Edith (se) edita | EDUVIM

Edith (se) edita

Edith (se) edita

Por Beatriz Vottero[*]

 

Entre las singularidades que envuelven la figura de Edith Vera, como comunicarse a través de mensajes en papelitos dejados y retirados en el parabrisas de su auto arrumbado en un garaje sin llave, o recibir a sus invitados en el bar-café de la esquina al que llamaba “mi living”, se cuenta su hábito de llevar en los bolsillos o en la cartera pequeños trozos de papel con sus poemas manuscritos. A veces nos los daba a quienes la frecuentábamos, como quien ofrece un caramelo a un niño al despedirse, ya fuera en encuentros acordados o en azarosos cruces en la calle. Los llevaba también cuando la invitaban a un programa de radio, entregándolos a otro para que los leyera -como atestigua María Teresa Andruetto-, aduciendo timidez para hacerlo ella misma. Los llevaba cuando íbamos a las escuelas a contar cuentos como miembros del Club de Narradores “Aracilde Sobral”, creado y sostenido por Marta Parodi; los iba sacando y leyendo sin siquiera decir que eran de su autoría, dejándolos luego sobre el escritorio de la maestra, en un banco o simplemente… por ahí.

Mucho se ha dicho sobre su negativa a publicar, sobre la demora en acordar la edición de Las dos naranjas, Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes 1960, publicado recién en 1969. Se conoce que luego recibió propuestas de otras editoriales de renombre, que ella demoró hasta el cansancio y desilusión de quienes se interesaban en divulgar su obra. De a poco, sin embargo, accedió a que algunas plaquetas y libros tomaran forma impresa.

Hoy celebramos la reedición facsimilar de Las dos naranjas. La sabemos necesaria, imprescindible. Pero también, quizás y por eso mismo, sea oportuno volver a preguntarnos si es que verdaderamente Edith Vera rehuía la publicación de su obra.

La hemos escuchado decir que nunca tuvo el propósito expreso de escribir para niños. Su poesía, sus canciones, sus cuentos eran simplemente eso: poesías, canciones, cuentos para cualquier lector, aun cuando en la mayoría pueda reconocerse un tono particular, tan afín a los más chicos, que disfrutan igualmente los adultos por la calidad literaria de cada composición, como es el caso de Las dos naranjas. Su escritura es el lenguaje de los aromas, de las texturas, de los sabores, pero también refleja cómo la atravesaban los temas más álgidos de la historia, de la política, del amor, el desamor, la soledad, el dolor, la espera y la esperanza.

Cuando la invitaban a ferias de libros, fiestas escolares o encuentros académicos se obstinaba en aclarar que no iba a dar charlas ni conferencias, ya que ella “sólo escribía”. Esa extrema síntesis de su oficio tal vez sea la clave para comprender que no sólo no le interesaba, sino que no estaba dispuesta a que la encasillaran entre los escritores para determinado público, o con cierta línea estilística, o de tal orden de contenidos. Ajustarse a una gran editorial podría significar, tal vez, arriesgarse a ser clasificada, a ingresar a una colección, a que sus libros se ubicaran en determinados estantes. Y generaba sus propios y sutiles espacios de resistencia. Recuerdo que a veces dejaba caer un breve comentario sobre su disconformidad con lo que había sido impreso. Era tan delicado su concepto de la armonía de las formas, los tamaños, los colores. Al decirlo no trasuntaba enojo, sino pena.

Pero se equivocan quienes suponen que no quería entregar su obra a los lectores. Identificarse en un “yo escribo” no tendría otro sentido que ése: escribir para ser leída. Aun cuando la escritura literaria pueda ser un territorio para desenhebrar y sostener una subjetividad, una experiencia del mundo, una indagación personal, se escribe siempre para un otro, para un lector. ¿Por qué, si no, transcribiría tan amorosamente, incluso ya con una caligrafía rugosa y difícil, uno a uno sus poemas en papelitos transportables, dables, regalables, obsequiables? Dar, regalar, obsequiar: entregarse.

Edith se editaba a sí misma. Edith, Edita, niña, niñita. Edith edita. Edith se edita. Juega, reescribe su obra al modo más antiguo, anterior a la imprenta: copia minuciosamente la palabra ya escrita, la da, la comparte, la multiplica. La vuelve voz, otra vez. Ruega en silencio a quien se la da: “no me olvides”. Da como quien da una semilla, un señuelo, un mensaje que hay que llevar. Una canasta de frutas, un secreto doblado chiquitito, una consigna. Muchas veces ni siquiera firma. Sabe que su poesía la representa. Y así es: al leerla la reconocemos, la intuimos, la sentimos tan singular y tan universal.

Sabemos, entre tanto, que desde 1960 sus poemas echaron a volar. Como habían sido premiados, la propia entidad organizadora los hizo rodar por las bocas, las aulas, las antologías, los pasillos. Y desde allí resonaron en otras bocas, otras aulas, otras antologías, otros pasillos, traspasando los confines del país.

¿Tendría Edith conciencia de ello? ¿Lo hizo adrede? No lo sabremos. Pero quizás lo prefirió.

Por eso, también, un día encontró (¿o buscó?) a su biógrafa, Marta Parodi. Tenía clara certeza de que a su obra no le cabían fronteras y que su espinosa vida merecía, debía ser contada. La palabra de Marta, sencilla en su forma, agudamente inteligente y profunda, era la página adecuada. Elegida. Le entregó sus poemas inéditos, le contó historias que muy pocos conocían, le ofreció su corazón en el espacio cálido, íntimo y sensible de la confidencia. Y Marta fue el portal por donde pudimos entrar a esa vida y a esa palabra. Edith edita; Edith, Edita. Resistiendo al canon, a las clasificaciones, a los títulos. Dejando o pidiendo nuevamente a un otro que lo haga en su nombre, sin ostentaciones y sin remilgos, remontando el río de las hebras que las mujeres de la tribu resuenan y se pasan unas a otras para que nada se olvide, para que la vida siga, fueguitos serenos siempre encendidos para sostener la continuidad de la historia y de las voces.

Edith se edita. Es nuestra tarea, la misión que nos ha tocado en el solícito juego. Eduvim edita a Edith en su ciudad, desde la universidad pública. Lo celebramos, nos hacemos eco. Recibimos la posta para continuar, para que la palabra poética, provocativa, profunda, tensa y grave, se siga dando.

 

Transcripción del manuscrito que se adjunta a continuación

Bety:

Acepto participación en Feria del Libro en Córdoba con las profesoras amigas tuyas, sólo que tendrían que buscar una fecha no coincidente con las del Centro de Investigaciones de la Universidad de Cba. Fil. y Letras – Acordaríamos porque no me dieron fecha todavía por lo de la Univ.

Edith

Recordar que no doy charlas, ni conferencias, etc. Yo escribo

 

 

[*] Profesora y Licenciada en Letras Modernas, Especialista en Lectura, Escritura y Educación. Docente e investigadora de la Universidad Nacional de Villa María, Córdoba.

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