Consideraciones sobre la intervención intelectual de José Sazbón

Consideraciones sobre la intervención intelectual de José Sazbón

20/07/2022

Texto escrito por Marcelo Starcenbaum con motivo de la presentavión de los volúmenes I y II de José Sazbón. Una antología comentada sobre su obra, de Daniel Lvovich y Alberto Pérez. El evento estuvo moderado por Fernanda Tocho y contó con un panel conformado por Mariana Canavese, María Belforte, Carlos Gazzera y el autor de estas palabras.

Se ha aludido con frecuencia al carácter singular de la intervención intelectual de José Sazbón. Sostenida por una erudición y una rigurosidad excepcionales, dicha intervención es portadora de dos rasgos que la diferencian de la de los demás intelectuales de su generación. Por un lado, el carácter fragmentario de su obra se prolongó en el abordaje de una multiplicidad de objetos: los marxismos, el estructuralismo, la memoria, la historiografía, la Escuela de Frankfurt, la Revolución francesa, la historia intelectual. Este rasgo es al que suelen aludir con justeza las caracterizaciones de Sazbón como un intelectual tan sobresaliente como esquivo de las tendencias a la especialización propias del campo académico. Por el otro, su inscripción en la tradición marxista y el campo de las izquierdas se realizó en un plano preponderantemente teórico. Una circunscripción llamativa tratándose de espacios normados por la inescindibilidad entre las dimensiones teórica y práctica de la actividad humana. Es esta característica la que ha llevado a los conocedores de la trayectoria intelectual de Sazbón a referirse a él como un “marxista sin partido”.    

La colocación de Sazbón en las trayectorias del marxismo de la segunda mitad del siglo XX nos ofrece algunos elementos para volver inteligible esta singularidad. Como se desprende de la hipótesis clásica esbozada por el historiador inglés Perry Anderson en su Considerations on Western Marxism, las formaciones marxistas desarrolladas a partir de la Segunda Guerra Mundial adquirieron unos rasgos claramente diferenciados de las generaciones anteriores. Bajo el doble condicionamiento histórico de la expansión del capitalismo en Occidente y el estancamiento de la revolución en Oriente, el marxismo de la segunda mitad del siglo XX se caracterizó por el divorcio de la práctica política, la centralidad del análisis superestructural, la orientación filosófica y la utilización de un lenguaje críptico y especializado. Así, el marxismo occidental desplazó una práctica intelectual anudada con la práctica política, centrada en las problemáticas socioeconómicas y políticas del capitalismo, y orientada a las masas destinadas a protagonizar la transformación social.    

Los vínculos entre la intervención de Sazbón y la tradición marxista occidental son evidentes. Por un lado, porque su práctica intelectual se inscribe abiertamente en los rasgos sistematizados por Anderson. Aún en los confines de Occidente, el intelectual argentino estuvo divorciado de la práctica política, se orientó hacia las problemáticas filosóficas y escribió para un público universitario y especializado. Por otra parte, porque su itinerario intelectual estuvo jalonado por los grandes nombres que dan forma al marxismo occidental. Es posible recortar en su producción una constelación teórica en la que se encuentran Sartre, Althusser, la Escuela de Frankfurt y Foucault. Al igual que todos ellos, Sazbón fue efectivamente un “marxista sin partido”. Es decir, un intelectual que inscribió su trabajo en el corpus teórico abierto por Marx y Engels, pero que se mantuvo a distancia de la práctica política transformadora, representada en el siglo XX por la forma partido de la tradición comunista. Una distancia nada azarosa, tratándose del vínculo con expresiones políticas atravesadas por la codificación dogmática de la teoría marxista.   

En el contexto local, la trayectoria de un “marxista sin partido” resalta aún más sobre un fondo histórico en el que se combinaron modernización cultural y radicalización política. Desde comienzos de la década de 1960 hasta el golpe de Estado de 1976, los intelectuales argentinos atravesaron un proceso de creciente politización en el que los conceptos provenientes de la tradición marxista se articularon con una práctica transformadora. Primado de la práctica política, antiintelectualismo, función revolucionaria de la teoría, constituyeron núcleos de sentido que volvieron tan atípicas como conservadoras las trayectorias intelectuales orientadas a la producción teórica y escindidas de la práctica política revolucionaria. En este sentido, la figura de Sazbón efectivamente desentona con la de quienes compartieron con él la formación a fines de la década de 1950 y renovaron luego el debate intelectual en la década de 1980: Ricardo Piglia, Beatriz Sarlo, Carlos Altamirano y Oscar Terán, por mencionar a algunos.

Si bien estos marcos interpretativos resultan iluminadores, algunas de sus limitaciones permiten una complejización de los términos en los cuales suele ser comprendida la intervención intelectual de Sazbón. En el caso del marxismo occidental, se ha señalado el carácter tajante de la separación entre teoría y política en la trayectoria de los intelectuales de la segunda mitad del siglo XX. La sistematización andersoniana pareciera circunscribir la politicidad de la práctica intelectual únicamente a la vinculación orgánica con las expresiones partidarias del movimiento comunista internacional. En el caso de la politización de los intelectuales argentinos, también ha sido problematizada la hipótesis acerca de la progresiva anulación de la autonomía intelectual frente a la imposición de la política revolucionaria. De acuerdo a las interpretaciones canónicas sobre el proceso de modernización cultural y radicalización política, el campo intelectual argentino podría ser dividido esquemáticamente entre las posiciones resultantes de una politización anuladora de la autonomía de las ideas y una autonomización de las ideas frente a las vicisitudes de la práctica política.    

Ni el hecho de haber sido un “marxista sin partido” alejó a Sazbón de los avatares de la experiencia comunista ni haberse mantenido al margen de la política revolucionaria en Argentina lo distanció de los grandes problemas de la izquierda de nuestro país. Sin estar vinculada directamente con una práctica militante, su producción teórica estuvo siempre atravesada por una fuerte carga política. Rasgo presente, por ejemplo, en su trabajo de largo aliento acerca de la relación entre modelo puro y formación impura en la obra de Marx y Engels. A través de esta investigación, Sazbón buscaba recuperar la existencia simultánea en dicha obra de la sistematización de los atributos de la sociedad burguesa moderna y de la interrogación sobre procesos históricos concretos. De este modo se revelaba la capacidad de la teoría marxista de formalizar un tipo ideal de burguesía y de contradicción de clase, pero también de enfrentar el desarrollo efectivo de la sociedad burguesa y de la contradicción de clase. Puede apreciarse aquí un direccionamiento de la relación entre teoría marxista y realidades efectivas análogo al de otras conceptualizaciones preocupadas por constatar que la contradicción entre capital y trabajo nunca se presenta de manera pura, sino que siempre está afectada por los desarrollos históricos concretos, tales como la sobredeterminación en Althusser o la guerra de posiciones en Gramsci.     

Esta politicidad de la teoría también se expresó en su intervención en el marco de la crisis del marxismo en las décadas de 1980 y 1990. Al respecto, Sazbón produjo un análisis en el cual dicha crisis quedaba enmarcada en un proceso más amplio de descrédito de los esquemas de intelección histórica. De esta manera, agrupaba un conjunto de tendencias que erosionaban los elementos que le daban sustento a la experiencia moderna. El estructuralismo levi-straussaniano, el giro narrativista propiciado por Hayden White y el revisionismo historiográfico francés encabezado por François Furet eran reunidos en un mismo efecto de devaluación de las nociones de sujeto, verdad e historia. Por otro lado, Sazbón relativizaba la novedad de la crisis del marxismo al reconstruir los episodios de crisis y reconstrucciones atravesada por la tradición marxista en sus ciento cincuenta años de existencia. En lo que denominó una “lectura sinóptica” de las crisis, agrupó todos aquellos episodios en diferentes categorías -diversas combinaciones de deconstrucciones y reconstrucciones-, lo cual le permitió echar luz sobre la crisis específica de aquellos años pero también sobre el marxismo como una tradición que se desarrolla a través de las crisis.       

La particular imbricación entre teoría y política puede ser asimismo constatada en el debate que lo enfrentó con Terán en la revista Punto de Vista a mediados de la década de 1980. También inscripto en la problemática de la crisis, la discusión giró alrededor de la necesidad de un movimiento más allá del marxismo. En aquel contrapunto, Sazbón se permitía dudar de la legitimidad asumida por Terán entre los límites de la determinación económica y la superación del aparato conceptual marxista. De una lectura superficial del intercambio se podría deducir que era Terán quien aportaba la dimensión política, especialmente por la inscripción de los problemas inherentes a los conceptos marxistas en la experiencia fallida del socialismo real. Una indagación más profunda permite advertir no sólo que Sazbón también argumentaba en un registro político, sino que sus posiciones resultaban más radicales que las de su interlocutor. Por un lado, poniendo en duda la superposición realizada por Terán entre los conceptos elaborados por Marx y el marxismo realmente existente desarrollado en el siglo XX. Por otra parte, observando los rasgos conservadores de una propuesta de superación del marxismo esbozada en el contexto de recuperación de la democracia en el país y de crisis terminal de la única experiencia alternativa al capitalismo.

Estos ejemplos, que bien podrían ser reemplazados por otros de su vasta obra, dan cuenta de las particularidades de la intervención intelectual de Sazbón. Una intervención claramente enmarcada en la trayectoria del marxismo occidental, pero cuyos contornos no pueden ser deducidos de una contraposición simple entre teoría y política. En el mismo sentido, se trata de un itinerario intelectual inscripto en la trayectoria de la izquierda argentina, pero cuyo perfil no puede ser comprendido como una circunscripción a las ideas en detrimento de la política transformadora. Se trata de una intervención intelectual singular, desarrollada preponderantemente en el plano teórico, pero fuertemente vinculada a los grandes problemas políticos de nuestra época. Al igual que tantos otros marxistas e intelectuales críticos contemporáneos, Sazbón aportó con su trabajo a la comprensión de la sociedad capitalista y al debate alrededor de su transformación. Un intelectual, cuyo “marxismo sin partido” no constituyó nunca un marxismo sin política.  

Autor(es) del contenido

Marcelo Starcenbaum

Marcelo Starcenbaum

Marcelo Starcenbaum es Profesor y Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Se desempeña como Investigador Asistente de CONICET con lugar de trabajo en el Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS) de la UNLP. Es Profesor Adjunto de la materia "Teoría de la Historia" en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP. Sus líneas de investigación son la historia intelectual, la historia del marxismo y la historiografía.

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