Falso sentido de realidad en ciencias

Falso sentido de realidad en ciencias

06/04/2020 Fotografía de libro abierto

“En investigación científica, resulta demasiado fácil crear un falso sentido de la realidad al inventar un nombre”.

Esta frase de la biografía de Alex Fleming por Gwyn Macfallane expresa un hecho frecuente pero poco considerado tanto en ciencias como por el público general. Y que suele inducir errores en estudiantes (y profesionales) no advertidos. Lejos de reflexiones eruditas o de incursiones polisémicas sobre la realidad, acá van algunos ejemplos de elementos que no siempre son lo que parecen.

El nombre retinol de la vitamina A deriva de su descubrimiento en los pigmentos de la retina del ojo. Sin embargo, sólo suele mantenerse esta noción parcial, aunque este antioxidante está presente y actúa en el mantenimiento de dientes, tejidos blandos, óseos, mucosas y piel.

El término teratología (Etimología: “estudio de monstruos”) está en uso desde el siglo XIX pero, al verse ampliado por los avances científico-tecnológicos, actualmente también designa cualquier anomalía embrionaria desde el nivel anatómico hasta el molecular. Por extensión, son teratógenos los agentes biológicos (virus rubeola), físicos (rayos X) o químicos (agrotóxicos) que provocan malformaciones o anomalías de cualquier tipo en el embrión.

Otro nombre equívoco suele ser prostaglandinas, que designa hormonas reguladoras de la coagulación, inflamación y dolor. Fueron llamadas así por su descubrimiento en la glándula prostática, hecho cuyos autores merecieron el Premio Nobel en 1982. Aunque muchos piensan que estas moléculas son producidas sólo por la próstata, también son sintetizadas y actúan en el metabolismo y órganos de ambos sexos. Sin salir del tema y con licencia para una amena digresión, el autor recuerda un masivo y tórrido turno de exámenes de primer año de medicina. El profesor pregunta a la temblorosa alumna: "Dígame, señorita, ¿qué es la próstata?". Corren los segundos y la señorita…, muda. "Señorita, ¡¿qué es la próstata?!". Mayor silencio, ella muda y sonrojada. El profe, impaciente: "Por favor, señorita, es tema de la bolilla 12; ¡¿qué es la próstata?!". Otro largo, profundo silencio y más sonrojo, hasta que finalmente la alumna balbucea: "Profesor, cómo me pregunta eso?!?...” (y reafirmada en el reproche agrega) "...próstata es una mujer de mala vida!!!".

Otros términos de confusa raíz y uso son estrógeno y progesterona, hormonas descubiertas en órganos reproductores femeninos. Se suele asumir que sólo pertenecen a la mujer, pero también las producen los varones, con importantes funciones sobre el sistema osteoarticular, el sistema cardiovascular, el metabolismo lipídico, la regulación del “colesterol bueno” y hasta existen en los vegetales! En tiempos de machismos y feminismos, no es raro el chascarrillo con pretensión de agravio basado en esta confusión.

Con frecuencia, la palabra teoría tiene un significado equívoco. En el uso corriente la idea equivale a suposición o conjetura que señala un dato anticipado pero aún no observado o demostrado. Pero en ciencias, también se aplica Teoría (con mayúscula) a un sistema de hipótesis comprobadas y reglas para extraer consecuencias de esas hipótesis a fin de interpretar observaciones congruentes. Así, hay teorías que se convierten en Teorías, por ejemplo la existencia de Plutón (anticipado en 1906 y revelado en 1930), el Código Genético (supuesto desde el siglo XIX, fue demostrado recién en los años 1950s), la Teoría de la Evolución (asumida en la remota antigüedad y probada desde el siglo XIX), o los Agujeros Negros (propuestos en 1783, fueron demostrados en el siglo XX).

Asimismo, la idea de Teoría atómica suele atribuirse a físicos del siglo XIX, entre otros a Ernest Rutherford (1871-1937), Albert Einstein (1879-1955) o Niels Bohr (1885-1962), lo que es cierto. Pero el concepto de la materia compuesta por unidades discretas llamadas “átomos” es tan vieja como los griegos Leucipo y Demócrito (siglo IV AC), el hindú Vaisheshika (siglo II DC), o el menos antiguo Giordano Bruno (1548-1600), a quien le costó la vida al ser quemado vivo en la hoguera por la Inquisición romana en Campo de Fiori.

Otros términos, como orgánico o natural observado sobre alimentos con pretensión de saludable y puro, tampoco son lo que parecen. Si orgánico significa “estar formado por carbono, hidrógeno, oxígeno y/o nitrógeno”, y natural es –sin eufemismos– “provenir de la naturaleza”, se puede concluir que un tomate es tan orgánico como un litro de nafta y tan natural como el uranio que alimenta la central atómica de Rio Tercero. Aunque este error es aceptado por la sociedad y sus empresas, decir que un alimento es orgánico o natural es no decir nada. Casi todo lo que comemos (o no comemos) es orgánico y muchos son naturales, aunque provengan de Chernobyl. Sería más honesto anunciar alimentos ecológicos aclarando que no fueron obtenidos mediante pesticidas, herbicidas o agrotóxicos, y que esto sea probadamente cierto.

Términos equívocos son frecuentes en moléculas, órganos, objetos o sistemas, a veces por haberse nominado en su descubrimiento, años o siglos antes de la actualidad. Otras veces, simplemente porque se aplican con intenciones non sanctas. Confusiones que suelen inducir un falso sentido de la realidad a muchos legos, pero también a los eruditos.

Autor(es) del contenido

Roberto Rovasio

Profesor Emérito de la Univerisdad Nacional de Córdoba. Ex Investigador Principal (CONICET).

Médico, Doctor en Medicina, Técnico de Laboratorio, (UNC). Docteur d’Université, Paris Nord-XIII, Francia. Ex Director del Centro de Biología Celular y Molecular, FCEFN, UNC, Argentina.