Lila Pagola: “Las TIC's no son inocentes y a la sociedad le corresponde sostener la mirada crítica sobre las ‘buenas prácticas’”

Lila Pagola: “Las TIC's no son inocentes y a la sociedad le corresponde sostener la mirada crítica sobre las ‘buenas prácticas’”

Hace algunos años, un grupo de investigadores integrado por Inés Dussel, Viviana Minzi, Fabián Mosenson, Lila Pagola, Fernando Peirone y Paula Sibilia; se autoconvocó con el afán de fundar un colectivo que logre dar cuenta del impacto que tienen las nuevas tecnologías en los diferentes campos sociales. Así surgieron una serie de conclusiones que se plasmaron en La educación alterada, un libro que propone reflexionar en torno a los desafíos que la irrupción de las nuevas tecnologías trae aparejada en los diversos ámbitos de la educación formal.

Lila Pagola, docente, artista y militante de software libre; adelantó una serie de reflexiones acerca de la relación entre el sistema educativo y las TIC’s, el impacto que éstas tienen en la sociedad y el rol democratizador del software libre.

¿De qué hablamos cuando hablamos de nuevas tecnologías?

Con el acrónimo TIC’s, nos referimos a un conjunto de desarrollos tecnológicos digitales de las últimas décadas, que han tenido amplia inserción social, con hitos significativos en los años ‘80, con las computadoras personales con interfaces gráficas de usuario (que permitieron acceder a grupos no “expertos” de usuarios) y desde los ‘90 con la ampliación del acceso a la red internet.

¿Cuál es el impacto que tienen en la sociedad?

Estas nuevas herramientas, dispositivos, modos de hacer técnicos, funcionalidades potenciales, se introducen en las sociedades como “disponibilidad” bajo unas condiciones (acceso, costo, usos promocionados/viables/desalentados) que resultan de la lógica del desarrollo industrial y de mercado que las impulsa, en la mayoría de los casos (o las difunde). Los grupos sociales a posteriori, con sus propias necesidades, experiencias, condiciones materiales de acceso, se apropian de esa “disponibilidad” (resultante de la “naturaleza” técnica más el programa industrial) y los usan de los modos previstos, o hacen usos novedosos, retroalimentando el proceso inicial de desarrollo e innovación tecnológica hacia nuevos ciclos; o abriendo discusiones, requerimientos, incluso en la forma de críticas y límites a los desarrollos tecnológicos. Por eso no se trata estrictamente de “impacto”, sino más bien, de un juego de fuerzas entre disponibilidad técnica y apropiación social.

¿Cómo se relacionan con el ámbito educativo en todos sus niveles?

La tecnología y los medios vienen cuestionando hace tiempo a la institución-escuela. La novedad que introducen las TIC’s es que aquellas sospechas que “mantenían alejadas” con mayor claridad a las industrias culturales del “entretenimiento” (la televisión, el cine) de los ámbitos para el aprendizaje, se tornan totalmente inválidas y obtusas respecto de las computadoras e internet, en tanto hoy son herramientas irremplazables en la gestión de la información, y en los procesos de aprendizaje. En los niveles educativos superiores las TIC’s han ingresado tempranamente, porque de hecho, las universidades han sido espacios de innovación cruciales para las tecnologías digitales, no sólo en instancias formales, sino como ámbitos de interacción y experiencia de los agentes relevantes de la innovación digital. En los niveles educativos básicos se han dado procesos contradictorios: al tiempo que perciben como “necesaria y urgente” su introducción en los procesos de enseñanza-aprendizaje, se verifica gran resistencia y desconfianza hacia el uso (personal primero), y en la tarea docente luego.

¿El sistema educativo está preparado para usar pedagógicamente las nuevas tecnologías?

El sistema educativo está basado en una concepción de la enseñanza-aprendizaje que privilegia, en gran medida, la transmisión de algunos contenidos considerados “valiosos”. La crisis que suponen las TIC’s para este modelo, es que la información “valiosa” ahora está accesible por fuera de la escuela e incluso en formas más “entretenidas”, y las dinámicas de producción de tal información valiosa están exponencialmente aceleradas, por lo que tornan imposibles de acompañar en tiempos y capacidades de aprendizaje humanos. Esto tiene consecuencias drásticas en la enseñanza de algunas disciplinas. Por otro lado, el sistema educativo fue creado y está estructurado en tiempos, modos de relación e incluso unos ordenamientos espaciales que funcionan bien con la tecnología “libro”, pero que suelen verse desbordados por otras pedagogías, u otras herramientas didácticas disponibles. Un buen ejemplo de esto lo tenemos en las preguntas que está haciendo el modelo 1a1 de las netbooks en el aula a los docentes de la escuela media.

En el libro se plantea que el discurso hegemónico presenta a las TIC como un futuro inevitable, conveniente y deseable. ¿Podrías explicarnos de qué manera lo hacen y cómo la sociedad puede revertir ese proceso?

Las tecnologías no son inocentes, ni neutrales. Forman un todo con un programa económico y político que las promueve en algunos de sus aspectos, e invisibiliza otros. La obsolescencia programada, la ocultación de operaciones y formas de control, la cesión de libertades en los contratos de uso de software o servicios en “la nube” de la web 2.0, en contraposición al imaginario de “transparencia” y eficacia que rodea a todo lo que lleve una “e-“ delante, o del acceso al “mundo” global, al “estar siempre conectados”, es parte de este juego de promociones y ocultamientos cuidadosamente balanceados en función de los intereses de quienes desarrollan y comercializan ciertas interacciones con tecnología. No es difícil comprender desde esta perspectiva la resistencia de algunos docentes a la introducción de TIC’s en el aula, cuando sin ser usuarios mayormente, sólo tienen la versión promovida por el mercado, que los trata básicamente como consumidores. A la sociedad le corresponde sostener la mirada crítica sobre esos procesos en curso, debatir y consensuar “buenas prácticas” y exigir su cumplimiento; y probablemente el lugar más adecuado para hacer eso sean las escuelas, especialmente porque no debe ser un patrimonio reservado a “expertos”, sino un saber común.

También se habla de las posibilidades transformadoras, pero ¿en qué sentido transformador y para quiénes, teniendo en cuenta el uso que el mercado hace, y desea se haga, de las TIC?

En la medida que no existan alternativas a esta visión única sobre la tecnología, difícilmente emergerán las potencialidades de transformación. Sin embargo, desde el uso significativo de algunas posibilidades de las TIC’s y tras la comprensión de algunas variables “técnicas” que finalmente son políticas, o éticas, es que se puede hacer usos diferentes a los previstos por el “programa” (en sentido amplio) tecnológico. Los usos significativos y transformadores están como potencialidad, y en algunos como actualizaciones, ejercicios concretos. Los efectos de esas actualizaciones y las potencialidades aún no cumplidas no son fáciles de prever, pero sin duda serán el resultado de una constante negociación entre los límites que pongan los usuarios/prosumidores de las TIC’s y los que controlan la infraestructura, que es el punto último de esa negociación.

Sos militante del software libre, ¿cuáles son las acciones que llevan adelante? ¿Se puede considerar que son una puerta hacia la democratización de las TIC?

El movimiento de software libre se organiza alrededor de una concepción ética de la relación de poder entre quienes hacen el software y quienes lo usan. Se sustenta en la vieja premisa de que el conocimiento es un bien común de toda la humanidad, y por lo tanto debe ser compartido, porque además de ese modo se optimizan los procesos de creación y perfeccionamiento sin duplicar esfuerzos, aplicando la inteligencia colectiva. Quizá el argumento más usado sobre el carácter democrático del software libre suela apelar a su costo, considerando que las copias son gratuitas y legales. Sin embargo, ese el punto menos importante del modelo que propone el software libre: se trata de desplazar al usuario de tecnología del rol de mero consumidor de un producto cerrado y bajo condiciones innegociables, hacia el formar parte de una comunidad de trabajo, colaborando en el rol que cada uno pueda ocupar (usar, comentar, traducir, diseñar, programar, testear). Creo que ese podría ser el real potencial “democratizador” del software libre.

¿Es posible esa democratización o es una utopía?

El software libre es una realidad, ya no una utopía. Pudo parecerlo 27 años atrás, con las primeras formulaciones de R. Stallman, pero hoy existen programas, usuarios y sobre todo comunidades de personas que entienden la informática de otra manera y optan por el software libre, y han construido una alternativa viable.

¿Cuál fue el origen de La educación alterada y cómo está compuesto el grupo de autores que participó de esta experiencia?

El responsable de la reunión de los autores es Fernando Peirone, que conociéndonos separadamente tuvo la idea de juntarnos en el libro. El grupo es muy heterogéneo, realmente y quizá esa sea una de las particularidades de este libro, entre los muchos que hoy abordan la temática: educadores, antropólogos, comunicadores y hasta alguien que estudió arte, ¡como yo!

¿Las prácticas docentes en las aulas son acordes a estas “aproximaciones a la escuela del Siglo XXI”? ¿Y los futuros docentes se están preparando para esa escuela?

Las prácticas docentes están como mínimo, acusando recibo por la vía de la interpelación de los estudiantes que “introducen” sus vínculos con las TIC’s, lo quiera el docente o prefiera no enterarse. Los docentes más “sensibles” a esas irrupciones, están experimentando con nuevos recursos y formas de apropiación académica de esas potencialidades para el aprendizaje que las TIC’s tornan disponibles. Los modelos 1a1 han ubicado estos temas en la agenda prioritaria de la escuela media, y de la formación docente, y en general las “netbooks” -como representante de la tecnología-, son bien recibidas, quizá con “demasiada” expectativa. Vamos a necesitar seguimientos reales y evaluaciones rigurosas para visualizar la real dimensión de las transformaciones. Y también, sobre todo, tiempo para los procesos, que son muchos y complejos tanto en los estudiantes como en los docentes. El cambio, si sucede, no será “mágicamente” y de un día para otro.

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