El oficio de investigador científico | EDUVIM

El oficio de investigador científico

El oficio de investigador científico

Fotografía de manifestación por recortes en ciencia (fuente: www.elintransigente.com.ar)

El 10 de abril, desde hace 132 años, los trabajadores de la ciencia evocan el natalicio de Bernardo Houssay, reconociendo su trayectoria en el Día del Investigador, también consagrado por la UNESCO como Día de la Ciencia y la Tecnología (CyT). Sin entrar en las controversias que integran la historia del laureado Nobel, esta es una buena oportunidad para recordar algunos aspectos del oficio de investigador.

En primer lugar, un investigador en la CyT argentina está esencialmente conformado y mayoritariamente afincado en la órbita pública. Esto significa que el conjunto social aporta a su manutención personal e institucional, lo que impulsó a su alma mater, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), al segundo puesto después de la Universidad de San Pablo, entre 400 instituciones de América Latina, según Scimago Institution Rankings que mide el desempeño de centros de investigación científica.

También es una oportunidad para recordar la lenta pero creciente toma de conciencia social de los investigadores, a la vez que se intenta visualizar una respuesta razonable a la creciente variedad de cuestiones formuladas a sí mismos o demandadas por sus discípulos: ¿Se debe producir conocimiento para una “ciencia neutra y globalizada”? ¿… aceptar sin condiciones los “aportes financieros” de agencias transnacionales? ¿… expulsar hacia el Norte la mano de obra barata de los mejores profesionales? ¿Qué Educación, Ciencia y Tecnología queremos? ¿Para qué país y para quién las queremos? Muchas preguntas con respuestas aún pendientes.

Así como en 1993, el Banco Mundial recomendó (léase: “ordenó”) la privatización del CONICET y de la Comisión Nacional de Energía Atómica –entre otras exquisiteces–, hoy sería importante solicitar a las autoridades de CyT que confirmen o desmientan el murmullo a gritos que recorre la Sede Giol del CONICET. Parece que, entre las crecientes demandas perentorias del Fondo Monetario Internacional, se incluiría la “balcanización” de la Institución. Nunca mejor encontrado el verbo, ya que según la RAE significa “desmembrar un país en territorios o comunidades enfrentados”. En palabras menos duras, se “recomendaría” una especie de “corporación federativa” del CONICET prorrateándolo entre las provincias. Por supuesto, no se habla seriamente de transferencias de fondos. Además, este “cambio pro-democrático” contaría con conspicuos voluntarios provincianos que se “sacrificarían” aceptando la dura misión de comer una porción cada vez más chica de la progresivamente empequeñecida torta de la CyT.

Por lo anterior (y mucho más), recordamos en su día que ser un Investigador Científico significa, entre otras cosas, poner lo necesario para la defensa real de un ideal (o de una utopía); significa ser capaz de conseguir lo que se propone, no solamente proponerlo; significa carecer de dogmatismos y prejuicios; significa tener el coraje de cortar el cordón umbilical a tiempo y no quedar –como la lamprea– pegado a los tiburones; significa tener un espíritu genuinamente independiente; significa desarrollar el pensamiento crítico empezando por la auto-crítica; significa hablar lo justo y escuchar mucho; significa incorporar el "nosotros" más que el "yo"; pero sobre todo…, significa estar insertado en la sociedad que lo nutre y mantiene.

Autor(es) del contenido

Roberto Rovasio

Profesor Emérito de la Univerisdad Nacional de Córdoba. Ex Investigador Principal (CONICET).

Médico, Doctor en Medicina, Técnico de Laboratorio, (UNC). Docteur d’Université, Paris Nord-XIII, Francia. Ex Director del Centro de Biología Celular y Molecular, FCEFN, UNC, Argentina.