¿Cuánto leemos?

¿Cuánto leemos?

22/06/2022

A principios de junio, mientras en las redes y en los medios masivos de comunicación se debatía la decisión del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) de prohibir la utilización del llamado “lenguaje inclusivo”, se daba a conocer, a través de la web www.lectupedia.com/es/, la información sobre la cantidad de libros que se leen en Argentina, en comparación con otros países de la región y del mundo.

En 2021, Andrés Peña diseñó la infografía que acompaña esta nota, donde se pueden visualizar las cifras respaldadas en las informaciones oficiales que cada país provee. Para el caso de la Argentina, es el SinCA, dependiente del Ministerio de Cultura de la Nación, quien elabora, asiduamente, un informe a partir de los resultados arrojados por la Encuesta Nacional de Consumos Culturales. Argentina, con 1,6 libros por habitantes al año, se ubica en lo más bajo del ranking, apenas superando a México que ostenta 1,4 libros por año por habitante.

La infografía es una contundente muestra de la catástrofe cultural que atravesamos. No se trata de un dato aislado, es más bien resultado de un plan sistemático que nos ha degradado en la última década a lugares que no habíamos llegado en etapas anteriores de nuestra historia.

La década viciada (2012-2022)
El Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), que actúa bajo el auspicio de la UNESCO, publicaba, en junio de 2012, un estudio titulado Comportamiento lector y hábitos de lectura. Una comparación de resultados en algunos países de América Latina, el cual contrasta a once naciones de la región, y al que se puede acceder desde aquí

En ese informe del CERLALC, Argentina mostraba índices que enorgullecían:
1) Lectores asiduos (no esporádico): España 86%; Argentina 70%; Portugal 62%; Brasil 49%; Chile 44%; Colombia 37%; Perú 28%; México 16% (página 10).
2) La lectura en tiempo libre: Argentina 66% y España 58%. En el otro extremo, México 13% y Chile 5% (página 12).
3) Lectura de libros: España 61%; Portugal 57% y Argentina 55%. En el otro extremo, Perú 35% y México 27% (página 13).
4) Promedio de libros leídos por año por habitantes: España 10,3; Portugal 8,5; Chile 5,4; Argentina 4,6; Brasil 4; México 2,9 y Colombia 2,2 (página 14).

Sin embargo, el informe mostraba ya algunos índices que debieron llamar la atención de los integrantes del ecosistema del libro. Esos índices, leídos hoy, marcaban que una declinación estaba latente: el acceso a los libros.
1) El mercado: México 59%; España 57% y Argentina 56%. En el otro extremo, Colombia 32% y Perú 23%. Argentina entre los tres primeros países con un acceso al libro, por parte de los lectores, a través de la compra.
2) Por préstamos de bibliotecas o escuelas: Brasil 26% y México 20%. En el otro extremo, Argentina 10% y España 5%.

Conclusión provisoria: un plan para el 2042
A la luz de ambas “fotografías”, la que nos arroja la de 2022 en comparación con la de 2013, es posible aventurar que el retroceso en nuestro país de la lectura de libros por habitantes por año de 4,6 a 1,6 (un retroceso del 187,5%) no responde a una única y definitiva causalidad. Se trata de una escala piramidal de responsabilidades y de una ausencia de medidas gubernamentales y empresariales que se entretejen construyendo una trama que debilita, día a día, al ecosistema del libro argentino.

Provisoria y aleatoriamente, enumero algunos ejes que deberían llamarnos a “todos” a un verdadero pacto para la construcción de una “nación de lectores”, como alguna vez buscó construir, entre Argentina y Brasil, Monteiro Lobato.

A nivel gubernamental:
(A) Crear y montar un Instituto Nacional del Libro Argentino (INLA). Tres proyectos ingresaron y fracasaron en las dos primeras décadas del siglo 21. Este INLA, debe arrebatarle el monopolio de la dirección del libro al mercado, sacarlo de las erráticas acciones dispersas que se hacen a nivel gubernamental tanto a escala nacional, provincial, y municipal. Se deben terminar con la dispersión y unificar las acciones, por ejemplo, de Biblioteca Nacional y CONABIP del Ministerio de Cultura, junto al Ministerio de Educación y la Biblioteca del Maestro. Necesitamos una política robusta que nos permita crecer en lectores de libros más allá de la escuela y de la educación formal. Necesitamos que, desde nuestros niños y niñas hasta nuestros adultos mayores, todos encuentren el placer de leer.
(B) La Edición Universitaria debe ser la columna vertebral de ese plan de construcción de una “nación de lectores”, recuperando el protagonismo de la EUDEBA de Boris Spivacow de “libros para todos”. La edición universitaria debe ser más bibliodiversa que ninguna otra edición, debe asumir su “obligación” de tener un solo canal que deje de pensar que universidad y sociedad son compartimentos estancos.
(C) Más allá de los colores y las disputas político-ideológicas, todos debemos entender que no hay soberanía política, económica, social y cultural sin lectores ni libros. El proyecto debe ser medularmente transversal a cualquier diferencia o grieta.

A nivel empresarial:
(A) Es necesario establecer dos niveles de responsabilidades. El de los medios masivos que deben volver a darle forma a la difusión de los autores y autoras argentinas, latinoamericanas y universales. Necesitamos que se comprometan no sólo a proveer a kioscos de libros sino en fomentar verdaderos clubes de lectura, difusión de los autores y el compromiso de leer. Comenzando por fomentar un periodismo profesional, para lo cual, recomiendo leer la nota del nuevo director de New York Times, Joe Kahn, desde aquí.
(B) La responsabilidad de los editores y sus cámaras de fortalecer una estructura nacional de edición, moderna, interconectada, que vuelva transparente los procesos de comercialización de los libros. Que fomente y piense más allá de la voracidad de venderle libros al Estado, una industria capaz de modernizarse conceptualmente, a punto tal de que asuma, de una vez por todas, que el lector ya no puede ser el “actor pasivo” al final del proceso al cuál sólo se le quiere vender un libro físico. Necesitamos enriquecer las opciones, que vaya más allá de tratarlo como un “cliente”, pensándolo también como un “usuario - prosumidor”. De este modo, entonces, los contenidos ya no importarán si son en papel, digital o audiolibros, vendidos en unidades, en plataformas de subscripción en línea. Es necesario entender que la industria del libro, en Argentina, está en peligro de implosión.

Y entre todos los sectores: empresariales, cámaras, institutos, universidades, escuela, bibliotecas, editores, imprenteros, startup pequeñas o medianas de estructura nacional y autores: es urgente pactar que “nación de lectores” no puede hacerse con noticias berretas, falsas, con contenidos de mala calidad impulsada por trolls que propician ventas de libros chatarras. Una “nación de lectores” sólo puede ser posible con contenidos de calidad, con lectores/clientes/usuarios capaces de navegar en las profundidades del conocimiento diversificado y enriquecido. Una diversificación y un enriquecimiento que debe ir más allá del lenguaje inclusivo, más allá de los patrones morales, más allá de los fanatismos, más allá de la verdad o la mentira.

En 2042, si alcanzo a vivirlo, estaré cerca de los 80 años. Mi verdadero compromiso, en los próximos años, los dedicaría, desde mi “oficio de editor” y mi pasión de lector, a contribuir a que nuestro país revirtiera ese guarismo de 1,6 libros por año por habitante de este 2022.

Autor(es) del contenido

Carlos Gazzera

Carlos Gazzera

Carlos Gazzera es Licenciado en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba y Magister en Comunicación y Cultura Contemporánea por el Centro de Estudios Avanzados, perteneciente a la misma casa de estudios. Docente e Investigador de Literatura Argentina en la Universidad Nacional de Villa María. En 2008, tuvo a su cargo la fundación y dirección de la Editorial Universitaria de Villa María (EDUVIM), función que aún desempeña. En 2010, fue electo Secretario de la Red de Editoriales de Universidades Nacionales (REUN) y, en 2013, fue electo presidente de dicha institución. En 2014, junto a Dario Stukalsky, dieron inicio al Foro Mundial de la Edición Universitaria en la Book Fair de Frankfurt.

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