas, no responden a maniobras restringidas contra este o aquel gobierno. Son, por el contrario, municiones gruesas dirigidas contra el Estado (cualquier Estado) en momentos en que la Covid-19 dejó al desnudo al nefasto sistema neoliberal y cuando se avizoran alternativas que no convienen al establishment.

No es sencillo predecir cómo será una “nueva normalidad”, pero sin duda la normalidad debería ser distinta a la anterior, y la Covid-19 será un nuevo eje de construcción para un eventual tiempo "post-neoliberal", porque lo que queda claro es que si se continúa por la presente senda, sólo restarán unas pocas generaciones por delante, para el ser humano y para el planeta. Se deberá sintonizar otro canal, difícil saber cuál, pero sin duda deberá ser distinto. Quizás los movimientos sociales, feministas y otros, muestran una pista que habrá que mirar, no sólo para imitar, sino para valorar y planificar el mundo pensando en el 90% de la sociedad y no sólo en el 10% hegemónico (17, 18).

 

 

Referencias

1) Bell D. (1960). The end of ideology: On the exhaustion of political ideas in the fifties. Free Press. Glencoe, USA.

2) Chiolero,A. (2020). Is science ever enough? Dare to play politics. The Lancet 397: 23.

3) Chomsky, N. (2015). Balance histórico y geopolítico a 70 años del final de la Segunda Guerra Mundial”. Conferencia Magistral en Foro por la Emancipación y la Igualdad. Teatro Cervantes, Buenos Aires. https://www.youtube.com/watch?v=Qhj9agMvwn8&index=8&list=PLZYjYqQYC0NI7J...

4) Fukuyama F. (1990). ¿El final de la historia? Estudios Públicos 37, Santiago de Chile.

5) Fukuyama F. (1992). El fin de la historia y el último hombre. Editorial Planeta. Barcelona.

6) García Linera A. (2016). La globalización ha muerto. (http://motoreconomico.com.ar/aldea-global/la-globalizacin-ha-muerto; https://regeneracion.mx/la-globalizacion-ha-muerto-alvaro-garcia-linera/...).

7) Harari, Y. N. (2020). La mejor defensa contra los patógenos es la información. [Entrevista por Guillermo Altares]. (https://elpais.com/cultura/2020-03-21/yuval-noah-harari-la-mejor-defensa...).

8) Horton R. (2020). The second wave. The Lancet 395: 1960.

9) Horton R. (2020). Covid-19 – what have we learned so far? The Lancet 396: 1789.

10) Horton R. (2020). COVID-19 ─ a crisis of power. The Lancet 396: 1383.

11) Horton R. (2021). The age of universal history. The Lancet 397: 11.

12) Huntington, S.P. Choque de Civilizaciones: (http://web.archive.org/web/20090123160754/http://www.foreignaffairs.org/...).

13) Leung K, Wu J T, Liu D, Leung GM. First-wave COVID-19 transmissibility and severity in China outside Hubei after control measures, and second-wave scenario planning: a modelling impact assessment. Lancet 2020; published online April 8. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)30746-7.

14) Marmot, M, et al., (2020). Build Back Fairer: The COVID-19 Marmot Review. The Pandemic, Socioeconomic and Health Inequalities in England. London: Institute of Health Equity. (Full report: 221pp. Executive summary: 77pp.). http://www.instituteofhealthequity.org/resources-reports/build-back-fair....

15) Mazzucato, M. (2021). El capitalismo en su triple crisis. Nueva Sociedad. https://nuso.org/articulo/el-capitalismo-en-su-triple-crisis/imprimir/

16) Oliver, T.R. (2006). The politics of public health policy. Annu Rev Public Health 27: 195-233.

17) Rovasio, R. A. (2020). Ciencia y Tecnología en tiempos difíciles: De la ‘ciencia pura’ a la ‘ciencia neoliberal’. (450 pp). Editoriales de la Universidad Nacional de Villa María y de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.

18) Rovasio, R. A. (2021). La Ciencia en la etapa Post-Neoliberal: ¿Superación o Condena? [En preparación].

19) WHO. Rolling updates on coronavirus disease (COVID-19): WHO characterizes COVID-19 as a pandemic. https://www.who.int/emergencies/diseases/novelcoronavirus-2019/events-as... (accessed March 30, 2020).

20) Worldometers - Coronavirus: (https://www.worldometers.info/coronavirus/).

21) Xu, S., Li, Y. (2020). Beware of the second wave of COVID-19. The Lancet 395: 1321-1322, 2020.

Autor(es) del contenido

Roberto A. Rovasio

Profesor Emérito de la Universidad Nacional de Córdoba. Ex Investigador Principal (CONICET).

Médico, Doctor en Medicina, Técnico de Laboratorio, (UNC). Docteur d’Université, Paris Nord-XIII, Francia. Ex Director del Centro de Biología Celular y Molecular, FCEFN, UNC, Argentina.

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