Entrevista con Soberón

Entrevista con Soberón

Recordamos que mañana jueves 9 de abril a las 19hs. será la presentación del libro “Ciudades escritas”, de Fabián Soberón. La cita es en la Casa de Villa María en Córdoba, ubicada en Av. Olmos 281 de la ciudad de Córdoba. Actuará de presentador el escritor Adrián Savino, autor de la novela “Soja en las banquinas”, publicada también por nuestro sello editorial. A continuación compartimos una breve entrevista con el autor.

–En el prólogo, Rodríguez Juliá sugiere que en el libro lo que más importa es la idea de pertenecer a lo visitado sólo a través de la propia soledad. En un recorrido como el que propone Ciudades escritas, ¿cómo construye el autor su mirada?

–Creo que el libro va en contra del lugar común. No piensa a las ciudades como espacios para recorrer o como espacios vistos bajo la mirada del turista. En todo caso, he elegido la mirada literaria y filosófica. Soledad, ensayo y ciudad pueden ser pensados como aspectos de lo mismo. Pensemos en Montaigne, por ejemplo. Me parece que la crónica trabaja con las estrategias de la ficción tal como lo hacen otras formas literarias. En este sentido, escribir sobre ciudades es lo mismo que escribir un cuento o una reflexión literaria y filosófica sobre un problema o tema. Sobre todo porque lo que importa en la escritura literaria, me parece, no es el tema. Es decir, el tema sí importa. Pero importa tanto o menos que las estrategias o las maneras de cuidar los problemas formales. Es decir: ¿cómo hago para crear un narrador? ¿El narrador es el mismo en todas las crónicas? ¿De qué forma puedo materializar el tiempo en las escenas de la crónica? ¿Cómo se hace para demorar o acelerar el tiempo en el relato de lo real? ¿Cuántas personas aparecen en una crónica y cómo hago para que se conformen como personajes? ¿Es necesario que vuelvan a aparecer en otro texto? Estas preguntas no son meros artilugios retóricos o teóricos sino que son cuestiones que hay que resolver en la escritura de los textos. Y la construcción de la mirada surge como un efecto buscado en la problematización de estas cuestiones. Ahora bien: las cuestiones formales definen un tema, ya que ayudan a mejorar o empeorar el tratamiento de un tema. Ningún tema está desprovisto de forma. Por tanto, si confiamos en esta idea, siempre que haya forma habrá ciudad. Y siempre que haya ciudad deberá haber una forma de narrarla. En definitiva, el problema sigue siendo el mismo: cómo narrar una ciudad, cómo escribir una ciudad.

–¿Se puede pensar al viaje como el único lugar posible?

–Como para muchos, el viaje es para mí una forma de la autobiografía literaria. Es decir, es una forma de la crítica. El viaje es un medio para pensar la ciudad, la sociedad, el arte, la cultura. Yo he querido leer críticamente episodios literarios y cinematográficos en los recorridos y en los barrios, en las calles, en los teatros, en las veredas, en el monte de Vermont, en la pasarela con estrellas de Hollywood. En el viaje el tiempo se acelera. En esa turbación temporal, la experiencia se modifica. El viaje no es otra cosa que un laboratorio literario y artístico. El viaje propone un cambio en la velocidad de la existencia y esa modificación intencional funciona como una plataforma móvil para la experimentación con los géneros. Por eso, la crónica es para mí un terreno fértil, un mapa vacío en el que puedo escuchar y ver lo que el espejo falso de la existencia me devuelve. En esta dirección, el lugar no importa tanto. Es crucial el estado anímico y artístico del que mira. Nadie mira dos veces el mismo río, diría Heráclito. Nadie escribe la misma crónica dos veces en el mismo viaje. Nadie puede pensar la literatura o el cine de la misma manera en dos viajes.

–¿Cómo se emparenta este libro con su obra ensayística y narrativa? –De lo que dije antes se puede colegir, creo, que la crónica no es muy diferente en sus exploraciones que el ensayo sobre un tema determinado. La crónica es esa mezcla feliz que me permite combinar de manera lúdica y experimental las formas de la reflexión y de la narración, de la experiencia y de la lectura. En este sentido, la crónica ha funcionado como un laboratorio. He explorado hasta tocar los límites, los bordes. Y sentir el borde suave de las fronteras me ha ayudado a saltar los límites. La crónica continúa por otros medios lo que escribo en un ensayo o en una novela. Sólo cambian las condiciones iniciales. La crónica es literatura por otros medios. Villoro lo dice mejor: la crónica es literatura bajo presión.

–¿Considera que la crónica, y en particular la crónica de viaje, está pasando por un momento especial?

–Desde el punto de vista editorial, creo que la crónica pasa por un buen momento. La pregunta es ¿cómo son los lectores de crónicas? ¿Qué les interesa? ¿Estará surgiendo un nuevo tipo de lector a través de esta forma? Antes que respuestas, tengo preguntas. La crónica genera una tensión interna que antes atravesaba al cine. El cine fue considerado en la etapa moderna como un arte. ¿Qué sucedió con el cine en la era de la televisión? Hoy la crónica es entendida como un arte literario. ¿Qué pasará con esta forma? Se podría pensar a la crónica en relación con la teoría del relevo de Walter Benjamin. ¿A quién viene a reemplazar la crónica? ¿Qué forma literaria o no literaria será la encargada de sustituir a la crónica? De estas consideraciones rápidas se puede deducir que la crónica es una forma móvil, histórica. La crónica “moderna” asimila y despliega la historia, es testigo del presente. Metaboliza y canibaliza –según la fórmula de Chandler– las múltiples formas literarias y propone una lectura del pasado. ¿Es una forma que respira futuro? ¿Será una forma del futuro?

Libros relacionados

Fabián Soberón, en su magnífico libro Ciudades escritas, nos habla más desde el sujeto que desde el objeto del deseo a ser explicado, porque en esta crónica lo que más importa, ante la extrañeza y el misterio de la ciudad americana, desde Middlebury hasta Hollywood, es la idea de pertenecer a lo...