"Historia comparada de las literaturas Argentina y Brasileña - Tomo I" por Marcela Croce

"Historia comparada de las literaturas Argentina y Brasileña - Tomo I" por Marcela Croce

Es de reciente aparición en nuestro sello el primer tomo de Historia comparada de las literaturas argentina y brasileña, dirigido por la especialista Marcela Croce. Este título, que integra la colección Poliedros, es el primero de una obra que contiene 6 tomos, cuyo análisis se extiende desde 1800 hasta nuestros días.
Compartimos con ustedes la Presentación de este volumen:

La literatura brasileña ha sido aislada de los estudios que intentan dar cuenta de una literatura latinoamericana. En la mayoría de las universidades de la América de habla hispana, se la estudia como “literatura extranjera” en relación directa con la portuguesa; la lengua y la articulación colonia/metrópolis aparecen como pobre justificación. En otras currículas se la asocia a las “literaturas caribeñas”. Lo cierto es que no encuentra un lugar propio en el cual pueda ser situada sin agotarse en extensas explicaciones.

El propósito de esta Historia es mucho más limitado que el de abarcar toda América Latina, pero insiste no ya en la conveniencia sino en la necesidad de colocar a Brasil en el orden latinoamericano, renunciando a la extrañeza que lo segrega fuera de los estudios continentales para restituirlo al espacio de apropiación que José Martí definió con un posesivo entrañable: Nuestra América.

La voluntad de indagar una serie de coincidencias y un conjunto correlativo de desencuentros en la historia cultural de Argentina y Brasil es el acicate que sostiene esta propuesta de abordar la literatura generada en los siglos xix y xx en ambos países en un contexto latinoamericano y, específicamente, en el ámbito del mercosur, entendiendo que el aspecto cultural de esta asociación regional todavía es demasiado débil mientras las áreas económicas, políticas, aduaneras y migratorias tienen un desarrollo muy superior y una fluidez que, pese a los altibajos, nunca ha flaqueado hasta el extremo de la secesión.

Salvo casos aislados o anecdóticos, los puntos de contacto entre Argentina y Brasil no fueron estudiados en su efectiva relevancia ni han sido apropiadamente focalizados. Admitiendo que existe una gran unidad cultural entre ambos países debido al tipo de colonización ibérica, que los movimientos literarios y artísticos mundiales han impactado de forma similar y que la evolución histórico-social de los dos siguió un camino semejante (lo que no significa idéntico aunque habilita el trazado de paralelismos válidos), el marco en el que esta propuesta se inscribe queda justificado, siempre que la postulación de las hipótesis pueda ser debidamente contrastada y controlada para no caer en generalizaciones vacuas o exacerbaciones inútiles.

Por esa razón el método más ajustado a la reposición de vínculos culturales entre ambas naciones es el de las literaturas comparadas, que aunque visita el afán erudito con que se practicó en la primera mitad del siglo pasado en Europa y se complace con la pasión filológica desplegada en grandes ejercicios como Mímesis (1942) de Erich Auerbach, admite y reclama ciertas precisiones para el abordaje puntual de estos casos y celebra las intuiciones pioneras de Ángel Rama sobre el comparatismo latinoamericano, recuperadas y exacerbadas por la productividad de las ideas de Silviano Santiago.

La desconfianza sobre la unidad occidental que proclaman los mo- delos críticos europeos y norteamericanos lleva a Santiago a desestabilizar la categoría de influencia como una tentativa de ofrecer continuidad entre sistemas heterogéneos –en la línea abierta por Rafael Gutiérrez Girardot (1983) que la desestima en tanto categoría colonial–, como parte de un rechazo general hacia las pretensiones colonialistas de ofrecer garantías de verdad absoluta. En contrapartida, postula el mestizaje en tanto principio de descolonización e insiste en la contribución latinoamericana mayor que opera “la destrucción de los conceptos de unidad y pureza” (Santiago, 2012: 64-65). El comparatismo clásico, de matriz europea, es la apología de la copia (reducida y menor, por añadidura) en la relación entre centro y periferia, “como si la verdad de un texto solo pudiese ser señalada por la deuda y la imitación” (Santiago, 2012: 68). Es menester, entonces, reponer una relación de paridad entre los textos comparados, tarea que esta Historia asume como divisa, sin encerrarse en la proclama de “la falencia de tal método” (Ibíd.) sino avanzando en subrayar las diferencias como un valor y operando una comparación por diversidad, no empecinada en buscar semejanzas remotas sino en restituir las relaciones de un texto con el sistema literario en el que se produce y con otros en que su función o sus elecciones puedan ser integradas independientemente de sus diferencias.

La reacción excesiva de las literaturas comparadas en su formulación clásica frente a tales libertades (el reaccionarismo, más específicamente, que se solaza en enunciados grotescos como “no existe la literatura comparada en América Latina” o “solamente se pueden comparar literaturas escritas en lenguas diferentes”) es la mejor muestra de su limitación por admitir lo diverso. A la lógica de “fuentes” e “influencias” con que se manifiesta el comparatismo tradicional le responde el comparatismo latinoamericano con la provocación de la paradoja en la cual desarticula el método, ya que la universalidad metropolitana depende estrechamente del reconocimiento de aquella periferia sobre la cual levanta sus pretensiones.

El punto de partida de esta Historia –a fin de controlar la compa- ración y no reducirla a pura confrontación de dos casos, sino creando un tercer elemento que funcione como garantía del ejercicio comparativo– es un hecho que cambió el destino de ambos países, así como de toda Latinoamérica: la recepción local de la Revolución francesa y sus consecuencias más notorias: la llegada de la familia real portuguesa a tierras brasileñas (1808) y la Revolución de Mayo en el Río de la Plata (1810). Aunque el itinerario se inicia en el siglo xvi, con las cartas y crónicas de la Conquista que en breve continúan en ejercicios de épica local, el recorrido preciso se recorta sobre la constitución de las patrias argentina y brasileña (sin abandonar en una primera etapa el gentilicio “rioplatense” que integra las producciones virreinales y sin confiar plenamente en el carácter efectivo de la Independencia surgida del Grito de Ipiranga en 1822). El trayecto tiene en los inicios del siglo xix su origen puntual, impregnándose de la decisión de Ricardo Rojas (1960) de situar a los coloniales apenas en términos de antecedentes de la literatura argentina.

El paralelismo histórico entre la Revolución de Mayo y la Independencia brasileña procura no forzar similitudes e inscribirse atento a la cronología latinoamericana, centrado en la circunstancia de que entonces se produjo una disimetría entre el entusiasmo ideológico y las producciones estéticas hasta que sobrevino el romanticismo como modelo literario y teórico para pensar la nación y lo propio, y en tanto primera orientación cultural independentista. La comparación, así como exige un tercer término que garantice la aplicación del método, reclama combinar los aspectos culturales con los histórico-políticos, de modo de interrelacionar las producciones. En ese contexto, el plan general de la Historia marca puntos sobresalientes en los levantamientos inconexos y algo atropellados producidos en diversos puntos de ambos territorios, los emprendimientos intelectuales que fomentan el ingreso del romanticismo a la región, el papel de la prensa tanto oficialista como opositora (y la dialéctica que se entabla entre ambas), las formas de inclusión y exclusión de sujetos sociales a través de la práctica escrituraria –como ocurre con la gauchesca en poesía, el indigenismo en poesía y novela y las manifestaciones abolicionistas más propicias al ensayo pero que también encuentran expresión poética.

A estos aspectos tratados en el presente volumen, hay que agregar los que serán considerados en los tomos sucesivos con el empecinamiento de estrechar los contactos entre la historia tout court y la literatura para producir una historia literaria. En el somero catálogo auxiliado por la cronología se alinean la Guerra del Paraguay, los primeros acercamientos intelectuales entre Argentina y Brasil hacia fines del siglo xix (que encuentran un raro ejemplo de ecuanimidad y acuerdo en El Brasil intelectual de Martín García Mérou en 1900), las extrañas fascinaciones promovidas por el naturalismo francés en las letras locales, el destino de ambos países luego de la consolidación como Estados-nación modernos, los centenarios respectivos de 1910 y 1922, las vanguardias y la profesionalización de la escritura, la cultura oficial y la cultura de resistencia generadas durante el varguismo y el peronismo, una relectura del fenómeno del boom de la narrativa latinoamericana y, ya en el orden siniestro, la colaboración entre am- bos países durante la última dictadura militar junto a otros miembros del Plan Cóndor, así como la respuesta que tales prácticas recibieron desde la literatura.

Pero como una historia literaria requiere ser trazada desde los tex- tos, las circunstancias históricas se limitan a proveer el marco en el cual se sitúan las obras, y la posibilidad de comparación literaria excede en ciertos casos, complementa en algunos más y justifica en muchos otros las relaciones entre hechos y fenómenos históricos. La historia literaria no es una ilustración de la historia tout court, lo que implicaría un re- duccionismo; tampoco debe responder estrictamente a un orden cro- nológico que frecuentemente exige reacomodamientos (es así como la comparación entre Lavardén y Castro Alves salta varias décadas para producir una originalidad crítica que se evade de cualquier sujeción cerradamente contemporánea). Ni la historia se resuelve en pura cro- nología ni las literaturas comparadas se practican según un método único, como consta en la justificación previa: tales comprobaciones del desmoronamiento de las certezas orientan los ejercicios que siguen. La confianza en un “sistema literario” (Candido, 2006) más que en la abstracción equívoca de la “literatura nacional” –antes propicia a la consagración canónica que a la incitación crítica– se verifica en cada capítulo, tanto en las líneas que abre hacia el resto del sistema como en las equivalencias que sostienen la práctica compleja de un compa- ratismo intra-americano del que algunos abominan y otros descreen.

Una voluntad provocativa apuntala entonces esta Historia: la del diseño efectivo y puesta en marcha de estudios de literatura comparada intraamericanos, partiendo de la hipótesis de que la literatura latinoamericana, tal como se enseña e investiga actualmente en las universidades del continente, responde a un modelo de literaturas na- cionales comparadas. Sistematizar los estudios comparados con un ojo puesto en el método y otro en la perspectiva política que habilita (para abusar de la analogía oftalmológica que regocijaba la fe estrábica de Echeverría, repartida entre la patria y Europa) significa intervenir en el desarrollo de un campo inexplorado de producción y transmisión del conocimiento dentro de la comunidad académica, ofreciendo asimismo un modelo para aplicar a otras disciplinas.

En la metodología comparatista de esta Historia no existe una relación de superioridad de una literatura sobre la otra sino un vínculo de igualdad sostenido por la proximidad geográfica, la multitud de coincidencias históricas y la condición igualmente periférica que la academia metropolitana reserva a Argentina y Brasil. No se trata de evaluar innovaciones ni de establecer precursorías, sino de mostrar las variantes que en cada país registran algunos modelos externos. Así, el romanticismo indianista brasileño en poesía (Gonçalves Dias) se confronta con el romanticismo argentino que expulsa al indio y lo reduce a malón salvaje o a sujetos sin identidad (Echeverría); del mismo modo que en la gauchesca el mestizo rural adquiere voz en una operación cumplida por los letrados rioplatenses, en tanto el negro será objeto antes que sujeto del abolicionismo en los textos brasileños.

En torno al realismo, las convergencias entre la literatura de ambos países son más notorias, con un epicentro significativo en los textos sobre la Guerra del Paraguay y los efectos de la crisis bursátil de fines del siglo xix. En el caso del naturalismo, si bien los autores de uno y otro lado se rigen por los principios zolianos y los axiomas del positivismo, resulta opuesta la visión del inmigrante: genéticamente predispuesto para expandir el mal en el caso argentino (el italiano en Cambaceres) o corrompido por el medio tropical (el portugués en Aluísio Azevedo). Asimismo, el melodrama que opera como conciliación política en la Argentina ofrece una matriz apta para el acuerdo racial y el mestizaje en ciertas producciones brasileñas. Al lado de tales repercusiones de estéticas europeas se reconoce una originalidad en la producción de géneros locales: por el lado argentino –extensible al área rioplatense– se desarrolla la gauchesca durante varias décadas del siglo xix; en Brasil existe una forma casi “pura” de creación popular como es la literatura de cordel, especialmente proliferante en la primera mitad del siglo xx.

Las mismas repercusiones de fenómenos culturales impregnan la crítica y la historiografía literaria. Las historias que existen para cada país incurren en restricciones propias de la época en la que fueron escritas: así, el positivismo que se verifica en los Capítulos de historia colonial (1907) de Capistrano de Abreu es descartado por el sociologismo empleado por Antonio Candido en su Formação da literatura brasileira (1959), donde el peso otorgado al público lector contrasta con la obsesión formal desplegada por Abreu. Araripe Júnior descubre en Gregório de Matos a un precursor barroco de la literatura del Brasil decimonónico, de modo similar a la reconstrucción que opera Ricardo Rojas de “Los coloniales” en su Historia de la literatura argentina (1917-1922), escrita con el afán de crear una bibliografía para la recién inaugurada cátedra universitaria de estudios de la literatura nacional.

El trabajo con ambas literaturas propone complementar un vínculo que naturalmente se ha desarrollado en el campo musical –intérpretes brasileños como Gal Costa, Chico Buarque o Caetano Veloso circulan desde hace décadas en la Argentina, así como Mercedes Sosa es difundida en Brasil y un grupo argentino como Serú Girán se formó en Buzios en 1978– y que ha tenido momentos de coincidencia notoria en el plano de las artes plásticas, lo que resulta confirmado por recientes exposiciones como la que se montó en la Fundación Proa a fines de 2012 que marcaba los puntos de coincidencia entre los artistas locales del Instituto Di Tella y su proyección en figuras brasileñas como Hélio Oiticica y Lygia Clark. Sin embargo, la integración literaria permanece aún en grado hipotético. La historia comparada de las literaturas argentina y brasileña representa un envión hacia la concreción efectiva de una relación bilateral culturalmente intensa, que contribuya a relativizar las ideas extraterritoriales y a promover una crítica, una metodología y un sistema independientes, evitando la frecuencia con que se aplican las “ideas fuera de lugar” ya diagnosticadas y estigmatizadas por Roberto Schwarz (2004) en un artículo clásico enunciado como manifiesto de independencia intelectual.

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