Historia comparada de las literaturas argentina y brasileña

Historia comparada de las literaturas argentina y brasileña

Foto: ©Vancouver Public Library/Flickr

Este segundo Tomo de Historia comparada de las literaturas argentina y brasileña, también dirigido por Marcela Croce,  recorre el esplendor del romanticismo en su función programática y la crisis económica que sacudió ambos escenarios nacionales en 1890-91.

Mercedes Alonso, Norma Brizzese, Melina Di Miro, Facundo Gómez, Alex Lara Martins, Pablo Nicotera, Lucas Panaia, Mariano Veliz, Solange Victory y Marcela Croce desandan el camino de la literatura de ambos países encontrando puntos de articulación en el itinerario marcado por el apogeo del comienzo y la decadencia del cierre del período, donde se revisan las inflexiones más significativas de las dos literaturas.

Compartimos para nuestros lectores un adelanto exclusivo de este volumen. Un fragmento del artículo que da comienzo al libro, de Melina di Miro:

1. Sarmiento en Facundo y Alencar en O guaraní, o la canonización del autor romántico

Melina di Miro

Una vez lograda la independencia de sus metrópolis, los estados americanos surgidos de las viejas colonias debieron enfrentar no solo la tarea de la organización de sus instituciones jurídicas y sus territorios, sino también el desarrollo de una cultura independiente. Como es evidente al comparar la ruptura de la futura Argentina con la monarquía española y la continuidad de régimen en el Brasil imperial, estos procesos tuvieron temporalidades y problemáticas particulares en los diversos países latinoamericanos. Pero, desde tempranas décadas del siglo XIX, la escritura romántica en Latinoamérica, guiada por el principio historicista, manifiesta la preocupación de los jóvenes letrados de afirmar una cultura que diera cuenta de su singular diferencia frente a las antiguas dominadoras.

José de Alencar (1829-1877) y Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) han sido dos figuras centrales del romanticismo local, cuyas obras han pervivido en las letras de sus países en ecos recursivos hasta el presente. Vinculado espiritualmente a la Generación del 37, rápidamente desencantada de su pretensión de constituirse en la consejera intelectual de Juan Manuel de Rosas, Sarmiento inscribe desde el exilio chileno en su texto fundamental, Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas (1845), una crítica al régimen rosista a través de la biografía del caudillo riojano. Heredero polémico de la primera generación romántica –nucleada en el Instituto Histórico y Geográfico Brasileño (1838) apadrinado por Pedro II–, Alencar da a conocer la que fue considerada por él mismo su obra prima, O guarani (1857), en la que a través de la historia del indio Peri se exalta un sistema de valores afines a la ideología conservadora del Segundo imperio.  Aunque su fecha de publicación corresponde al desarrollo del “egotismo poético”, Bosi (1982) y Candido (2004) coincidirán en que la narrativa alencariana desarrolla los núcleos nacionalistas del primer romanticismo brasileño, si bien con una modernización de los códigos de representación del indígena.

En la diversidad de sus obras y las sociedades que fueron –directa o indirectamente– material de su escritura y de sus proyecciones puede hallarse, sin embargo, la impronta común de ese pensamiento historicista que, tanto en Brasil como en la futura Argentina, permitió dar un sustento estético y filosófico a la conciencia y al deseo de un sector de la comunidad letrada por esa paradójica tarea de descubrir y construir una autonomía espiritual que acompañara la reciente independencia política de estos países en formación. En efecto, en la escritura de Sarmiento así como en la de Alencar es posible encontrar la confluencia de dos ideas rectoras del romanticismo latinoamericano: la reivindicación de las particularidades geográficas, étnicas e históricas de estos pueblos, y la necesidad de elaborar una literatura que fuera expresión de la fisonomía y la “realidad americana” con una intencionalidad de afirmación nacional. De allí el afán por representar la naturaleza y los que se consideraba “caracteres americanos típicos”, habitantes presentes y pasados del suelo patrio: el gaucho, el indio.

Así, en las siguientes palabras sarmientinas se deja entrever el proyecto de crear una literatura nacional que exprese y, a la vez, forme una identidad literaria para la Argentina: “Si un destello de literatura nacional puede brillar momentáneamente en las nuevas sociedades americanas, es el que resultará de la descripción de las grandiosas escenas naturales y, sobre todo, de la lucha entre la civilización europea y la barbarie indígena” (Sarmiento, 1958: 35). Por su parte, será retrospectivamente como Alencar explicitará su proyecto literario nacionalista cuando en el prólogo a la novela Sonhos d ́ouro (1872) periodice el desarrollo de la literatura brasileña –equiparada con el alma de la patria– en tres fases a las que hace coincidir con la organización de su propia producción literaria. Dichas fases son la aborigen o primitiva –constituida por mitos y leyendas–, la colonial –donde se narra el encuentro del invasor con la tierra americana–, y la tercera fase iniciada con la independencia política, que espera escritores que formen el gusto nacional.

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