Juan Montes: "Escribir es pedir la palabra, intervenir”

Juan Montes: "Escribir es pedir la palabra, intervenir”

El miércoles 16 de febrero, a las 19 horas y en la Sala Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional (Agüero 2502, CABA), la Editorial Universitaria Villa María (Eduvim) presentará Esta Mujer, un libro de Juan Montes. El lanzamiento de este análisis de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández contará con la participación del rector de la Universidad Nacional de Villa María y presidente del CIN, Martín Gill, el director del sello Universitario, Carlos Gazzera, el dirigente Fernando “Chino” Navarro, el militante Arturo Videla y el autor.
En una entrevista con el equipo de prensa de la Editorial de la UNVM, el multifacético escritor local explica el porqué de este libro que se presenta como un eslabón más al debate político actual y del cual Eduvim busca dar cuenta en su colección Debates.

¿Cuál es la génesis de Esta mujer? ¿Cuándo y cómo sintió la necesidad de escribir un libro sobre la presidenta Cristina Fernández?

Confluyen varios factores. Considero que el principal es el contraste que se da entre el antes y el después de Néstor Kirchner. Quienes veníamos de experiencias frustrantes, esas generaciones que hoy están entre los 40 y 50 años, que nos habíamos quebrado en los ´80, que en los ´90 habíamos perdido las ilusiones de creer en que se podía construir dignidad desde la política, fuimos sacudidos, sorprendidos por algunos gestos trascendentales y algunas medidas de gobierno instaladas repentinamente por Kirchner. En aquellos primeros años de kirchnerismo nos pusimos alerta, supimos que algo estaba pasando, y empezamos a tomar posición. Kirchner le había devuelto el valor al significado del ejercicio de la política. Sin embargo, en mi caso en particular y creo que es el caso de una inmensa mayoría, acudimos a la invitación al debate que hacía Cristina Fernández. Néstor Kirchner resignificó el ejercicio de la política, Cristina instaló el debate político en la sociedad argentina. El conflicto con el sector rural fue el disparador.

El famoso conflicto con los “dueños del campo”…

Aquellas jornadas de 2008 y 2009 fueron muy violentas en el interior del país. Si bien en la Capital Federal hervían los calderos donde se cocinaban las noticias, los habitantes de esas grandes urbes vivieron una ficción. Nosotros en el interior vivimos el verdadero conflicto, por que los productores son vecinos, en muchos casos amigos o parientes. Nosotros no vivimos un conflicto mediático, nosotros estábamos en el medio del conflicto mirando por televisión la gran mentira que vendían los grupos poderosos. Cuando uno escucha a un taxista de Buenos Aires opinar sobre el tema del campo, uno se ríe porque piensa “pobre tipo, no tiene ni la más mínima idea de lo que está hablando”. En ese sentido, fuimos rehenes del conflicto. Cristina Fernández fue rehén de una manipulación mediática. Al ver a esa mujer tan entera, tan visceral y tan profunda enfrentarse a quienes nunca antes nadie se había atrevido a enfrentar, y al verla que lo hacía sola, que era negada, denigrada, insultada, subestimada, no se si fue una reacción natural de un hombre frente a una mujer golpeada, no se si fue una necesidad de protegerla, pero sentí la necesidad de saltar el cerco, de hacer público lo que pensaba corriendo todos los riesgos que en aquel momento significaba decir “yo apoyo a Cristina”. La nota “Esta mujer” que publicó el Diario del Sur de Córdoba cuando la presidenta tenía su imagen absolutamente vulnerada fue un gran disparador. No había muchas voces que defendieran públicamente su gestión. No porque no había gente que la apoyara sino que quizás por miedo, por prejuicios, vaya a saber, no nos animábamos a exponernos. Cristina me dio garantías por medio de sus discursos, de sus acciones, de sus interpretaciones de la realidad social y política. Aquella nota fue un gran disparador a nivel nacional. La repercusión que tuvo me conmovió, y comprobé que ella no estaba sola, que había millones de personas a la espera de que alguien arroje la primera piedra. Yo tenía por entonces apenas un bosquejo del libro, la nota fue la síntesis de lo que quería decir. El libro es, en definitiva, la acción de pedir la palabra, de perder el miedo a pedir la palabra. El libro pretende ser más una acción política que una expresión literaria.

¿Cuál es el tema de su libro? ¿Una biografía política de Cristina Fernández de Kirchner, una apología de su gobierno, una revisión crítica de un período de la Argentina? ¿Un libro de análisis?

Es un libro de análisis, una revisión crítica de un período de gobierno, y si bien se hace desde una mirada favorable, no lo considero apologético aunque si lo fuera, también estaría bien, ya que no sorprendo al lector; le informo desde donde escribo. Cuando tuve la inolvidable y sorpresiva experiencia de compartir con la Presidenta de la Nación una conversación muy profunda, le comenté que mi libro no era ni alcahuete ni chupamedias, era un trabajo escrito desde una mirada militante y dirigido a un segmento medio de militancia que requiere de respuestas e interpretaciones sencillas sobre los grandes temas.

Un libro multigenérico y multitemático, entonces…

Sí. Se tratan varios temas en el libro, pero hay una “tesis” central”. Se analiza el origen del matrimonio Kirchner; le doy mucha importancia al origen amoroso de esa entidad política. Nadie ha situado hasta el momento, al menos no que yo sepa, el nacimiento de este proceso en una historia de amor adolescente, una conjura de amor en tiempos violentos. Sostengo la idea de identidad pero defiendo la hipótesis de que era una entidad de dos cabezas. En este sentido le otorgo a Cristina Fernández igual autonomía y autoridad que a Néstor Kirchner. A partir de allí, la lucha con los medios, el rol de la oposición, las contradicciones de sectores progresistas de los que se esperaban coincidencias básicas, las diferencias entre los dirigentes agrarios y los productores, la fundamentación y explicación de muchas medidas de gobierno, etcétera. Sin embargo, todas confluyen a un mismo lugar: Cristina Fernández es la única política argentina que, hoy por hoy, ha logrado construir un espacio propio. Si bien construye a la izquierda del peronismo ortodoxo, lo hace por adentro del peronismo, mientras por afuera confluyen numerosas expresiones que plantean, en el futuro inmediato, la posibilidad de articular un nuevo movimiento nacional y popular. No es poco para un país que había sido subestimado en su capacidad de construcción política. Argentina vive un gran proceso de profundos cambios. O mejor, transita un tiempo compuesto por procesos en debate.

En su libro usted se caracteriza como un militante, como si usted constituyera en esa noción su “identidad”. ¿Usted cree que esa identidad, evidentemente válida para los años ´70, tiene plena vigencia en nuestro presente? O bien, si “militancia” tiene otras características, ¿cuáles serían sus diferencias y semejanzas?

Usted acaba de nombrar la palabra “noción”. En el libro hay un párrafo en que digo que Cristina Fernández es, antes que ninguna otra cosa, un cuadro político, y un cuadro político privilegia, antes que nada, la noción colectiva del concepto patria. Uno no constituye su noción de identidad en una característica militante, la característica de militante la otorga el ejercicio de defender la noción colectiva en la construcción del país. Mi identidad me la dan los principios de una causa en la que creo, en la defensa y predicación de esos principios aparece la gestión militante. Entonces, de la forma en que usted me lo pregunta, pongo en duda la vigencia de aquella militancia con la presente, porque el contexto histórico no es el mismo. Pero de la forma en que le reformulo la respuesta le digo que sí, que tiene absoluta vigencia, porque el concepto colectivo de patria es el mismo. No hay lugar en la Argentina de hoy donde pueda madurar el comportamiento social de los ´70, pero sí hay lugar y se está demostrando que, desde una perspectiva absolutamente institucional, democrática y pacifica, se pueden hacer posibles aquellos principios. Se puede construir una sociedad más justa desde el ejercicio de la política cuando la política se da su lugar. Eso es lo que está pasando. Este proceso iniciado en 2003 despertó, sobre todo en la juventud, una gran necesidad de participación política. Allí está madurando una nueva generación, la que va a reconstruir las redes truncas durante la dictadura militar. Para mí es un orgullo y una tranquilidad de que mi hija de 18 años participe en debates, y actividades políticas y culturales, porque me tranquiliza que esté pensando en el otro. La militancia al fin y al cabo es eso, pensar en el otro. El otro también somos nosotros.

A lo largo de su libro usted cruza elementos del discurso periodístico, la ficción literaria y lo intercala con otros discursos sociales, algo que vuelve a su libro en un texto polifónico. ¿Cómo llegó a concebir esta estructura para Esta mujer? ¿Cuáles fueron sus objetivos narrativos?

Creo que la estructura del libro refleja mi personalidad. Nunca pude ser un hombre social definido. El abogado es abogado, el maestro es maestro, el verdulero es verdulero. A mí siempre me cuesta explicar qué soy. Soy docente de teatro, hago periodismo, pero mantengo a mi familia atendiendo un vivero, soy un peronista crítico pero ante los amigos “no-peronistas” defiendo las críticas al peronismo y ante los peronistas defiendo los argumentos de los “no-peronistas”. Me cuesta mucho hablar de mí, mi vida ha sido ecléctica. El libro entonces refleja ese dejarse llevar. Este año, además de criar hijos chiquitos, a los 53 años me decidí saldar mi deuda con la palabra escrita y empecé a cursar el Profesorado de Lengua y Literatura en la Universidad Nacional de Villa María. Allí está Beatriz Vottero, una amiga y muy pragmática docente que con pocas palabras me saca los prejuicios de las estructuras y me invita a escribir dejando fluir. Yo dejo fluir y resultan textos como, usted dice, “polifónicos”. La forma va naciendo de la narración y no viceversa. Algún día aprenderé a hacerlo académicamente. En cuanto a mis objetivos narrativos le digo que no me los he planteado. Tengo objetivos políticos en esta narración en particular. Tuve miedos porque en este tipo de textos no hay referentes de niveles básicos como los míos, los que escriben política en el país son altas plumas de los cuales me alimento, pero que jamás alcanzaré. Esos miedos fueron superados y estoy expuesto a lo que venga. Yo escribí dignamente y ese es un valor que me da seguridad. No llegué a ningún lado, solo escribí un libro con lo que pienso y siento.

La asociación del título de su libro con aquél genial cuento de Rodolfo Walsh, Esa mujer es evidente. ¿Es posible encontrar más asociaciones? ¿Qué importancia pudo haber tenido la obra y la imagen de Walsh en su escritura?

Hay asociaciones básicas. Uno viene del periodismo y siempre busca títulos que además, digan cosas o contextualicen. Si bien es casi un juego de asociaciones, en el inconsciente seguramente se articularon varios significados para remitir al lector a otras lecturas. Si tuviera que hacer un ejercicio de análisis de ese paratexto podría enumerar diferentes significados: “Esa Mujer” (Eva Perón) y “Esta Mujer” (Cristina Fernández), provienen del mismo espacio y sufren, en principio, la discriminación de género, pero además ambas fueron víctimas del odio, de la negación, de la subestimación y ambas también fueron beneficiadas por el amor de la gente, se podría analizar mucho en este sentido pero ese ya no es problema mío. Pero si, en ese transcurrir del inconciente, esa apelación a Walsh traza un puente entre las dos mujeres más significativas de la cultura peronista, no una comparación. Y se apela a Rodolfo Walsh porque justamente, además, perteneció a aquella generación y a aquel espacio de donde proviene Cristina. No creo que la obra de Walsh haya tenido importancia en mi escritura, al fin y al cabo uno escribe lo que alguna vez leyó, o escuchó y en el proceso de producción va haciendo propios pensamientos que seguramente no le pertenecen. No me planteo esas cosas. Después de Saussure, a veces creo que el lenguaje es un plagio en movimiento. Pero lo que sí, y no es curioso, Walsh, Evita, Cristina, la militancia son todas expresiones, reflejos o espejos de una idéntica necesidad: la construcción de un modelo de país inclusivo, de una sociedad equilibrada social, cultural y económicamente.

¿Su libro es un libro exclusivo para la militancia?

No. Este es un libro no solo para militancia, es un trabajo que interpela a los partidos de oposición no desde el lugar de la crítica sino del reclamo. Le reclamo a los partidos de oposición que no sigan perdiendo la oportunidad histórica de debatir cuestiones de fondo, de definir procesos abiertos hace doscientos años y que la presidenta de la Nación puso sobre la mesa de las discusiones. Ojala puedan salir de la confusión y la mezquindad y ponerse al servicio de una discusión trascendental, y esto no implica ser kirchnerista ni dejar de serlo.