Osvaldo Soriano. Por Marcela Croce

Osvaldo Soriano. Por Marcela Croce

Osvaldo Soriano, por Marcela Croce (fuente: Página 12)

Este 6 de enero Osvaldo Soriano cumpliría 76 años. Le pedimos a Marcela Croce* unas palabras sobre el autor, debido a que Croce publicó en 1998 el libro Osvaldo Soriano, el mercado complaciente y a que la obra de Soriano forma parte del Tomo 6 de Historia comparada de las literaturas argentinas y brasileñas, publicación compilada por ella que editará Eduvim durante este 2019.
 

Osvaldo Soriano es el ejemplo más notorio de la brecha entre academia y mercado en la Argentina. Esta circunstancia, que resulta casi folklórica en la mayor parte de los casos, fue para él una fuente de sufrimiento inagotable. Sus reclamos y demandas en torno al desinterés que la universidad deparó a sus obras construyeron la leyenda según la cual había sido maltratado ante un auditorio de estudiantes de literatura. Un escritor que encontraba el reconocimiento inmediato de un público amplio, cuyas novelas eran editadas por Sudamericana y algunas de ellas convertidas en películas (No habrá más penas ni olvido, Cuarteles de invierno, Una sombra ya pronto serás) y que tenía una situación de privilegio en el periodismo local –en la serie iniciada en La Opinión a comienzos de los 70 y culminada en Página/12, donde colaboraba cuando murió en 1997-- podía ser perfectamente inmune a esa atención que se mostraba tan esquiva a sus deseos.

Hace veinte años escribí el libro Osvaldo Soriano: el mercado complaciente, que en el momento fue leído como un texto contra el autor. En verdad, el estudio procuraba someter a un escrutinio detallado los recursos que empleaba al componer sus textos, en procura de explicar por qué una figura tan relevante en términos editoriales no encontraba una ubicación significativa en la historia de la literatura argentina. Soriano había optado por géneros y estrategias antiacadémicos –el policial, la novela de espionaje, los artículos sobre fútbol-- más propicios a una intervención política y social que sigue siendo una deuda de la mayoría de las producciones universitarias. Si hay excepciones evidentes de inclusión de obras con esas características dentro del canon académico, y la de Rodolfo Walsh es probablemente la referencia ineludible, es porque lograron organizar sobre tal frecuentación un artificio novedoso como el que se orientó a denunciar crímenes de Estado. Soriano, mucho más moldeado por la cultura masiva, optó por títulos de impacto extraídos del repertorio del tango y por recursos narrativos que recalaron en fórmulas exitosas, como la que en No habrá más penas ni olvido pone en boca de un personaje la frase según la cual no se mete en política porque siempre fue peronista (que retoma con el mismo desparpajo, pero elevándola a proclama, el protagonista de Gatica, el mono de Leonardo Favio, en la sucesión de arraigo popular en que se inscribe).Dentro del núcleo de autores que escogió, liderado por Raymond Chandler en la narrativa policial norteamericana que admiraba y por Roberto Arlt en la fascinación por personajes artistas, locos y criminales (tal el título del volumen que publica en 1983), uno de los tópicos dominantes es el de la ciudad. Zonas oscuras y fantasmagóricas de urbes multitudinarias que campean en esos relatos mutan en Soriano en pueblos de la provincia de Buenos Aires o minúsculas aldeas próximas a las rutas argentinas; en ambos espacios proliferan estafadores y fracasados, sujetos en decadencia, mujeres desencantadas. Ocasionalmente la capital es motivo de codificación, como cuando en El ojo de la patria la contraseña entre espías es el nombre de la continuación de la calle Pasteur. Justamente ese aspecto de representación urbana es el que permite poner al autor de Triste, solitario y final en paralelo con otro escritor avezado en el manejo de los medios y los códigos policiales, el brasileño Rubem Fonseca. Así fue recuperado Soriano en el volumen VI de la Historia comparada de las literaturas argentina y brasileña próximamente editado por Eduvim, puesto a la par del carioca en el capítulo “Narrativas de la ciudad sitiada”, en tanto los dos apelan a modelos similares pero no se limitan a reproducirlos sino que introducen esa variante tan propiamente latinoamericana del policial que reemplaza al justiciero solitario por el sujeto con conciencia social y que revierte los arquetipos del hombre duro y la mujer fatal en un afán por entender las acciones de los personajes inmersos en un medio hostil. No es, seguramente, la rehabilitación que Soriano hubiera querido, pero se trata de una recuperación del escritor para una historia de la literatura que continúa escamoteándolo.

Autor(es) del contenido

Marcela Croce

Es Doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires, donde se desempeña al frente de la cátedra “Problemas de Literatura Latinoamericana”. Ha sido profesora invitada en universidades brasileñas y directora de varios proyectos de investigación UBACyT. Es autora de los libros CONTORNO. Izquierda y proyecto cultural (1996), Osvaldo Soriano, el mercado complaciente (1998), David Viñas, crítica de la razón polémica (2005); las compilaciones Polémicas intelectuales en América Latina (2006) y La discusión como una de las bellas artes (2007) y la trilogía Latinoamericanismo, que comprende Historia intelectual de una geografía inestable (2010), Una utopía intelectual (2011) y Canon, crítica y géneros discursivos (2013). Su último libro es La seducción de lo diverso. Literatura latinoamericana comparada (2015).