Chicos que (se) vuelven una novela gráfica

Chicos que (se) vuelven una novela gráfica

La reconocida escritora y periodista explica el significado que tiene para ella que su novela Chicos que vuelven (Colección Temporal, 2011) haya sido adaptada como novela gráfica.

---

- Recientemente Chicos que vuelven se convirtió en novela gráfica. ¿Qué significa esto para vos?

Me encanta. Leo mucha novela gráfica, es un género fantástico y estoy muy contenta de tener una novela que se pueda encuadrar ahí. Aunque no escribí el guión --y no sé si podría hacerlo, es complejo.

- ¿Cuál fue tu participación en este proceso por el cual tu libro mutó a otro libro, de naturaleza muy distinta?

No tuve mucha participación más allá de aprobar los fragmentos elegidos y ver las ilustraciones. Es, en efecto, un libro muy distinto y mejor que sea así me parece, las adaptaciones son necesariamente diferentes.

- La pregunta obvia: ¿encontraste correspondencia entre las imágenes generadoras de tu texto y las que el mismo generó en la ilustradora Laura Dattoli?

Jaja, no mucha. Pero eso es fascinante: lo distinto que son las imágenes mentales de los autores. Mi “Mechi”, además, es una persona específica, lo mismo que “Vanadis”; pero es raro e interesante ver cómo se convierten en otros para otra persona.

- Novela gráfica podría entenderse por novela graficada. Para vos, ¿en qué afecta este nuevo formato a la experiencia de la lectura?

No creo que lo afecte, lo cambia. La novela gráfica suele ser un trabajo en colaboración, como el cine; es visual. En ese sentido ocurren dos lecturas, la del texto y la de la imagen. El proceso que hace la imaginación del lector es distinto.

- ¿Cómo conviven estos dos lenguajes –visual y literario– en el contexto de un mismo libro? ¿Conforman una unidad, o bien construyen una suerte de objeto disociado?

No es para nada disociado, creo. Es otra unidad. Es otro texto. Incluso cuando se trata de una adaptación y no de un guión original: se transforma en algo nuevo que tiene, además, una larga tradición.

- Eduvim Ilustrados forma parte de una política editorial tendiente a poner en diálogo los formatos más tradicionales con las nuevas tecnologías de consumo cultural. Viniendo de una editorial universitaria, ¿cómo ves esta iniciativa?

Como un proyecto muy interesante. La novela gráfica ya tiene autores que, para mí, son referentes centrales de la literatura y la crónica y la autoficción: Joe Sacco, Alan Moore, Neil Gaiman, Marjane Satrapi, Daniel Clowes, Guy Deslile, Barreiro-Solano López... también es interesante el trabajo que se hace con adaptación de textos o ilustración de textos, pienso Santiago Caruso con La condesa sangrienta de Pizarnik o El informe sobre ciegos de Luis Scafati (aunque eso no es novela gráfica, es otro procedimiento). A veces la academia tiene resistencia con formatos que no solo la gente consume masivamente sino que ya tienen sus tradiciones y circulación muy acabadas. Es muy bueno que una editorial universitaria incorpore estos géneros.

- Por último, ¿te encontrás actualmente trabajando en un nuevo proyecto?

Si, escribiendo una novela y en febrero publico un libro de cuentos que se llama Las cosas que perdimos en el fuego

---

Sobre Mariana Enriquez. (Buenos Aires, 1973) Periodista y escritora. Voz fundamental de la así llamada «nueva narrativa argentina». Licenciada en Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Plata. Es subeditora del suplemento Radar del diario Página/12. Ha colaborado para las revistas TXT, La Mano, La Mujer de mi Vida y El Guardián. También participó en radio, como columnista en el programa Gente de a pie, por Radio Nacional. Trabajó como jurado en concursos literarios y dictó talleres de escritura en la fundación Tomás Eloy Martínez. Con Eduvim ha publicado la nouvelle "Chicos que vuelven", la cual fue adaptada como audiobook y novela gráfica, esto último dentro de la colección Eduvim Ilustrados.

Libros relacionados

Mechi es empleada del Centro de Gestión y Participación de Parque Chacabuco, y debe mantener y actualizar el archivo de chicos perdidos y desaparecidos en la ciudad de Buenos Aires. Un trabajo monótono al que, para peor, lleva adelante en una oficina ubicada debajo de la autopista, es decir,...