Homenaje a Burnichon, copista de Córdoba

Homenaje a Burnichon, copista de Córdoba

El pasado 25 de marzo se celebró, por primera vez, el Día del Editor de Libros en la Provincia de Córdoba en homenaje al editor Alberto Burnichon, asesinado por la última dictadura militar argentina. Eduvim fue parte del acto conmemorativo a través de su director y uno de sus editores. La desaparición y el posterior asesinato de Alberto Burnichon apenas instaurado el golpe cívico-militar de 1976 afirma la efectividad que tuvieron los estrategas del genocidio al atacar lo más sensible de la cultura: un editor-artesano que recorría el país recogiendo la mejor literatura se convirtió en uno de sus primeros blancos. Casi cuatro décadas después, un proyecto impulsado en la Legislatura de la Provincia de Córdoba propone el 25 de marzo como el Día del Editor de Libros. Un acto “de justicia y de memoria”, según Iván Burnichon, nieto del editor homenajeado y encargado de abrir el acto conmemorativo el pasado viernes 27 de marzo en la Biblioteca Córdoba. Una mesa nutrida de editores, artistas y estudiosos de la obra de Burnichon tuvo a cargo la reflexión sobre el legado estético y político que deja este arquetipo en la edición cordobesa. Apenas 19 años de labor editorial le bastaron a Burnichon para construir un catálogo por el que “cualquier editor daría un brazo por tener”, según Carlos Longhini, director de la Editorial de la UNC. Un catálogo que “hacía que la literatura de Córdoba y de otras regiones del país llegaran a todas partes”, afirmaba Nelda Abed, miembro de la Cámara de Librerías, Papelerías y Afines del Centro de la República (CALIPACER). Por su parte, el director de Eduvim Carlos Gazzera instó a tomar la tarea de “construir una tradición editorial en Córdoba”, trazando un legado de esa tradición desde los liberales de principios de siglo XX con Vicente Rossi hasta Juan Maldonado y Julio Castellanos con el sello Alción. Castellanos, presente en el acto, intervino también para recuperar la figura de Burnichon como “un copista, un sostenedor de autores más que como un productor de libros” y propuso tener aquel proyecto editorial como guía de un modelo estético, literario y ético. Alejo Carbonell, uno de los editores de Eduvim y director del sello Caballo Negro, centró su reflexión en los puntos de encuentro entre el oficio de editor de la época de Burnichon con las actuales. “Si bien las condiciones políticas y tecnológicas han cambiado -planteaba Carbonell- las condiciones económicas de los editores pequeños no ha variado mucho, seguimos insertos en la tradición de Alberto Burnichon”. Con una audiencia que reunió varias generaciones de trabajadores de la cultura escrita, se dio inicio a un día que mantendrá viva la memoria y seguirá reclamando justicia por el editor que “hacía libros de poemas que regalaba a los obreros”, como reza el Poema a Burnichon escrito por Manuel J. Castilla, cuya lectura a cargo del locutor cordobés “Chacho” Marzetti cerró la actividad con la intensidad emocional correspondiente a la trágica pérdida del editor.

Poema a Burnichon Vengan, arrimensé, vean lo que han hecho. Antes que se lo lleven mirenló de perfil en este charco. Ya le va ahogando el agua poco a poco el cabello y la alta frente noble. Los pastos pequeños afloran entre el agua sangrienta y le tocan el rostro levemente. Su corazón sin nadie está aguachento con una bala adentro. ¿Miraron ya? ¿Era de mañana, de tarde, de noche que ustedes lo mataron? ¿Se acuerdan cuándo era? (Los alquilones sólo miran la hora del dinero.) No, no se vayan, oigan esto: El hombre que ustedes han matado amaba la poesía. Cuando ustedes aún no habían nacido los pies de ese señor iban por todos los pueblos de Argentina dejando en cada uno la voz de los poetas. Esos versos llevaban sus ganas de justicia y de mostrar belleza. Ustedes han cobrado dinero por matarlo y él jamás cobró nada porque ustedes aprendieran a leer. Fíjense: hacía libros de poemas que regalaba a los obreros. Tenía como ustedes, hijos, mujer y un techo que también le han derrumbado y libros de aprender a ser gente. Todo eso han destruido, ¿se dan cuenta? ¿Y ahora? Ustedes, pobres matadores, perdonados por él, ya reposados piensan conmigo: ¿Qué haremos con el muerto? Yo lo recobro ahora, húmedo en yuyarales. Mi mano le despeina como a un nido dormido. Miro su portafolios abierto en donde caben todas las sorpresas del mundo, fotos de sus amigos pintores y escultores saliendo entre las pruebas de algún libro de versos. Lo miro apareciendo en cualquier parte en cuanto lo han nombrado. Se iba quedando siempre que se iba. Por eso estaba con nosotros, ausente. Nos quería en silencio. A Wernicke, a Galán, a Lino Spilimbergo y a Alonso. Luis Víctor Outes, Bustos, le arrodillaban el corazón cuando Rolando Valladares triste, andaba en las vidalas. Se echaba en la amistad como un vino en las copas y había que beberlo hasta la última luz del alba y la alegría. Va cielo arriba, en Córdoba, solito. Nosotros, aquí en Salta, lo pensamos. Y ahora, matadores alquilados: ¿qué hacemos con el muerto?

Manuel J. Castilla - Salta, 16 de abril de 1976 Artículo “En memoria de Alberto Burnichon” - Deodoro