«Ya no lavan platos» de Jimena Naser

«Ya no lavan platos» de Jimena Naser

La relación de los argentinos con el saber científico siempre ha sido contradictoria y lejana: faltaba un libro como el de Jimena Naser para acercarlo al lector común. Un libro que con agilidad periodística narra la historia de diez descubrimientos e inventos que la ciencia argentina ha realizado en los últimos años, un texto que nos permite sentirnos orgullosos de la repatriación de cerebros.

Existió un tiempo en el que nos contentábamos con dejar los temas científicos para los hacedores de la ciencia. De hecho, durante un largo periodo se la consideró como algo impersonal, como si se estuviera hablando de “pensamiento puro”, dejando de lado el origen histórico de todo descubrimiento. La ciencia es uno de los mayores logros de la mente humana, llevada a cabo por personas comunes, que independientemente de su inteligencia supieron erigir paso a paso sus teorías sobre la de sus predecesores. Esto lleva a pensar que cualquier individuo, hasta usted mismo lector, puede verse implicado en el próximo paso de la historia de la ciencia.

Pero para que esto ocurra es necesario dejar de pensar que “lo científico” es algo que nos impacta pero que no nos atañe. Dejar de abordarlo de esa manera depende en justa medida de que estos eventos se den a conocer dando paso a una “democratización del conocimiento”, no solo para que las personas se acerquen a este mundo con el deseo de ser protagonistas, sino para que tomen decisiones más acertadas sobre sus vidas.

La ciencia es parte de la historia y la Argentina tiene una historia dinámica y desafiante. Los trabajos sobre ciencia en nuestro país comenzaron a hacerse famosos desde fines del siglo XIX. Houssay, Leloir y Milstein son apellidos argentinos famosos ya que corresponden a tres Premios Nobel, pero la lista de personas destacadas en este campo es muy larga y comprende hombres y mujeres de todas las provincias. Hombres y mujeres que se vieron envueltos, otra vez, en una historia tan rica como compleja, muchas veces turbulenta e injusta. Entre 1966 y 2002, cuatro mil científicos se exiliaron debido a las condiciones precarias de trabajo, ya sea a instancias de dictaduras militares o de gobiernos democráticos poco interesados en el desarrollo científico. No son fáciles de olvidar las palabras del ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, quien mandó a “lavar los platos” a los científicos, luego de que la socióloga Susana Torrado denunciara la política de ajuste de la administración de Carlos Saúl Menem.

A partir de 2003, en un nuevo giro de la historia, el gobierno encabezado por Néstor Kirchner dio un renovado estímulo al desarrollo científico, inyectando de presupuesto al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (conicet) y alentando el regreso de los científicos expatriados. En 2007, su sucesora, Cristina Fernández de Kirchner creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva subrayando así la necesidad de establecer los lineamientos de la política científica de cara al futuro. Con estos fines se sentaron las bases del Plan Argentina Innovadora 2020 y con su implementación se aspira a dar continuidad al crecimiento y consolidación de distintas áreas consideradas estratégicas para el desarrollo nacional. Los objetivos que se plantean son ambiciosos: impulsar la innovación productiva inclusiva y sustentable sobre la base de la expansión, el avance y el aprovechamiento pleno de las capacidades científico-tecnológicas nacionales, incrementando así la competitividad de la economía y mejorando la calidad de vida de la población.

Este contexto motivó a investigadores locales a elegir al país para quedarse a hacer ciencia en él y motorizó, por qué no, la realización de este libro. A lo largo de las siguientes páginas, nos sumergiremos en un viaje a través de los diez desarrollos que marcan la profundidad y la vitalidad de la investigación científica en Argentina, un resumen que incluye desde avances recientes hasta inventos ya consolidados, desde decisiones políticas estratégicas hasta pequeñas inventivas privadas que alcanzaron luego, con apoyo de la comunidad científica, un lugar de privilegio en el mapa global. Un libro que hubiese sido impensado en otro contexto en el cual la ciencia -y su difusión-estaban relegadas, convertidas en actividades casi marginales y extemporáneas.

Conoceremos el Qlink-it, una plataforma digital que mezcla tecnología y mecánica cuántica para proveerles a los usuarios una forma segura de enviar información a través de internet. Repasaremos la sonora historia del sistema holofónico, una herramienta novedosa para escuchar música con un efecto similar al 3D disponible en muchas salas de cines. Una excursión por los bosques de Bariloche nos permitirá conocer los trabajos con levaduras microscópicas que hoy posibilitan llevar a cabo actividades tan disímiles como descontaminar el agua o fabricar cervezas. La pregunta de por qué Juan Martín Maldacena es conocido como el “Einstein argentino” y sus descubrimientos catalogados como algunos de los más importantes de los últimos cincuenta años también tendrá su respuesta en estas páginas.

Visitaremos por unos instantes el espacio para conocer la historia del arsat-1 y cómo nuestro país pasó de casi perder sus posiciones orbitales a convertirse en la primera nación latinoamericana en desarrollar un satélite geoestacionario. De vuelta a la Tierra, recorreremos el Centro Experimental de la Vivienda Económica (ceve) para saber cómo de la cáscara de maní se pueden construir casas sólidas, económicas y sustentables. ¿Quieren conocer más sobre los misterios que se esconden en la geología argentina y los avances que nos permitieron adentrarnos, por primera vez, en la evolución de ese mito natural conocido como la Cordillera de los Andes? El investigador argentino Víctor Alberto Ramos nos espera con estas y muchas otras respuestas.

También descubriremos la historia de Jorge Odón, un mecánico de Buenos Aires al que un asado, una anécdota y una vocación por el desarrollo de soluciones para diversos problemas cotidianos lo llevaron a revolucionar la práctica obstetricia. Revolución de la que también puede dar cuenta la doctora Celia Mohadeb en el campo del tratamiento de heridas ya que su Membrecel es probablemente uno de los más importantes y fascinantes inventos argentinos de los últimos años. Finalmente, tendremos la oportunidad de adentrarnos en el “Panóptico”, un software desarrollado por el Grupo de Física Forense de la Comisión Nacional de Energía Atómica (cnea), que permitió reconstruir paso a paso los trágicos sucesos ocurridos el 19 y 20 de diciembre de 2001, ayudando así a la investigación judicial que rastrea las responsabilidades políticas en aquella represión.

Dado que incluir todo el material producido por las diversas ramas de la ciencia que tienen lugar en el territorio resultaría una tarea onerosa y hasta imposible, arribamos a una selección que pone en evidencia diez investigaciones llevadas a cabo por científicos argentinos que dan respuesta a problemas productivos y sociales. Cada uno de los capítulos que lo componen están relacionados con la historia científica que le compete, dependiendo de cada una de las temáticas, cuestión clave en estas líneas, dado que se pretende hacer de estas exploraciones relatos que escapen a la condición a-histórica en la que comúnmente recae este tipo de información. Y es que no estaríamos hablando de la astrofísica si la historia no hubiera tenido un Newton, no podríamos incurrir en una explicación sobre algún aspecto de la biología o la geología si Darwin no nos hubiera antecedido.

¿Alguna vez se preguntó, lector, por qué los elementos que hacen posible el viento también forman las olas? ¿Sabía que el movimiento del agua es como el del aire o el de la arena? El mundo que habitamos tiene muchas características en común que cada vez son más universales. Hoy ya aceptamos la evolución de las especies como una teoría válida, sabemos que nuestro planeta es un punto insignificante en el universo, y conocemos el significado de las siglas adn. Esta afirmación llevó su tiempo en conformarse, pues no fue fácil introducir todos estos conceptos entre el gran público, y si así ocurrió fue porque se tuvo que aceptar que la ciencia condicionaba la propia vida del hombre, por lo que era posible rechazarla o admirarla, pero de ninguna manera ignorarla.

Los avances argentinos en materia de ciencia no son la excepción, sino que también se sirven de los grandes científicos de la historia de la humanidad para generar nuevos postulados. Estas páginas se abocan a explicar el principio de esos descubrimientos para así arribar a narrar sus vínculos con el presente.

En ese sentido, este libro se enmarca en la línea de pensamiento del profesor estadounidense de física y matemática, Alan Sokal, cuando manifiesta su esperanza de que en algún momento emerja una cultura intelectual racionalista pero que no sea dogmática, con mentalidad científica pero no cientificista, amplia de miras pero no frívola, políticamente progresista pero no sectaria.

Entonces, la pregunta que surge casi por obligación es: ¿para qué o para quién es este libro? Para ser leído por cualquier persona que tenga como motor de su vida la curiosidad y un interés especial por entender el mundo que lo rodea. Se trata de hacer que cada uno se pregunte qué es aquello que provoca que las cosas se comporten como lo hacen, qué vínculo tienen entre ellas y cómo puede servir este conocimiento.

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Acerca de Jimena Naser. Licenciada en Periodismo y Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Plata, y Especialista en Comunicación Pública de la Ciencia por la Universidad de Buenos Aires. Es periodista freelance,  especificamente en temas de divulgación científica para medios nacionales e internacionales. Trabaja en el Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Nación (CONICET).

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La relación de los argentinos con el saber científico siempre ha sido contradictoria y lejana. Nos hemos deslumbrado muchas veces con la tecnología importada, pero pocas veces hemos sido consecuentes con la construcción de un andamiaje público y privado que nos permita lograr un alto desarrollo científico que nos permite dar un salto de valor agregado a nuestra producción, ya sea agrícola-ganadera o industrial.

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