De la cocina a la plaza, un recorrido de pañuelos blancos

De la cocina a la plaza, un recorrido de pañuelos blancos

Las Madres de Plaza de Mayo, su constitución como “mujeres” y la resignificación de los límites de lo social sobre la categoría “madre” en función de los lugares a los que pareciera estar destinada y el que efectivamente ocupa. “La cocina” y “la plaza”, dos espacios fundamentales para un análisis discursivo que comprende el período que va desde 1976 a la crisis de 2001.

Este es el recorrido que propone Virgina Morales en su investigación sobre este grupo de mujeres que emerge como “colectivo producto de salir de sus cocinas para buscar a sus hijos desaparecidos” y se convierte en “un movimiento político que irrumpe en el ámbito público para disputar la calle al gobierno”; la Plaza, que “se incorpora como elemento de análisis del primer momento de resignificación de la categoría ‘madre’”; y “la consolidación e institucionalización de las Madres de Plaza de Mayo desde “un segundo momento discursivo que se inicia en el año ‘78 y comienza a encontrar su finalización en la crisis de 2001”.

De la cocina a la plaza, otro título de la colección Primeros Pasos de Eduvim, propone, según su autora, “recorrer los desplazamientos y las tensiones que ponen en evidencia la disputa política que implica definir los fundamentos contingentes de los sentidos sobre los cuales se fundan los órdenes en que vivimos”.

¿Cómo fue el proceso de la investigación?

Yo venía trabajando la perspectiva del análisis del discurso en relación a identidades políticas de fin de siglo y, en ese marco, me interesaba el movimiento de derechos humanos. Por eso fui a las Madres de Plaza de Mayo. Junto con eso venía haciendo lecturas sobre la perspectiva de género y ahí pude unificar los estudios con el objetivo de analizar la significación de la categoría “madre” desde las perspectivas post-estructuralista y post-feminista.

¿Cuál era el interés inicial?

Lo que me interesaba particularmente era poner el acento en la dimensión política y en las Madres como movimiento político. Generalmente se pone el acento en interpretar que, a partir de las desapariciones, cada madre sale a buscar a su hijo y esa búsqueda es individual, en ese contexto se juntan y empiezan a reclamar e ir a la plaza. Hay como una relación de causalidades que terminan con las madres en la plaza. A mi me interesaba romper el esquema de continuidad y ese concepto de búsqueda individual, porque hay una dimensión política que entra en juego y hace que se constituyan en un movimiento político. Su lucha se construye en una dimensión histórica con un discurso de época que interpela a las madres para que cuiden a sus hijos y, así, luchar contra la subversión. En ese momento las Madres, en la Plaza, se apoderan de un discurso que las interpela a un lugar de la casa, a cuidar de sus hijos, para convertirlo en uno que establece que están en la plaza reclamando desde su deseo de madre de cuidar a sus hijos.

¿Qué sucede con la llegada de la democracia?

Hasta la actualidad, que se renueva permanentemente su presencia, se las puede seguir leyendo en esta perspectiva. Se siguen diciendo madres, siguen siendo madres que buscan a sus hijos, pero con un plus que nace en los ‘80 cuando se relacionan con otros movimientos de derechos humanos. En los ‘90 profundizan la lucha, pasan a ser las madres de los expulsados por el sistema y empiezan a articular la maternidad con otras series de luchas. En el 2003 eso se modifica, pero la dimensión política permite hacer esta lectura. O bien entendemos a las Madres desde una comprensión de la maternidad como algo natural que les otorga un rol o en una perspectiva histórica y política.

¿La figura de Néstor Kirchner modifica ese discurso?

No creo de ningún modo que hayan sido cooptadas por las lecturas del gobierno. Sucede que desde la presidencia de Néstor Kirchner el Estado retoma temas relacionados con los derechos humanos, la memoria, la verdad y la Justicia, y a partir de allí aparece “sueños compartidos”, la radio y la Universidad de las Madres con mayor fuerza.

¿Por qué se las castiga tanto?

Tiene que ver con cómo entendemos los derechos humanos. Si entendemos que sólo con los desaparecidos se cuestiona “qué hace este grupo construyendo viviendas”; pero si volvemos a la lectura donde comprendemos que la lucha se fue redefiniendo contextualmente y es muy diferente en los ‘70, ‘80, ‘90 y en la actualidad. En ese contexto el objetivo de las Madres tiene una lectura histórica que da cuenta de la complejidad de las identidades y esa capacidad de identificarse con determinados discursos o determinadas luchas que se puedan ir redefiniendo.

¿A qué conclusiones pudiste llegar con esta investigación?

Como conclusión pude distinguir entre 1976 y 2001 dos momentos discursivos. Un primer momento que tiene que ver con los primeros años de dictadura donde comienzan a emerger públicamente en una dimensión colectiva en la que se identifican con la maternidad y, a partir de allí, salen del lugar que confinaba la dictadura y llegan a la plaza para luchar por la aparición de sus hijos. Luego aparece el desplazamiento “de la cocina a la plaza” que también implica la maternidad misma, donde los lazos de sangre empiezan a adquirir otra dimensión.

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