Entre la erudición filosófica y el interés político. Hannah Arendt por Peter Venmans

Entre la erudición filosófica y el interés político. Hannah Arendt por Peter Venmans

Fotografía Lautaro Aguirre

Peter Venmans, autor de El mundo según Hannah Arendt, ensayo sobre su vida y obra, publicado por Eduvim, fue entrevistado por la Dra. Patricia Morales.
La banalidad del mal, el amor mundi, la influencia de Kant, la relación con Heiddeger. Hannah Arendt visitada un diálogo sin desperdicio
Compartimos a continuación fragmentos de la entrevista. Más abajo se puede acceder a la versión completa.

Patricia Morales: (…) Cuéntanos por qué te ha fascinado siempre Hannah Arendt

Peter Venmans: Pues es una filosofa que no cabe muy bien dentro del marco tradicional de la filosofía. Es una pensadora que siempre ha pensado sin llamarse filosofa. Ella quería ser una pensadora política sobre todo y al mismo tiempo tiene todo un equipaje filosófico;  estudió con Heiddeger, por ejemplo. Conoce muy bien la tradición alemana de la filosofía. Esa combinación es fascinante; entre la erudición filosófica y un interés político por las cosas. Por supuesto que Hannah Arendt es muy famosa por su libro sobre Eichmann en el que forjó el concepto sobre la banalidad del mal. Es un ejemplo de un tema interesante que hasta nuestros días es de actualidad.

PM: ¿En qué sentido la banalidad del mal es revolucionario como concepto?

PV: Generalmente en la tradición filosófica el mal es considerado como demónico. Se dice que cuando uno comete un mal es inspirado por el diablo, tiene motivos malos. Cuando Arendt estaba en Jerusalen, en el jucio de Eichmann, vio a una persona que a primera vista no tenía nada de diabólico, de demónico.  Era un funcionario, un hombre. Ella mencionó en su libro de apuntes que Eichmann parecía un payaso. Es decir, no tiene nada de profundo; todo en él es superficial. Es como si él no se diera cuenta de lo que había hecho: fue el organizador del holucausto y es como si no supiera distinguir entre el bien y el mal. Esto sorprendió mucho a Hannah Arendt y elaboró este concepto: el mal en los tiempos modernos no siempre es algo que se origina en unos motivos malos, puede ser fruto de una indiferencia, una indiferencia hacia el mundo. El contrario del amor por el mundo no solamente es el mal sádico y el odio, sino también la indiferencia. La violencia no es solo una cuestión de mal querido, sino también de cierto conformismo y una superficialidad hacia el mundo. Ése es el gran tema de la banalidad del mal.

PM: Pero esta nueva visión del mal, por lo menos ésta que usa Hannah Arendt para analizar la biografía de Eichhmann, tiene también implicancias en el nivel de justicia?

PV: Si, sobre todo porque si uno sabe como punto de partida que el mal es cometido por un criminal banal, es decir, alguien que no tiene motivos y que no sabe distinguir entre el bien y el mal; cómo se puede juzgar a una persona que no es capaz de distinguir entre el bien y el mal, que no sabe pensar. Es como si esta persona, este criminal no fuera responsable de sus actos. Esto plantea muchos problemas para la justicia porque si un criminal tiene motivos muy claros, pues la sentencia es muy clara. Uno puede condenar a un criminal que tiene motivos, pero un criminal sin motivos; ¿cómo se puede castigar? Es como si fuera casi inocente, en cierto modo Eichnmann era inocente, no de sus actos, pero en su conciencia. Si es correcto el análisis de Arendt, pues cómo juzgar a tal persona.

(…)

PM: Respecto a amor mundi: cuéntanos de qué manera esa frase de Hannah Arendt representa su filosofía, su apuesta a la vida.

PV: Diría que es la base de su filosofía. Nunca ha elaborado una teoría del amor mundi pero es un poco el hilo rojo en su obra. Muchas veces se ha pensado a Arendt como una pensadora del mal, pero también hay un aspecto casi optimista. No es un optimismo beato, pero es una fe en la capacidad del ser humano de interactuar, de colaborar, de vivir juntos: eso es el amor mundi, la creatividad. Ella dice que la humanidad es como un renacimiento continuo, que cada día volvemos a nacer. No sólo el nacimiento biológico sino también un nacimiento simbólico; cada día los adultos que somos, interactuamos y llegamos a crear algo nuevo. Pero no podemos hacer esto individualmente, no somos artistas individualmente de nuestras vidas, pero juntos sí, cuando interactuamos.

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