Cuidados paliativos: otra de las discusiones en torno a la Muerte Digna

Cuidados paliativos: otra de las discusiones en torno a la Muerte Digna

11/05/2022

En una entrada anterior de este blog, la cual pueden consultar desde aquí, defendí la tesis según la cual es necesario legalizar la asistencia a la muerte voluntaria en nuestro país, esto es, contar con una ley de eutanasia, como se dice en los medios. Ahora me propongo a presentar y analizar el argumento más utilizado contra esa iniciativa, el argumento de la medicina paliativa.

Notemos, en comienzo, lo siguiente: mientras que una parte cada vez más grande de la ciudadanía entiende que el principio de la sacralidad de la vida no puede imponerse a quienes tienen puntos de vista religiosos o filosóficos diferentes; mientras que los profesionales de la salud y los colegios que los aúnan amplían su visión acerca de la misión de la medicina, de modo que la promoción del bienestar del paciente, tal y como éste lo entiende, quede en el centro de los esfuerzos diagnósticos y terapéuticos, dejando atrás la concepción paternalista del bien del enfermo; finalmente, mientras que con el paso de los años son menos los opositores que esgrimen el argumento de la pendiente resbaladiza, ya que la experiencia recogida en los estados norteamericanos, en los países del Benelux, en Suiza, entre otros, indica que esos temores son infundados, la noción de que la medicina paliativa constituya una alternativa “humana” a la eutanasia aún seduce a muchos expertos.

Grosso modo, el argumento que aquí nos ocupa afirma que la asistencia a la muerte voluntaria es un recurso no solamente “traumático”, sino esencialmente innecesario. Si contáramos con una excelente oferta de cuidados paliativos, accesibles a todos los ciudadanos independientemente de su poder adquisitivo –se nos dice–, entonces el deseo de recurrir a la eutanasia se extinguiría en prácticamente todos los enfermos.

Ante todo, es importante despejar dos malentendidos. Primero, nadie pretende poner en duda que un paciente gravemente enfermo pero desprovisto de todo tratamiento puede buscar la muerte como la única respuesta efectiva al sufrimiento y la desesperación. El soldado herido de muerte y abandonado en el campo de batalla deseará, seguramente, ponerle fin a su agonía por el simple hecho de no contar con ninguna otra posibilidad de acción. (En la Edad Media, los guerreros llevaban un puñal para despenar a quienes quedaban malheridos; no es casual que se haya llamado misericordia a ese instrumento).

Segundo, ningún defensor de la eutanasia puede argumentar razonablemente que la paliación es innecesaria; por el contrario, la mayoría de los autores pro legalización son, al mismo tiempo, promotores de una mejor medicina paliativa para todos.

Ahora bien, subrayar la importancia de la medicina paliativa y destacar sus virtudes no nos impide afirmar, una vez despejados los malentendidos mencionados, que esta está lejos de ser una panacea. La paliación no puede eliminar el dolor físico de muchos enfermos graves y sin posibilidad de curación; e incluso cuando logra ese objetivo, es raro que no se presenten efectos secundarios de la medicación.

Pero más allá de los resultados más o menos satisfactorios que puedan obtenerse de los tratamientos analgésicos e incluso de los restantes tipos de tratamiento, como los fisioterapéuticos, los psicológicos, etc., en no pocos casos a los cuidados paliativos no les es dado remediar los padecimientos de otra naturaleza, aquellos causados por la situación existencial del enfermo (cf. Selby et al., 2019).

La mejor demostración de esta tesis proviene de la experiencia internacional cosechada en las últimas décadas. Por una parte, son justamente muchas sociedades ricas y con una buena oferta de medicina paliativa las que han legalizado alguna de las modalidades de la muerte asistida. Pensemos en los países del Benelux, en Suiza y España, o, al este y al oeste de Europa, en Nueva Zelanda, en varios estados federados de Australia y en Canadá, además de diez estados norteamericanos.

Por otra parte, y esto es lo decisivo, son los pacientes mismos quienes, al ser consultados, expresan el deseo de contar idealmente con las dos alternativas. Así, una vez que la medicina curativa ha llegado a su límite, estos quieren disponer tanto de la oferta paliativa como, complementariamente, del recurso eventual a la muerte voluntaria.

Pongamos el ejemplo de un paciente con cáncer, ya que los enfermos oncológicos constituyen el principal grupo entre quienes solicitan ayuda para morir en todos los países que han legalizado esta práctica. Aquí el enfermo puede intentar a toda costa curar o detener el avance de su enfermedad hasta el momento en que los magros resultados de esos esfuerzos lo convencen de la futilidad de continuar con la empresa; seguidamente, puede desear pasar las semanas o los meses que le resten con la mejor calidad posible en tanto paciente paliativo; sin embargo, es probable que llegue un momento en que sienta que ni siquiera la mejor medicina paliativa, incluyendo el cuidado y la dedicación que puedan brindarle sus familiares y amigos, le impide que se consolide en él o ella el deseo de acelerar el arribo de la muerte, ahorrándole un período que, desde su propio punto de vista, no le provee ya ninguna satisfacción, antes bien, lo condena a continuos sufrimientos inútiles y desgastantes (véase Maessen et al., 2010).

De esta suerte, el temor de que las sociedades, al legalizar la ayuda a la muerte voluntaria, vayan a desentenderse de la paliación es totalmente inmotivado (Leven 2022). Una cosa no excluye la otra. Es tan deseable dar nuevos impulsos al desarrollo de la medicina paliativa como pugnar por la extensión del derecho a la autodeterminación del paciente, derecho que aquí se traduce concretamente en como poder ponerle fin a la propia vida, cuando ésta haya perdido su calidad o dignidad.

Sedación paliativa

Es curioso que muchos paliativistas, tras haber rechazado la posibilidad de legalizar la asistencia a la muerte voluntaria, terminen defendiendo una práctica eutanásica sumamente problemática, la de la sedación paliativa o, para decirlo sin rodeos, la de la sedación terminal.

Para los defensores de la legalización de la muerte voluntaria, sedar a un paciente continua y profundamente hasta que fallezca, debido a que tiene síntomas refractarios (dolores intratables, náusea y disnea continuas, etc.) que le hacen imposible seguir “peleándola” en estado consciente, es una práctica que, en esencia, no difiere de la eutanasia, pero conserva el aspecto más discutible de la posición tradicional de la medicina: el paternalismo. El médico paliativista no pocas veces decide cuándo sedar terminalmente al paciente, sin incluso avisarle a este del paso decisivo que está por dar, supuestamente movido por el deseo de hacer lo mejor para el enfermo. Aquí, sin duda, se reintroduce por la puerta trasera aquello que se había rechazado por la entrada principal.

Si un paciente ya “está en las últimas” y no puede luchar más contra su sufrimiento, ¿cuál es la diferencia entre sedarlo hasta que fallezca inconscientemente en un par de días y aplicarle una dosis de barbitúrico que termine en unos minutos con ese estado? Si matar es siempre un acto despreciable, ir matando lentamente y sin que nadie se dé cuenta es lo mismo que matar de golpe y a sabiendas de todos los interesados. Desde el punto de vista ético, no hay ninguna diferencia relevante entre ambos casos. Si en cambio aceptamos que ayudar a alguien a morir puede ser un acto permitido en algunas ocasiones como las que estamos analizando, entonces lo mejor es que ese acto ocurra del modo más humano y, sobre todo, más compatible con el concepto de autonomía del paciente (Raus et al., 2011).

En otros términos, si consideramos que la sedación paliativa o terminal es legal, entonces el paciente tiene derecho a saber qué se va a hacer con él y, correspondientemente, el profesional de la salud tiene el deber de informarlo. Es más, el enfermo debe dar, en lo posible, su consentimiento antes de que se le inyecte cualquier sustancia sedante.

A este punto, la sedación terminal se convierte en un recurso último que incluso puede solicitar el paciente mismo para ponerle fin a su agonía. Pero, si aceptamos esto, ¿por qué no introducir también otras formas más céleres para que el enfermo se quite la vida?

Conclusión

Quienes abogamos por la legalización de la muerte voluntaria buscamos también la expansión de la medicina paliativa. La paliación es, sin duda, tan importante como las otras dos grandes ramas de la medicina: la prevención y la curación. Sin embargo, ni siquiera en el mejor de los mundos imaginables la medicina paliativa puede eliminar todos los dolores físicos, el malestar general y, sobre todo, los sufrimientos existenciales del paciente gravemente enfermo e irrecuperable. En tales casos, es comprensible que el enfermo solo pueda desear ponerle el punto final a su agonía con la ayuda de un médico. Por este motivo, la asistencia a la muerte voluntaria debería ser considerada como una práctica complementaria a la paliación, inclusive como una extensión del cuidado.

Bibliografía

Leven, David C. (2022), “Refuting arguments against the medical aid in dying act”, Health Law Journal, vol. 27, núm. 1.
Maessen, Maud et al. (2010), “Requests for euthanasia: origin of suffering in ALS, heart failure, and cancer patients”, Journal of Neurology, vol. 257.
Raus, Kasper (2011), “Is continuous sedation at the end of life an ethically preferable alternative to physician-assisted suicide?”, The American Journal of Bioethics, vol. 11, núm. 6.
Selby, Debbie y Sally Bean (2019), “Oncologists communicating with patients about assisted dying”, Current Opinion in Supportive and Palliative Care, vol. 13.

Autor(es) del contenido

Marcos G. Breuer

Marcos G. Breuer

Marcos G. Breuer se licenció en Filosofía en la Universidad Nacional de Córdoba con una tesis sobre la teoría de los procesos sociales de Norbert Elias. En 2006, obtuvo su doctorado en la Universidad de Düsseldorf, Alemania, con un libro sobre los supuestos antropológicos subyacentes a la ética normativa de Peter Singer, Richard Hare y John Rawls (Soziologie in der Ethik, Lit, 2007). Desde 2009, reside en Atenas, Grecia, donde se dedica a la docencia y la investigación filosófica. En 2019, apareció su tratado Eutanasia y autonomía: conceptos, argumentos, reflexiones, publicado por Eduvim/UniRío. Breuer es autor de varios artículos aparecidos en revistas especializadas y de traducciones al español. Actualmente, está trabajando en un libro sobre los fundamentos teóricos de la bioética, como un aporte al debate actual en torno al concepto de persona.

Libros en nuestro catálogo relacionados al autor o colección:

Libros relacionados

Según el autor de la presente publicación, hablar de la muerte es sin duda alguna “un tema espinoso” y mucho más lo es tocar la cuestión de la eutanasia, una palabra que provoca en la gente diferentes asociaciones. ...