"Los intelectuales". De Gisèle Sapiro

"Los intelectuales". De Gisèle Sapiro

Autor del contenido:
Alejandro Dujovne y Gustavo Sorá

Trayectoria

—En primer lugar, quisiéramos conocer el recorrido académico que realizó antes de hacer el doctorado y de comenzar con la investigación sobre los intelectuales franceses durante la Segunda Guerra Mundial.
—Hice una doble titulación en Filosofía y Literatura Comparada en la Universidad de Tel-Aviv. En la carrera de Filosofía, elegí Filosofía del lenguaje y de las ciencias. En el departamento de Poética y Literatura Comparada, que se inscribía en la tradición formalista rusa, me incliné por Semiótica de la cultura antes que por Narratología. Fue durante ese curso que descubrí, a través de los trabajos de Pierre Bourdieu que nos enseñaba Itamar Even-Zohar, la sociología. Él me pidió, dado que soy francesa, que tradujera un compilado de sus textos al hebreo. Como ya había renunciado a hacer mi tesis en lógica –siguiendo el consejo de Even-Zohar que me había hecho entender que la lógica no era una ciencia empírica–, me embarqué en un máster en el cual trabajé sobre escritores que habían participado en semanarios políticos culturales sobre la reconstrucción de la autoestima de Francia durante la Liberación. En esa época, fui la asistente de Shlomo Sand en un curso de historia de las ideas políticas, donde me inicié en la historia intelectual francesa, luego de haber enseñado narratología.

—Cuando regresó a Francia, ¿cómo se aproximó a Pierre Bourdieu como director de tesis?
—Cuando fui a ver a Bourdieu para comentarle sobre mi investigación, yo no tenía conciencia de su notoriedad. Era 1989, en ese año sus trabajos tuvieron una gran difusión internacional. Yo había traducido al inglés las tres conferencias que Bourdieu había dado en Japón, para Poetics Today por pedido de Brian McHale, quien revisó la traducción. Bourdieu me recibió de manera muy generosa. Le hablé de mi proyecto sobre la recomposición del campo intelectual durante la Liberación y me dijo que también tendría que trabajar sobre la Ocupación. Aceptó ser mi director luego de haber recibido mi proyecto, que todavía estaba centrado en la Liberación. En realidad, yo no quería trabajar sobre la Ocupación, me parecía algo complicadísimo. No era historiadora y nunca había tenido esa vocación, pero el trabajo empírico y la encuesta me empezaron a interesar cuando realicé la investigación para mi tesis de maestría. En 1990 volví a Francia, justo antes de que empezara la Guerra del Golfo, para hacer un dea (Diploma de Estudios Avanzados) y luego una tesis en la École des Hautes Études en Sciences Sociales. En el dea, descubrí los métodos sociológicos de la entrevista y de la prosopografía. Bourdieu fue quien me aconsejó que trabajara sobre la Academia Francesa y la Academia Goncourt. A mí me interesaba el Comité Nacional de Escritores, que fue la primera instancia de la Resistencia literaria, y obtuve la autorización para consultar archivos inéditos gracias a una carta de Bourdieu. Centré el dea y luego la tesis en el rol de las instituciones literarias en tiempos de crisis, combinando un doble enfoque de estas instituciones: como agente a tiempo completo en el campo literario, dotado de una historia y de una identidad, pero también como espacio heterogéneo de agentes individuales que luchan por la definición de una identidad y de una misión, y donde se refractan las relaciones de fuerza constitutivas del campo literario en una configuración sociohistórica determinada. Las rupturas internas se revelaban sobre todo en los momentos de crisis como, por ejemplo, durante la Ocupación. La prosopografía me permitió llevar a cabo una comparación sistemática de las contrataciones sociales.

Durante la tesis, Bourdieu me ayudó y me alentó mucho. Me empujó para que la terminara en tres años, y lo logré gracias a él. Él consideraba que la tesis es una etapa del proceso de escritura de un libro. En 1994 la defendí y al día siguiente de la defensa me llamó para decirme que ahora había que hacer un análisis de correspondencias múltiples.

—¿Qué proyectos de investigación emprendió después del doctorado?
—Después de defender mi tesis me contrataron en el Centre National de Recherche Scientifique con un proyecto que trataba sobre el oficio del escritor. Se me abrió la posibilidad de publicar el libro de mi tesis en la editorial Fayard. El director de la colección, Olivier Bétourné, quería que me extendiera más allá de las instituciones que ya había trabajado, y ese era mi proyecto. Profundicé, entonces, mi investigación sobre el campo literario francés antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial, consulté muchísimos archivos inéditos y realicé un análisis de correspondencias múltiples sobre 185 escritores en actividad en 1940. El libro se publicó en 1999 con el título La Guerre des écrivains, 1940-1953. En ese momento, empecé con el proyecto de mi segundo libro, La Responsabilité de l’écrivain. Littérature, droit et morale en France, publicado en 2011. Mientras que en el primer libro me había interesado en las condiciones de pérdida o mantenimiento de la autonomía del campo literario en períodos de crisis y de sobrepolitización, en el segundo propuse una sociología histórica del proceso de autonomización del campo literario respecto de los poderes políticos y religiosos a través del proceso literario en Francia desde fines del siglo xix. Esta problemática nació en torno a los debates sobre la responsabilidad del escritor en el periodo de Depuración durante el cual muchos escritores fueron condenados a muerte y fusilados. El enfoque que desarrollé para construir esta problemática combina la sociología de los campos de Bourdieu, la teoría foucaultiana de la noción de autor y el análisis de la responsabilidad del sociólogo durkhemiano Paul Faucounnet, sobre todo la distinción entre responsabilidad objetiva y subjetiva. Abordar los procesos judiciales permitió revelar las expectativas sociales respecto a la literatura que se expresan en la definición penal de la responsabilidad del autor y en sus interpretaciones, como en la idea de los efectos nocivos de los “malos libros”, idea reforzada por la Revolución francesa. Los escritores tuvieron que defenderse frente a estos argumentos y redefinir su responsabilidad reivindicando su autonomía respecto de estas expectativas. Esta autonomía tomó dos formas opuestas: el arte por el arte y el compromiso.

Paralelamente a esta investigación maratónica, empecé con investigaciones sobre la traducción como vector de intercambios culturales internacionales.

—¿Cuáles fueron sus principales aportes para una sociología de la traducción? ¿Cuál es el estado de ese campo de estudios: desafíos, problemas y obstáculos?
—La sociología de la traducción no existía realmente en ese entonces como campo de investigación constituido. Por un lado, estaban los translations studies, con los que yo me había formado en la Universidad de Tel-Aviv. Allí se creó y se desarrolló en torno a los trabajos de Even Zohar y de Gideon Toury. Si bien esta disciplina tuvo el mérito de interesarse en los problemas propios de la cultura de recepción para comprender las normas de traducción, seguía centrada en el análisis textual. Por otro lado, los estudios pioneros de los germanistas Michel Espagne y Michael Werner sobre las transferencias culturales se interesaban en los actores y en las implicancias políticas pero no realmente en el campo editorial. El artículo de Bourdieu sobre la circulación internacional de las ideas construía un programa de investigación sobre los problemas sociales de la importación de las producciones culturales y de la sociología de los intermediarios entre culturas. En 1999, se publicaron el libro de Pascale Casanova, La République mondiale des lettres, y a su vez el importante artículo de Johan Heilbron sobre las asimetrías de los flujos de traducción entre lenguas a partir de un análisis cuantitativo, fundado sobre la base del Index Translationum de la unesco. Mi contribución fue por un lado, intentar articular el análisis de estos flujos desiguales con la teoría bourdiana del campo editorial, principalmente la ruptura entre el polo de producción restringido y el polo de gran producción que permite diferenciar las lógicas de importación y los flujos del punto de vista de los problemas propios del campo de recepción. Por otra parte, elaborar una metodología que articule un enfoque cuantitativo (base de datos de libros traducidos y construcción de variables pertinentes) y cualitativo (entrevistas, trabajo de archivo, análisis de recepción). En colaboración con Johan Heilbron, que estaba en el Centro de Sociología Europea y con quien dirigí un número de la revista Actes de la recherche en sciences sociales en 2002 sobre ese tema, desarrollé un programa de investigación y puse en marcha un importante estudio empírico sobre las traducciones en francés en la era de la mundialización. En este proyecto trabajamos junto a jóvenes investigadores. Esta investigación reveló el importante rol que tenía en ese entonces Francia como intermediario entre culturas, incluso si –o tal vez por el hecho de que– su posición en el mundo se había debilitado. Después, realicé un estudio sobre las traducciones de literatura francesa en Estados Unidos durante la misma época, lo que me permitió realizar una comparación del lugar que ocupaba la traducción en Francia y en Estados Unidos. También, había organizado en el marco de la red esse (Espacio de Ciencias Sociales en Europa) un coloquio sobre “las contradicciones de la globalización editorial” que permitió constituir una red internacional sobre esta cuestión, y sobre todo entablar una colaboración muy fructuosa con un equipo argentino dirigido por Gustavo Sorá, que continuó gracias a la oportunidad de hacer una investigación sobre la traducción de libros de ciencias humanas del francés en Estados Unidos, en el Reino Unido y en Argentina. Hoy me intereso en el rol de los editores en la construcción del capital simbólico transnacional de un escritor y de su obtención del canon de la World literature: trabajé principalmente sobre el caso de Faulkner, a partir de archivos de la prestigiosa editorial Gallimard, sobre la que realicé una investigación más general.
 

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