HIJOS y literatura: entrevista a Teresa Basile

HIJOS y literatura: entrevista a Teresa Basile

Imagen de portada del libro

Como adelanto de Infancias. La narrativa argentina de HIJOS, a publicarse por Eduvim en las próximas semanas, dialogamos con su autora, Teresa Basile, Doctora en Letras y docente de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

¿Qué se aborda en Infancias. La narrativa argentina de HIJOS?
Lo que me interesó mucho es una cuestión muy peculiar referida ya no a los militantes revolucionarios de los ‘70 en Argentina y en el Cono Sur, sino a la segunda generación: los hijos de los militantes revolucionarios que también fueron víctimas de la dictadura. Fueron niños durante la dictadura, eran muy pequeños, algunos nacieron en el ‘76 o unos años antes. Entonces, las preguntas que este libro se hace son: ¿qué aconteció con estos niños?, ¿cuál fue la experiencia que atravesaron y padecieron? La idea es trabajar estas experiencias desde la producción cultural, en especial desde la literatura, aunque incluyo algunos films.

“Una de las posibilidades que tiene la literatura es convertirse en un vehículo para observar, para bucear en estas experiencias que en un punto son absolutamente inéditas”, afirma Basile, quien posee una vasta trayectoria de investigación sobre el vínculo entre literatura, política y memoria. Sobre este punto de partida, la autora se pregunta: “¿En qué momento de la literatura argentina los textos, las novelas, las ficciones fueron canales para exhibir estas infancias; qué es lo que ocurría con un niño cuando pasaba, junto con su familia, a la clandestinidad; qué significa la apropiación y la restitución de una identidad; cuál fue la experiencia de haber estado o de haber nacido en un centro clandestino?”. “Estas vivencias son absolutamente inéditas. La literatura, como también el psicoanálisis, permite explorar, interrogar, mostrar estas subjetividades vulneradas, violentadas”, afirma Basile.

“Lo que vertebra el índice de este libro tiene que ver con estas experiencias: trabajo las infancias huérfanas, las clandestinas, las apropiadas, las infancias educadas y, otro punto de interés, son las infancias violentas y allí están los otros hijos: los hijos de perpetradores, de militares, de policías”, explica la autora sobre Infancias. La narrativa argentina de HIJOS, libro que integrará la colección “Poliedros” de Eduvim.

Como ejemplo de estas categorías de infancias, Teresa Basile desarrolla la infancia huérfana: “Qué significa una orfandad pero de padres desaparecidos, cómo atraviesa la psiquis de un niño el hecho de que su padre ha desaparecido y él entonces espera su regreso, lo que va a dar lugar a lo que algunas psicoanalistas llaman un ‘duelo prolongado’, un duelo suspendido en esta espera, es este vínculo que no se rompe porque los padres no están muertos, no hay un cadáver, no hay una situación clara. Ellos siguen esperando al padre o a la madre, les escriben cartas, establecen una relación imaginaria”. Cuando ya se conoce el destino de los desaparecidos y se sabe que están muertos, ello “suscita en los hijos ya adolescentes, ya adultos, esta suerte de búsqueda de los padres, tanto de búsqueda e identificación de los cuerpos, como esa búsqueda de la historia de ellos: por qué luchaban, cuáles eran sus desafíos, por qué se entregaban a la militancia, por qué eran revolucionarios, cuáles eran tanto sus ideales políticos como también sus gustos, alguno comenta ‘de mi papá yo quería saber qué comida le gustaba, qué música oía, cómo se vestía’”, afirma Basile.

¿Cuál es la relación entre la organización HIJOS y la esfera literaria?
Es todo un desafío comprender ese vínculo. En principio, la organización de derechos humanos HIJOS fue central en la Argentina, e incluso en toda América Latina: hizo visible a la generación de hijos, la colocó en la esfera pública, entonces de allí que los escritores, los cineastas y demás, se tienen que referir a la agrupación, ya sea porque, además de ser artistas, militan en la misma o para distanciarse: para mostrar diferencias y para elegir otros caminos, incluso otras formas de militancia. En esta cuestión no podemos olvidar que cada una de las esferas, la política y la artística, son autónomas, pero en este caso hay un necesario vínculo entre ambas, lo que no quita la autonomía del escritor para elegir su propio camino. Una de las preguntas es ¿en carácter de qué escriben? ¿Porque son hijos o son escritores y además hijos? Allí pareciera haber un vínculo complejo, que además tiene que ver con el mercado, es un vínculo que se vuelve sospechoso. La cuestión sería, ¿escriben porque son hijos de desaparecidos y entonces “aprovechan” esa especie de interés suscitado por el mercado editorial? Yo prefiero ver una alternativa que está presente en Primo Levi y en (Jorge) Semprún ¿en qué medida una experiencia tan radical de la violencia extrema dispara en ellos una necesidad de expresión, el deseo de testimoniar, los convierte en escritores, hace nacer al escritor? Esto está en Mariana Eva Pérez, en Diario de una princesa montonera. Ella dice "El temita éste de los desaparecidos et tout ça viajó de polizón en las crónicas europeas, me boicoteó el plan de escribir sobre la escritura... Me cansé de luchar: hay cosas que quieren ser contadas, como mis escalofriantes entrevistas con el penitenciario Fragote o el almuerzo con Mirtha Legrand. El deber testimonial me llama. Primo Levi, ¡Allá vamos!”.

De la descripción de Teresa Basile sobre esta relación entre la esfera cultural y la segunda generación de víctimas, surge la pregunta en torno a las funciones de la literatura, en particular la literatura como canal para testimoniar pero también como una vía terapéutica: “Los hijos tienen, por una parte, la memoria de los padres, una memoria que deben buscar, pero también tienen una memoria propia, porque ellos vieron sus casas allanadas, sus padres desaparecidos, en muchos casos nacieron en maternidades de centros clandestinos de detención, entonces ellos también fueron partícipes directos, fueron víctimas directas” afirma la autora, y detalla: “Hay una memoria dual: la que proviene de los padres pero que ellos deben interrogar, averiguar y completar, y que en muchas ocasiones se vuelve el centro de sus relatos, pero también la literatura es un vehículo para bucear las propias vivencias durante la dictadura”. “La violencia radical sufrida por estos hijos, en muchas ocasiones intolerable para sus subjetividades, que se revela en pesadillas y en síntomas, precisa de la literatura, del relato para poder comprenderla y reparar de este modo el trauma sufrido. La literatura se vuelve un camino para armar un relato propio, para poder reconstruir esas identidades vulneradas”, continúa Basile, y añade: “Pero además, la herida es generadora de una notable producción cultural, se transfigura a través del camino del arte. Recuerdo una frase de Walter Benjamin quien señalaba que los soldados regresaban mudos de la Primera Guerra Mundial, sin poder narrar la magnitud inhumana de lo acontecido, en cambio esta segunda generación argentina muestra obstinadamente lo contrario a través de una vasta producción que se ha volcado en la fotografía, el cine, la narrativa, la poesía, el Teatro por la identidad, el testimonio, la performance, la plástica, las instalaciones, los discursos críticos, los blogs”.

Consultada sobre este 24 de marzo, a 43 años del último golpe cívico-militar, y en relación al vínculo memoria-literatura y esta obra, Teresa Basile reflexiona: “La visibilidad de toda la producción cultural de esta segunda generación es otro modo de ingresar a estas herencias del 24 de marzo, con el aporte de otras perspectivas. Hay allí un cúmulo de experiencias y reflexiones que creo que es muy importante, que hace visible que la segunda generación fue víctima directa”. “La otra cuestión central -añade- es la transmisión intergeneracional de la memoria ¿Cuál es su continuidad en el futuro? Aquí lo curioso es que esta segunda generación muchas veces suele convocar a sus propios hijos, quienes todavía son pequeños. Esta inclusión de quienes serían los hijos de los hijos (la tercer generación) está hablando de la necesidad de continuar con esta transmisión, de que esto no suceda nunca más”.

Teresa Basile estará en los próximos días en Europa, donde participará de actividades académicas en Alemania y Bélgica, concretamente en el Congreso de la Asociación Alemana de Hispanistas, en Berlín, y en un coloquio denominado Transformaciones del Testimonio Latinoamericano en el Siglo XXI, en la Universidad de Gante.

¿Qué valor tiene compartir estas producciones de memoria y literatura con investigadores/as de otros países que han vivido procesos genocidas o de terrorismo de Estado, más allá de las diferencias y particularidades de cada caso?
Sí hay mucho interés en confrontar las diversas experiencias referidas a las segundas generaciones tanto de las víctimas del Holocausto judío como del franquismo y de otras experiencias de violencia genocida. Sería demasiado extenso responder esta cuestión, sólo me referiré a algunas perspectivas. En la Universidad de Gante vamos a intercambiar perspectivas con dos especialistas, Ilse Logie y Maarten Geeroms, sobre estas segundas generaciones argentinas y su producción en el exilio, otro de los ejes fundamentales.
Por una parte aún hay cuestiones pendientes, en el documental "Els nens perduts del franquisme" (2006), de Montserrat Armengou y Ricard Belis, se explican las políticas de apropiación de los niños rojos, de los hijos de los republicanos, por parte de Franco y su posterior adopción por familias afines al régimen, y lo perturbador es que aún siguen sin recuperar su identidad -muchos, claro, ya han muerto y no se ha logrado recomponer la cadena filiatoria-. Según un estudio realizado por Luz Souto Larios (quien organizó un Simposio dentro del XXII Congreso de la Asociación Alemana de Hispanistas): para 1943 se contaba con la cifra de 12.000 niños derivados a centros de asistencia. Asimismo con Cecilia González hemos organizado en la Universidad de Bordeaux un Coloquio en torno a las segundas y terceras generaciones en Europa que nos ha permitido enriquecer las perspectivas sobre HIJOS.
Por otra parte, el caso argentino significa un notable aporte, no sólo por la producción cultural que ya hemos tratado de valorar, sino también por el aporte legal que, por ejemplo las Abuelas, han hecho sobre los derechos del niño: la Asamblea General de las Naciones Unidas adopta en 1989 la “Convención Internacional de los Derechos del Niño” (luego incluida en nuestra reforma constitucional de 1994) que contiene los llamados tres “artículos argentinos” (7, 8 y 11) referidos al derecho a la identidad que se les otorga a los niños. Posteriormente se sancionó la Ley 26.061 de “Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes” (2005) que introdujo un giro radical en la concepción del niño, al sacarlo de su posición de objeto para estimarlo como un sujeto con plenos derechos, otorgándole la potestad de opinar y decidir (según su edad) sobre su situación.

Infancias. La narrativa argentina de HIJOS integra la colección “Poliedros” de Eduvim y estará disponible en las próximas semanas tanto en versión papel como digital.