"Al final viene otro inicio", fragmento de la novela "Inicio" de Daniela Pasik

"Al final viene otro inicio", fragmento de la novela "Inicio" de Daniela Pasik

Inicio relata el comienzo de una relación sentimental entre D. y H. Pero más que eso, se trata de una sagaz observación que D. hace de sí misma: una madre soltera de casi 30 años. Con una prosa contundente, la narración acompaña a D. en sus encuentros y desencuentros con H. durante sus excursiones por la ciudad los sábados a la noche, cuando la hija de D. queda al cuidado de su padre. A continuación, reproducimos el primer capítulo de esta novela que integra nuestra colección Temporal -narrativa del bientenario.

La horrible vecinita llora a las 22.38 de un sábado a la noche en el que D no tiene plan, su hija no está, y ella se sienta en el living a cumplir lo que considera su condena: escuchar a esa nenita ajena pegar alaridos de pendeja malcriada. No quiero más hijos. Por suerte la mía ya creció.Por suerte es grande y yo soy joven. Por suerte la tuve en vez de empezar la facultad. Por suerte tengo que ser siempre responsable, incluso los sábados que se va a lo de su papá, que por suerte es un pelotudo importante. Ah, por suerte existe la suerte.

D da vueltas en su departamento y no sabe si llamar a Bily para salir, tal vez está con H, o si mejor quedarse en su casa. La nenita esa sigue llorando y no da pena, daría. Odio a las criaturas. Criatura. Pero qué palabra más macabra. Si yo fuera de verdad un extraterrestre, vendríaa la Tierra en forma de recién nacido. Así nadie me haría daño, porque se me vería muy frágil, pero en realidad lograría que todos hagan lo que yo quiera al ritmo de mis berrinches. Por suerte, el equipo de música no anda. No tengo ganas, todavía NO TENGO GANAS de prender la tele para tapar ese llanto. Para detener un rato el tiempo.

El living es más chico de lo que parece. No hay escape. D da dos pasos a la izquierda, mira su cuarto, empieza a ir, pero entra a la cocina. La nenita de al lado sigue llorando. Sólo quisiera que se ahogue. Se pone a buscar ollas aunque no tiene hambre y odia cocinar. Hace mucho ruido a propósito. Si me molesta a mí, que les moleste a todos. D decide exaltar más a la nena esa. A ver si el pelotudo del padre puede calmarla, eh: a ver. Tira al piso tres fuentes. Estruendo en uno, dos, tres. Ah, qué suerte. Ahora grita más.

D tiene náuseas. Por suerte, mi vecino habla en idioma bebé y lo escucho desde la cocina. D guarda las fuentes adentro del horno. Por suerte, al lado vive este cuarentón con su estúpida familia. D pone las ollas en el mueble de debajo de la bacha. Por suerte, es semipelado arriba con pelo largo en una colita por detrás. D respira. Por suerte, me saluda en el ascensor y me acerca demasiado la panza cervecera. D abre la canilla. Por suerte, me habla del clima cada mañana cuando salgo para el trabajo. D se sirve un vaso de agua. Por suerte, menos mal, tengo un trabajo al que ir cada día de la semana, igual que él.

D no toma el agua. Te merecés esa hija fea y también a tu esposa bobalicona, cuarentón de al lado. D cierra la canilla. Apuesto mi wok  y todos los brotes de soja que hay en mi heladera a que adentro de su cabeza hay moho. D tira el agua en la bacha. Y en la tuya, humedad. D sale de la cocina.Por suerte no se callan. D mira la pared que comunica con la casa de al lado. Qué suerte.

D va al baño a buscar su ansiolítico, que está escondido en un pote viejo y vacío de crema para que su hija no lo encuentre. Basta. Abre la caja; sólo queda media pastilla. Le tiemblan las manos cuando intenta sacarla del blíster. Se le cae al piso. En el baño no hay luz porque se quemó la lamparita hace un mes. El estómago de D comienza a transformarse en un puño. Mirá que tengo suerte, eh.

D corre, no camina, a la cocina y manotea, no agarra, la caja de fósforos. Vuelve al baño. Vuelve despacio. Se arrastra por el piso oscuro. Tantea la rugosidad de las baldosas con una mano y se quema los dedos de la otra con el fósforo que se consume, pero encuentra su pastilla. Está atrás de unas pelusas. La agarra. No me importa nada más que la media dosis y yo, tomándola. La sopla. Se apoya la pastilla debajo de la lengua y la deja disolver. Cierra los ojos y espera. Se queda en el baño.

Hay un momento de paz y silencio, cierta frescura. Suena el celular. D se asusta. No es un llamado, es un mensaje de texto. Puede ser H. D se incorpora. El SMS dice “¿Nos vemos?”. D intenta levantarse. H no tiene mi teléfono. D apoya la espalda en los azulejos. Es el pelotudo demi ex para preguntarme qué le hace de comer a mi hija. D se instala debajo de la bacha. Es Movistar para avisar que si no recargo crédito me cortan la línea. D ocupa sólo dos baldosas. Mejor no saber. D ya no escucha a los vecinos. D siente que tiene suerte. Posta.

Respira. Se apoya una mano en el pecho y se presiona levemente el corazón. Por ahí es Bily, para salir con H, los tres otra vez. Siente ganas reales de ir a ver ese mensaje de texto. No es Movistar, no mandan mensajes de texto los sábados a la noche. Siente mariposas en el estómago y arañas en los pies. No es por la cena de mi hija, ya es tarde.Se levanta de golpe, decidida, y desencaja la bacha de un cabezazo. Movistar sí manda mensajes de texto los sábadosa la noche. Le duele la mollerita. Mi ex no tiene idea de la hora que es. Vuelve a sentarse. Ay. Le late la cabeza. Qué suerte. Le late el cuerpo entero.

Desde el piso, D oye caer una gota. Qué suerte. Está mareada. Rompí el lavamanos. Decide que lo mejor es ir a Farmacity URGENTE porque ahí tienen todo lo que hace falta, no importa la hora, siempre. Lista mental: aspirinas, Fastix, ansiolíticos. D se arrastra fuera del baño. D está en el palier. D se escurre en el ascensor. D llega a la calle. D toca un timbrazo violento a los de al lado. Qué suerte si te despierto a la criatura, cuarentón. D camina rápido. Mirá si el vecino baja indignado. D está en la esquina. Qué suerte,¿no? D dobla y le late fuerte corazón, le lastima el esternón.

Las luces blancas de la megafarmacia la atraen como si ella fuera una mosca. Revolotea entre las góndolas y llena una canasta con cosas que no pensaba comprar. En la cola de la caja, agarra un boleto para un concurso. Dice: “El ganador podrá elegir cualquier destino en la Argentina para viajar de a dos”. Si ganara, pediría ir a El Tropezón o a cualquier otro lugar en el sur del conurbano bonaerense. La cola es larga. Al señor que entrega premios le voy a decir “quiero ir a Florencio Varela”.

La cola no avanza. “No, no sé con quién viajaría, señorde los premios, porque no se me ocurre un ser humano conel que me interese ir a ningún lado”. La cajera es lenta. “Loúnico que puedo decir es que tengo un ansiolítico disolviéndosedebajo de la lengua y que ya sé que el mundo no estáhecho para mí, señor de los premios”. Adelante, sólo queda una vieja que se demora en encontrar la plata en su billetera.

Le grito al señor imaginario que entrega premios de verdad. Ya está parada frente a la cajera. Para viajar de a dos. Hay que pagar. Qué suerte.

La cajera revisa la caja del ansiolítico, el Fastix, la tira de aspirinas, la tableta de chocolate con almendras, la Coca Light y el baño de crema que D nunca se va a poner. Los dedos de la cajera tocan con cierto desprecio todas esas cosas que D acaba de comprar con la plata destinada a las expensas. D termina de entender que el concurso lo va a ganar un pibe que probablemente trabaje en un banco. Seguro que va a ir a Cataratas con su novia, a la que le debedecir “gorda”.

D extiende dos billetes de cien y la cajera le pide cambio con tono monocorde. D sólo tiene esos dos billetes de cien. No me va a dejar llevarme mis cosas. D trata de explicarle cuánto necesita el Fastix. Le ofrece completar con chicles, pilas y lo que sea, LO QUE SEA, hasta llegar a un número redondo. La cajera le arranca los billetes de la mano a D, tira el vuelto sobre el mostrador y dice “el que sigue”.

D sale a la calle abrazando su bolsa blanca llena de cosas. Soy una chica. Las luces de los autos la encandilan y sigue caminando. Soy una chica de. Un grupo de adolescentes exaltados la lleva por delante y sigue caminando. Soy una chica de suerte. Entra a su edificio. ?. Desde el departamento de al lado se oye a Barney cantar a todo volumen y hay olor a guiso quemado en el pasillo. Ja. D entra a su casa dispuesta a ver la tele y descubre que se cortóla luz. Qué suerte.

Sobre Daniela Pasik. Entre 1999 y 2001 trabajó en lamaga.com como especialista en artes plásticas, teatro y cine. Desde 2002 hasta su disolución en 2006 formó parte del Proyecto Venus, una micro-sociedad autogestionada basada en la “tecnología de la amistad” que reunió la primera comunidad online de artistas y científicos. En 2003 fue becada para realizar un curso de capacitación laboral en el diario Clarín y trabajó en el suplemento Sí! Durante 2004 y 2005 fue editora de la revista Haciendo Cine. Desde 2006 hasta finales de 2008 trabajó como redactora en el Diario Perfil. Actualmente es colaboradora de las Revistas Brando y Llegás a Buenos Aires, entre otras. En 2009 publicó la micronovela Historia de una chica que se enamoró de un pez (Editorial Funesiana); en 2010, el libro de crónicas Hacerse (Grijalbo) y el de poesía Átomos (Ediciones Tiramisú). Inicio es su primer novela, a la vez que su primera y única colaboración con Eduvim.

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