El conflicto en Chile: ¿En qué estado se decidió este estado?

El conflicto en Chile: ¿En qué estado se decidió este estado?

24/10/2019 Manifestación en Santiago de Chile, 22 de octubre (fuente: Migrar Photo)

Parecía un Estado excepcional, pero decantó en un estado de excepción. ¿En qué estado el presidente de Chile decidió este estado?

A juzgar por los precedentes, obnubilado por la soberbia de ser su país “un verdadero oasis en medio de una Latinoamérica convulsionada”; indiferente a la miseria de su pueblo —indefenso ante el aumento sostenido de las desigualdades—, al que creyó diezmado y sin capacidad de reacción más allá del enfado que no pasaba de las redes de internet a las calles, o el de las organizaciones sociales de siempre, cada vez más disminuidas por las políticas de enajenación sindical.

Parecía que nada los despertaría, ni las colusiones empresariales a los precios de la medicina, alimentos y hasta del papel higiénico, con castigos de multas menores a lo robado (lo que en vez de amedrentar parece confirmar un buen negocio); o la conmutación desde penas de cárcel a clases de ética para millonarios que, evadiendo la ley, financiaron campañas políticas para luego ordenar qué decir y cómo votar a sus marionetas en el parlamento. No, Chile no es un país excepcional, por más que su presidente se vanaglorie de sus indicadores y se jacte de su desarrollo y crecimiento en sus viajes al extranjero.

A juzgar por lo posterior, el presidente no estuvo en su mejor estado para decidir el estado de excepción constitucional. Declaró “estar en una guerra”, recibiendo el reproche inmediato de toda la oposición y avergonzando al oficialismo. La primera dama sufrió un bochorno para la posterioridad al filtrarse un audio personal de whatsapp en que dice “(…) estamos absolutamente sobrepasados, es como una invasión extranjera, alienígena, no sé cómo se dice, y no tenemos las herramientas para combatirlas (…) aprovechen de racio… racionar la comida, y vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás”.

En ese estado es que se decidió el actual estado, donde una clase alta —no olvidemos que el presidente es una de las cinco personas más ricas del país— se vuelve consciente de la inmoralidad de sus privilegios, y que solo ante la amenaza de no poder perpetuar su capacidad de acumulamiento de riquezas, cae en la aceptación de tener que compartirla para no resignar más de lo que podrían perder si es que no lo hicieran. No obstante, los verdaderos “sobrepasados” son los alienígenas (para ellos), es el pueblo chileno en su inmensa mayoría.

Estamos en guerra y nos sobrepasan los alienígenas son expresiones que demuestran en qué deplorable estado se encuentra el ambiente y emocionalidad de quien lidera el país, siendo deplorables y ciegas asimismo sus decisiones pasadas y presentes, que condenan a toda una nación que no demanda más que un nuevo pacto social, un trato justo, el que es racional, alcanzable y modificable por simple voluntad política. No se pide lo inviable, Chile le ha demostrado al mundo sus capacidades y riquezas, ahora debe demostrar que puede administrarlas con moral y ética.

El paquete de medidas ofrecido a días del estallido social era esperable en un estado de derecho, no de emergencia. Esas acciones bien le habrían valido al presidente el logro de su ansiada positiva evaluación en las encuestas y de paso habría quizá acallado o postergado el malestar de la población. Ahora son todas insuficientes, se requiere reformular la Constitución y ajustar los beneficios del modelo de desarrollo y crecimiento de modo tal de invertir la brecha que se produce en la distribución de riquezas, y frente a eso no hay anuncios mientras la represión continúa y parece normalizarse.

Un colega de Venezuela me pidió información respecto a los acontecimientos, porque allá los sesgos informativos culpan de la crisis chilena al fracaso del modelo neoliberal o a una irrupción planificada de un movimiento de izquierda que buscaría derrocar al Gobierno. Ni lo uno ni lo otro, le cuento, esto le pudo haber sucedido al gobierno de Guillier si le hubiese ganado a Piñera en las elecciones. Quizá los militares aún no saldrían a las calles y la derecha aclamaría su acción, pero se trata de un escenario que ya no existió. Lo que sí escandaliza, como señalaba, es la normalización del estado de emergencia y la negligencia en sus protocolos, que están causando muertes (18), heridos (más de 500) y denuncias de tortura. El Gobierno, para justificarse, se ha empeñado en configurar un enemigo organizado, sin sustento ni pruebas que lo avalen hasta ahora. Son millones en las calles, incluso la gente en excelente situación económica, los que claman por el cese de los abusos de la oligarquía.

Desde mi hogar escribo esto y agradezco el espacio, mientras a unas cuadras oigo disparos, en una ciudad del sur otrora tranquila, a más de 800 km de Santiago. Chile despertó y le cobra a su clase política “la alegría”, “el crecer con igualdad”, el “Chile de todos” y “los tiempos mejores” por los que han resultado electos los Gobiernos de la posdictadura.

 

Fotografía: Colectivo Migrar Photo.

Autor(es) del contenido

César Altermatt Venegas

Periodista, licenciado en Comunicación Social y diplomado en Interculturalidad. Actualmente se desempeña como coordinador editorial del sello de la Universidad Austral de Chile.

Libros relacionados

En los ensayos reunidos en este libro convergen reflexiones sobre la memoria política y social de Chile entre 1990 y la actualidad. Un largo periodo que recorre los tiempos de la dictadura, transición y postransición a la luz de los diferentes modos en que las políticas y las estéticas de la...