8M, feminismo y literatura: entrevista a Nora Domínguez

8M, feminismo y literatura: entrevista a Nora Domínguez

Fotografía de mujeres en asamblea organizativa del 8M (fuente: lavaca)

“El 8M es una celebración que festejamos muchísimo, sobre todo porque desde hace tres años y desde que comenzaron las movilizaciones por el movimiento de Ni Una Menos el feminismo argentino empezó a tomar una vitalidad muy fuerte, muy destacada, con características muy diferente a como era antes”, inicia la conversación con entusiasmo Nora Domínguez, Doctora en Letras, investigadora docente de la UBA e integrante del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género en la previa a las múltiples y multitudinarias manifestaciones de mujeres del 8 de marzo de 2019. O simplemente, como resignificó el feminismo, el 8M.

¿Cuáles son esas características que hacen a la vitalidad del movimiento feminista actual? “Una participación y un protagonismo de las chicas muy jóvenes que es notable. Esto se visibilizó en las diferentes movilizaciones que hubo por Ni Una Menos y después en lo que fueron las vigilias por la discusión de una ley de interrupción del embarazo”, explica Domínguez y añade: “Hay un movimiento feminista muy fuerte en este momento, muy diverso, no es único, tiene diferentes posiciones, pero que tiene su fuerza en las calles en las asambleas para ir discutiendo los diferentes problemas y se actúa de forma asambleística. Esto le da una vitalidad brutal”.

 

Literatura y feminismo

Investigadora de la Universidad de Buenos Aires y ex directora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género, Nora Domínguez ha revisado las formas en que aparece la mujer en la literatura argentina y los sentidos que conllevan esas modalidades. Sobre la relación de feminismo y literatura, aporta: “Hablar de literatura feminista siempre es un problema. Quienes son feministas son los sujetos, en todo caso, las escritoras. También es cierto que hay muchas escritoras feministas en el acompañamiento a todo este movimiento. Muchas más comprometidas, más activistas, y otras menos”, y agrega: “Hay una relación muy fuerte entre los movimientos, los discursos y las prácticas artísticas que acompañan a todo ese movimiento".

Esta relación con el presente es nueva pero también tenemos que revisar qué pasa con la literatura del pasado. Hay una literatura del presente que está allí haciéndose cargo de todos los sentidos que aparecen puestos en esto”. Como ejemplo de esa literatura del presente, la Doctora en Letras menciona a Gabriela Cabezón Cámara y la novela Beya (2013) en la cual se aborda el secuestro, la prostitución y las redes de trata. Estos tópicos, ya tomados en la literatura anteriormente, adquieren aquí un tratamiento literario diferente. Otro ejemplo dado por Domínguez es el de Selva Almada y Chicas muertas (2014), obra en la cual la autora rastrea tres casos de femicidios de los años ‘60 en diferentes provincias. Ilustra Domínguez sobre Almada: “Toma esos tres casos para demostrar cómo, aquellos que habían sido femicidios y que no habían sido nombrado así, fueron tomado por los medios, cómo habían sido tres muertes que por supuesto la justicia no había llegado a ninguna resolución y ella escribe un texto literario. Un texto literario a la manera de la crónica”.

 

Entonces, ¿hay una literatura feminista?

Con el análisis de la literatura del pasado y la continuidad de temas abordados sobre la mujer, aunque con diferentes tratamientos literarios, Nora Domínguez afirma: “No existe la literatura feminista. Puede haber escritoras feministas. No quiere decir el hecho de que sea feminista, tenga que se una literatura feminista. La escritora puede escribir de lo que quiera, los varones y las mujeres. Eso no da como resultado mecánico que la literatura sea feminista”, y aclara: “En realidad lo que hay son lecturas feministas”.

“Uno puede leer la literatura del siglo XIX con una mirada feminista y entonces ver cómo allí siempre la literatura se ocupó de los cuerpos de las mujeres: hay prostitutas, hay discriminación de los cuerpos, hay desvalorización de los cuerpos de las mujeres en toda la literatura, de cualquier época y eso no se miraba”, comenta la docente y lo ilustra con las novelas gauchescas de esa época: “Cuando se mata a las cautivas, se las mata con un grado de violencia brutal porque ese cuerpo no importa. También el cuerpo del unitario, por supuesto, en El matadero. Los cuerpos de las mujeres son como los cuerpos de los animales. Esta es una valoración que ha estado siempre”.

La revisión literaria sobre la cuestión de género o la lectura feminista no sólo es necesaria tan atrás en el tiempo. Domínguez refiere a escritores argentinos consagrados del siglo XX y se pregunta cómo son las representaciones de las mujeres en sus obras. Como ejemplo, la Doctora en Letras nombra al cuento “La intrusa” de Jorge Luis Borges: “Ese intercambio que se hacen entre hermanos y la matan para conservar esa relación entre ellos, para sostener esa relación varonil. Siempre hay un intercambio y alguna alianza varonil contra los cuerpos de las mujeres”. También, Domínguez ilustra con Julio Cortazar y su personaje la Maga: “Ella es la que lee novelas que no importan, novelas de segundo orden, no se tiene en cuenta la opinión de ella, está absolutamente desvalorizada como sujeto”.

En definitiva, y resumiendo el trabajo -entre otros- que realizan como investigadoras literarias, Nora Domínguez, afirma: “Lo que se hace es revisar toda esta forma de construcción, de revisar la idea de mujer, la idea de esposa, de madre, de los niños, de las relaciones, de cómo hay formas sexuales que se ocultaron y las formas de la diversidad sexual”.

Como conclusión, la docente reitera la importancia del 8M y el acompañamiento al movimeinto en este momento, “porque hasta hace unos años si le preguntabas a una escritora si era feminista y te decía que ‘no’, que ella hacía literatura; ahora es otro momento, lo celebramos y lo acompañamos con este patrimonio nuestro que es la literatura”.

 

Fotografía: Asamblea organizativa del 8M en Buenos Aires (fuente: lavaca.org)