Libros cortos para leer en viaje

Libros cortos para leer en viaje

Para muchos viajar es la oportunidad para conectarse con la lectura. El tiempo libre permite dedicarse a aquellos títulos que teníamos pendientes. No importa si estás en la playa, en la montaña o en una de las grandes ciudades del mundo, el libro siempre te acompaña.

Pero claro, primero hay que llegar a ese destino, y la espera y el viaje se hacen largos. Por eso, te recomendamos tres títulos cortos para disfrutar en cualquier lado.

 

Los pibes de Laura Caime

"Yo los vi. Tirar balas desde el techo entretejido de la cárcel manicomio a los locos que caminaban por el patio. Sus cuerpos de odio. Las escopetas en sus manos temblar como si estuvieran cazando pájaros. Vi sus zapatones negros crujir de muerte, yendo de uno a otro lado de las cornisas. Las risas por el miedo engendrado desprovistas de culpa. El sadismo en sus dientes durante una requisa. El sudor en el bozo por la tarea cumplida. Los vi esposar a un niño. Rodearlo con sus corpachones entre cinco. Sacarle sus zapatillas. Gritarle en los oídos. Los vi revisar su cuerpo a manotazos. Obligarlo a hablar. Encerrarlo". Los pibes, es el testimonio de un trabajo realizado con la palabra en la cárcel manicomio y en un instituto de menores de la ciudad de Buenos Aires. En su interior se van hilvanando los relatos de las vidas de las personas que participaron de esa experiencia; su devenir dentro y fuera de la prisión.

Cómo yo gané la guerra de Pepe Agonoa

Las crónicas de guerra son un rubro establecido desde hace mucho tiempo en el mundo de la historieta. Mi generación, aquella que entró en la adolescencia durante la posguerra de los cincuenta, se nutrió de esos relatos inspirados en el catastrófico evento de la Segunda Guerra Mundial y, en algunos casos, en la de Corea. Derrochaban imágenes de acción frenética, plagadas de onomatopeyas anglofónicas: ¡BANG!, ¡RAT-TAT-TAT!, ¡CRACK!, ¡KA-BOOM!, y otras varias. Pepe es uno de esos hombres que durante casi todo el siglo xx no existieron en la Argentina: es un veterano de guerra. Y además, dibujante humorista. Y ahora, para mi sorpresa, un Ernie Pike de la Guerra de Malvinas. Pero un Ernie Pike de carne y hueso, un “yo estuve allí”, un Cómo yo gané la Guerra. Acompañado por las efectivas ilustraciones de Javier Solar, Pepe Angonoa ofrece un vívido testimonio lleno de piadoso humor. Y eso basta.

¿De qué te reís? de Max Delupi

Este libro sí que es cosa seria. Su idea original consistía en el análisis de cómo operó el humor político en los últimos tiempos. Pero Max Delupi, apasionado y talentoso como es, se entusiasmó y viajó hasta el fin de los tiempos para hacer un recorrido por las formas en que los argentinos utilizamos la risa, la sonrisa, la ironía, la burla y lo grotesco como armas poderosas, cómo construimos identidad y acumulamos legitimidad (o deslegitimamos al oponente) a través de un género artístico. Su hipótesis es más que interesante: “El humor político vuelve a aparecer cuando la sociedad empieza a hablar de política otra vez. Pero eso sí: vuelve casi desde cero. Ya no están los humoristas que tenían un prestigio y que habían construido una carrera dentro o fuera del humor. No está Discepolín, no está Tato; los que recuperan el humor político tienen que empezar todo de nuevo. Y ahí hay un punto muy particular: el que empieza de nuevo, no tiene nada que perder y, por lo tanto, su discurso se radicaliza, va todavía más al hueso”. Y desde ese lugar, desde un nuevo principio, es que el espadachín humorista ya no se dedica a caricaturizar a las figuras humanas sino a herir a los sistemas de ideas. El humor, entonces, se vuelve campo de maniobras de la batalla cultural en nuestro país.

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"Yo los vi. Tirar balas desde el techo entretejido de la cárcel manicomio a los locos que caminaban por el patio. Sus cuerpos de odio. Las escopetas en sus manos temblar como si estuvieran cazando pájaros. Vi sus zapatones negros crujir de muerte, yendo de uno a otro lado de las cornisas. Las risas por el miedo engendrado desprovistas de culpa. El sadismo en sus dientes durante una requisa. El sudor en el bozo por la tarea cumplida. Los vi esposar a un niño. Rodearlo con sus corpachones entre cinco. Sacarle sus zapatillas. Gritarle en los oídos. Los vi revisar su cuerpo a manotazos.

Este libro sí que es cosa seria. Su idea original consistía en el análisis de cómo operó el humor político en los últimos tiempos. Pero Max Delupi, apasionado y talentoso como es, se entusiasmó y viajó hasta el fin de los tiempos para hacer un recorrido por las formas en que los argentinos utilizamos la risa, la sonrisa, la ironía, la burla y lo grotesco como armas poderosas, cómo construimos identidad y acumulamos legitimidad (o deslegitimamos al oponente) a través de un género artístico.

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